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Opinión |
Lunes, 18 de Febrero de 2013

A mi amigo Paco

No por esperado es menos doloroso el mazazo de la muerte de un amigo, de un hombre bueno. Sirvan estas líneas que apenas interesarán a nadie salvo a los que tuvimos el placer de conocerle para rendir mi humilde homenaje a Paco, con quien he compartido charlas de aperitivo dominical a la sombra de un olivo, momentos desternillantes con su humor, y también lágrimas de emoción cuando recibió la bendición como nuevo miembro de Nuestra Señora de las Mercedes.

Paco es -siempre estará con nosotros-  alguien que se hacía querer, que daba lo poco que tenía, pues nunca tuvo mucho, pero sí un corazón inmenso rebosante de generosidad.

Entre su círculo, en Guadalupe, hoy hay luto; y en su pueblo de adopción, en Los Valientes, también lloramos su marcha. Y lo ha hecho tras despedirse de forma serena de quienes le queríamos.

La vida nunca le fue fácil y este era su momento de poder disfrutar de cierta tranquilidad; pero después de superar muchos reveses que siempre encaró con fe y una sonrisa bajo ese personalísimo bigote, el cáncer nos lo ha arrebatado.

Hoy ya, amigo, estás con el Creador y allí Nuestra Señora te agradecerá todas las salvas que le has lanzado. Sólo una cosa más te pido: allí donde estés vela por nosotros.



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