A falta de un hervor
Otra semana más sin síntomas de actividad productiva en la cosa pública. Ninguna medida efectiva para cambiar el rumbo del desconcierto y la desilusión, salvo dar la vuelta al cuadro con el gráfico de la evolución económica y el horizonte del suelo profundo se convierta en el techo celestial. O casi ninguna, vamos, que haberlas hailas, pero son tan pocas, oiga, y la necesidad de que se prodiguen tan acuciante, que, entre tanta incompetencia, las actuaciones decididas en defensa de la actividad económica naufragan, e incluso pasan desapercibidas.
Nuestros gobernantes ya tienen solución para el déficit público desaforado: resulta que una comunidad autónoma incumple los límites aceptados debido a la falta de ingresos. No te lo pierdas, que es así. Nada se dice del incremento difícilmente justificable de los gastos no productivos, aquellos que en algún momento pudieran llegar a arruinar el mismísimo estado del bienestar, ése que hay que proteger a toda costa. Bueno, no exactamente a toda costa. Básicamente a costa de todos los trabajadores del sector privado, aquellos que generan los mayores recursos para el sostenimiento de la administración pública. Y el sector privado en caída libre.
Pero esto tiene solución: se puede reformar la administración pública y que sus trabajadores presten un servicio eficaz a todos los administrados, implantando sistemas de gestión como en las empresas privadas para hacerla competitiva. Y así se reduciría sensiblemente el tamaño del déficit público. Pero no. Nada de eso.
Y se pueden llevar cabo inversiones públicas en zonas deprimidas y en proyectos estratégicos que reactiven la economía, analizando el período de recuperación de la inversión. No hablo de gasto, sino de inversión productiva en actividades rentables económicamente, como las de la ingeniería en prevención de riesgos por inundaciones, modernización de regadíos, reurbanización de zonas degradadas, ferrocarril de mercancías y viajeros, puertos industriales y deportivos, recuperación espacios degradados y otros. Pero tampoco. Ni hablar.
Y también se puede analizar la gestión pública de las tres estrellas intocables del bienestar para, a pesar de las mareas, proponer procedimientos que mejoren la gestión y recorten el gasto innecesario. Pero eso tampoco se toca.
Así las cosas, y a falta de soluciones serias para nuestra delicada situación, cuando recibo ese mensaje de “Ya están hechos todos los ajustes que teníamos que hacer y ahora queda esperar a que den los frutos esperados”, tengo la sensación de que a ese mensajero le falta un hervor. ¿O será que me falta a mí por haberle votado?
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Y también se puede analizar la gestión pública de las tres estrellas intocables del bienestar para, a pesar de las mareas, proponer procedimientos que mejoren la gestión y recorten el gasto innecesario. Pero eso tampoco se toca.
Así las cosas, y a falta de soluciones serias para nuestra delicada situación, cuando recibo ese mensaje de “Ya están hechos todos los ajustes que teníamos que hacer y ahora queda esperar a que den los frutos esperados”, tengo la sensación de que a ese mensajero le falta un hervor. ¿O será que me falta a mí por haberle votado?
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