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Opinión |
Martes, 26 de Febrero de 2013

Un algoritmo para el AVE

Creo que ha sido un error histórico cambiar el modelo de tren en España, desde un medio de transporte barato y popular a otro caro y elistista como el AVE. El tren debería servir para sacar tráfico y viajeros de la carretera, no del avión.

Lo que ha costado, está costando y costará la construcción de los AVEs se ha convertido ya en parte de esa elefantiásica deuda pública que nos acogota y que está estrangulando el desarrollo económico en nuestro país e hipotecando el futuro económico de nuestros hijos y nietos. Hijos que, después de que hayamos invertido una fortuna en su educación, hemos tenido que dejar ir al extranjero a ganarse la vida en puesto de trabajo mediocre, cuando no directamente serviles.

Pero lo peor no es toda esa inversión que tendremos que pagar con intereses a un mínimo del 5 y pico por ciento, lo terrible es que esos AVEs seguirán siguiendo irremediablemente deficitarios en su cuenta de explotación y, por tanto, incrementarán aún más la deuda pública con sus correspondientes intereses en los próximos años.

No sé si este gobierno conseguirá traspasar los AVEs a la iniciativa privada con la próxima liberalización del transporte de viajeros. Me temo que al final seremos los contribuyentes los que, de una forma u otra, con un sistema de explotación u otro, pagaremos el pato. Y los intereses del pato.

La única solución sería que se aplicara al AVE el mismo modelo de gestión que funciona para la aviación low cost. O sea, un algoritmo que permita optimizar al máximo la ocupación, que eso es en definitiva el secreto del low cost. Un algoritmo que provoca que no haya dos pasajeros que hayan pagado el mismo precio por su billete y que permite respuestas dinámicas casi instantáneas en función de la ocupación. Y que si funciona para los aviones, con mayor razón funcionaría para los trenes, cuya eficiencia energética es mucho mayor. Para eso se necesitaría una gestión muy agresiva y, probablemente, un empeoramiento en el servicio que se presta a los viajeros. De momento la ministra del ramo se conforma con descuentos previamente establecidos y bastante rígidos, una forma burda y primitiva de gestionar un medio de transporte. Con una estrategia de precios low cost devolveríamos al tren su popularidad, aunque funcionara sobre la base de una infraestructura de señoritos planificada para ese país desaparecido de nuevos ricos que fue la España de principios de finales del siglo XX y principios del XXI. Un país que ahora nos parece tan quimérico como la Atlántida y que probablemente nunca, para bien o para mal, volverá a existir.

Más artículos de Dionisio Escarabajal, en su blog del Círculo de Economía 

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