¿Aeropuerto? Algún día
Como en la Yenka, a derecha e izquierda, se vuelve al mismo sitio; como en la Yenka también, adelante y detrás, y de nuevo al mismo lugar; sólo al final se dan tres saltos cortos que desplazan a quien lo baile. Creo que es algo así.
En el aeropuerto de Murcia –oiga, el nuevo- ocurre algo similar. Se marea la perdiz, se aburre al personal, se pone pasta y pasta y aquello que continúa sin funcionar con un retraso ya de… he perdido la cuenta.
La novedad no es que se hayan enzarzado ahora la concesionaria de la infraestructura con el Gobierno regional, pues la gresca viene de lejos. Sólo las lógicas normas de cortesía han impedido que la relación saltara por los aires hace tiempo; la cortesía y otros intereses por supuesto legítimos.
De una forma u otra, lo cierto es que hay un enfado considerable entre quienes constituyen Aeromur (recordemos, Sacyr con la mayoría; pero también Monthisa, el grupo Fuertes a través de Infucapital, el inversor madrileño Inprisma, Cementos La Cruz y, no puede olvidarse a BMN –Cajamurcia- y CAM –ahora SabadellCAM-). Todos ellos grupos con riñón para aguantar el tirón inicial, pero no mucho más (sacyr con un elevado apalancamiento, las cementeras con un volumen de negocio que ha caído a menos de la mitad en pocos años y las entidades bancarias que… ya sabemos cómo están. Son sólo tres ejemplos).
En público mantienen las formas, pero en privado reconocen que están hasta más arriba de las narices de los injustificados retrasos que está sufriendo la tramitación administrativa para abrir una instalación que cada día que pasa genera unos gastos –financieros y de mantenimiento- y sin posibilidad de retorno.
Lo último, o lo penúltimo, es la petición que han hecho a la Comunidad de renegociar el contrato de concesión para ajustar tiempos y condiciones económicas a la nueva situación. La Comunidad responde que nada de nada y encima señala con el dedo a Aeromur haciéndola responsable del retraso. “Hasta aquí podíamos llegar” afirman las empresas cansadas de perder dinero.
Ya son muchos los que están convencidos –en realidad no conozco a nadie que no lo vea así- de que es Aena la que está provocando a conciencia esta injustificada dilación y ninguneando a un Gobierno que, no puede olvidarse, es el responsable último del aeropuerto.
En el aeropuerto de Murcia –oiga, el nuevo- ocurre algo similar. Se marea la perdiz, se aburre al personal, se pone pasta y pasta y aquello que continúa sin funcionar con un retraso ya de… he perdido la cuenta.
La novedad no es que se hayan enzarzado ahora la concesionaria de la infraestructura con el Gobierno regional, pues la gresca viene de lejos. Sólo las lógicas normas de cortesía han impedido que la relación saltara por los aires hace tiempo; la cortesía y otros intereses por supuesto legítimos.
De una forma u otra, lo cierto es que hay un enfado considerable entre quienes constituyen Aeromur (recordemos, Sacyr con la mayoría; pero también Monthisa, el grupo Fuertes a través de Infucapital, el inversor madrileño Inprisma, Cementos La Cruz y, no puede olvidarse a BMN –Cajamurcia- y CAM –ahora SabadellCAM-). Todos ellos grupos con riñón para aguantar el tirón inicial, pero no mucho más (sacyr con un elevado apalancamiento, las cementeras con un volumen de negocio que ha caído a menos de la mitad en pocos años y las entidades bancarias que… ya sabemos cómo están. Son sólo tres ejemplos).
En público mantienen las formas, pero en privado reconocen que están hasta más arriba de las narices de los injustificados retrasos que está sufriendo la tramitación administrativa para abrir una instalación que cada día que pasa genera unos gastos –financieros y de mantenimiento- y sin posibilidad de retorno.
Lo último, o lo penúltimo, es la petición que han hecho a la Comunidad de renegociar el contrato de concesión para ajustar tiempos y condiciones económicas a la nueva situación. La Comunidad responde que nada de nada y encima señala con el dedo a Aeromur haciéndola responsable del retraso. “Hasta aquí podíamos llegar” afirman las empresas cansadas de perder dinero.
Ya son muchos los que están convencidos –en realidad no conozco a nadie que no lo vea así- de que es Aena la que está provocando a conciencia esta injustificada dilación y ninguneando a un Gobierno que, no puede olvidarse, es el responsable último del aeropuerto.





















