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Opinión |
Jueves, 21 de Febrero de 2013

Individualidad en la empresa familiar

Partiendo de la dicotomía a la que se enfrenta la familia en la que debemos considerar, de manera objetiva y sincera, las necesidades individuales de cada uno de sus miembros, frente a los intereses generales de todo el conjunto, cuando incorporamos a este contexto la empresa, que debe servir de sustento de los miembros que participan activamente en su gestión y de progreso de toda la familia, considerando que toda ella participa en su propiedad, el tratamiento resulta especialmente complejo y sensible, por lo que deberemos obrar con total honestidad, lealtad y transparencia.

Debemos siempre tener presente que el análisis y proyección de la empresa debe realizarse bajo un horizonte temporal de largo plazo, mientras que el de la familia y sus miembros será observado en el corto plazo, es decir, aquí y ahora. Estos diferentes ciclos evolutivos imponen una serie de condiciones a la hora de afrontar el estudio de necesidades generales e individuales y diseñar posibles soluciones, tanto para la propiedad, gobierno y gestión de la empresa, como sobre el aprovechamiento de los beneficios que esta debe reportar en favor de la familia, además del sustento económico individual de todos sus miembros.

[Img #12979]En este sentido, deberemos encontrar los adecuados equilibrios y el mejor modo de contribución individual al proyecto común, como forma de apoyo al desarrollo conjunto, además de las posibles alternativas que satisfagan, a su vez, el desarrollo propio,  garantizando siempre la independencia tanto personal, como de los subconjuntos que forman las distintas  unidades familiares, que se irán formando dentro del seno de la propia familia y cuya suma representa el conjunto principal.

No debemos confundir la consideración de los aspectos individuales, con la premisa fundamental que en todo momento debemos tener presente y que consiste en que toda la familia debe estar al servicio de la empresa y viceversa, esto aunque evidente, muchas veces se olvida, si la empresa falla o desaparece, ninguno de los miembros de la familia podrá beneficiarse de ella, o incluso, si la empresa no contribuye a ampliar el patrimonio familiar o amenaza con afectarlo y ponerlo en riesgo de nada nos servirá y por tanto, de toda lógica, habrá perdido su razón de ser.

Para que todo esto pueda hacerse posible se hace necesario dictar, siguiendo el ejemplo de la mayoría de familias que han alcanzado un significativo éxito en sus proyectos empresariales, la normativa de régimen interno que regule la relación entre familia, sus miembros y la empresa y que debe concluir en la formalización de un protocolo familiar, en cuya elaboración deberán participar todos los miembros de la familia y cuya redacción final debe significar el fruto del amplio y firme consenso que debe cimentar todas las interrelaciones que en tan complejo conjunto se establecen. En cualquier caso, no debemos olvidar diseñar los mecanismos alternativos que permitan y apoyen el desarrollo personal y profesional de aquellos miembros que bien, ejerciendo su derecho a la emancipación, decidan emprender otros caminos fuera del ámbito de participación en la gestión de la empresa familiar o que, no cumpliendo esas normas de régimen interno para poder incorporarse y desarrollar su carrera dentro de la propia empresa, deban buscar su viabilidad económica alejados de esta organización.

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