Quiero ser una chica Tiziano
Mañana es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y, ¿saben qué?, mañana, sólo mañana, quiero ser una chica Tiziano.
¿Quieren saber otra cosa? El primer vello púbico femenino lo pintó Goya en su maja desnuda, hasta entonces este aderezo capilar no era pintado porque el vello se asociaba con la potencia sexual y, para que los hombres creyeran que tenían el monopolio de la pasión, se evitaba su representación en los desnudos de mujer.
¿Quieren saber algo más? En el siglo XIX, se llegó a tal adulación de la masculinidad que en las salas de reuniones, donde los poderosos hombres se juntaban para tomar importantes decisiones, las mujeres podíamos asistir en forma de cuadros de desnudos femeninos porque éramos un consuelo para su autoestima: cuando un hombre, en sus negociaciones, se sentía derrotado, alzaba la vista hacia el cuadro y, al enfrentase a la mujer desnuda, sentía que su maltrecha virilidad retornaba a su ser.
Por eso, mañana, sólo mañana, quiero ser una chica Tiziano, quiero recostarme en mi cama y reclinar mi espalda desnuda sobre los mullidos almohadones, quiero que mi cara se hermosee con una sonrisa sin prisa y esperar que la vida resbale por mis caderas hasta que se acurruque ronroneante entre el espumoso vello que cobijan mis piernas.
Vengan a verme, porque mañana, sólo mañana, me dedicaré a ser única y exclusivamente mujer y, cuando me miren, los haré poderosos, y eso se me antoja ya suficiente trabajo.
![[Img #13344]](upload/img/periodico/img_13344.jpg)
Cecilia, acariciando a Piña.
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¿Quieren saber otra cosa? El primer vello púbico femenino lo pintó Goya en su maja desnuda, hasta entonces este aderezo capilar no era pintado porque el vello se asociaba con la potencia sexual y, para que los hombres creyeran que tenían el monopolio de la pasión, se evitaba su representación en los desnudos de mujer.
¿Quieren saber algo más? En el siglo XIX, se llegó a tal adulación de la masculinidad que en las salas de reuniones, donde los poderosos hombres se juntaban para tomar importantes decisiones, las mujeres podíamos asistir en forma de cuadros de desnudos femeninos porque éramos un consuelo para su autoestima: cuando un hombre, en sus negociaciones, se sentía derrotado, alzaba la vista hacia el cuadro y, al enfrentase a la mujer desnuda, sentía que su maltrecha virilidad retornaba a su ser.
Por eso, mañana, sólo mañana, quiero ser una chica Tiziano, quiero recostarme en mi cama y reclinar mi espalda desnuda sobre los mullidos almohadones, quiero que mi cara se hermosee con una sonrisa sin prisa y esperar que la vida resbale por mis caderas hasta que se acurruque ronroneante entre el espumoso vello que cobijan mis piernas.
Vengan a verme, porque mañana, sólo mañana, me dedicaré a ser única y exclusivamente mujer y, cuando me miren, los haré poderosos, y eso se me antoja ya suficiente trabajo.
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Cecilia, acariciando a Piña.
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