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Opinión |
Miércoles, 27 de Marzo de 2013

Sobran políticos (y periodistas), faltan ideas

Después del enésimo debate que contemplamos atónitos en cualquiera de nuestras numerosas cámaras de representación que escasamente nos representan; después de escuchar el ardor de nuestros próceres locales, autonómicos y nacionales, en defensa de nuestros intereses tan suyos, una pregunta me corroe el alma... y no es la que usted se está imaginando… Al cabo de tantos años, contemplando las mil y una funciones que tienen lugar en nuestras Cortes, asambleas y parlamentos, siempre acabo preguntándome lo mismo: ¿sobran políticos profesionales en nuestro país? ¿Son necesarias tantas señorías, tantos escaños, tantas veces desocupados...? ¿Y en nuestra Región, bastaría con una treintena de diputados en la Asamblea Regional, como sostienen algunos notables?

Coincido en reclamar un número más acorde con nuestra realidad; coincido con todos los que abogan por ello, que son multitud. Menos políticos sí, pero también muchas menos instituciones, organismos y entes paranormales de dudosa utilidad. Díganme si no, ¿para qué sirve nuestro esotérico senado, ese cementerio de elefantes descolmillados, que nos cuesta casi 10 mil millones de las defenestradas pesetas al año? ¿O esas dadivosas diputaciones que ahora se quieren potenciar a mayor gloria de los líderes provinciales?

¿Y hasta qué punto se está acometiendo con determinación el adelgazamiento de nuestras  autonomías? Las comunidades no deberían convertirse en micro-reinos, aunque ésa es la sensación que producen. Y este mal tan extendido ha ocasionado una inflación de organismos, que no tienen ningún sentido en la dura travesía que nos aguarda. Paradójicamente, hay quien se cuestiona hasta la redondez de la Tierra, al tiempo que defiende lo indefendible: consejos económicos y sociales (que son cualquier cosa menos económicos), innumerables observatorios que no se sabe bien qué observan, tantos defensores del pueblo, que tan poco defienden...  ¿Ustedes creen que en Murcia se le echará de menos a nuestro entrañable defensor? ¿Se sienten hoy más indefensos que ayer?

Así que no sé si estamos de enhorabuena, ahora que al fin se suprimen, con la misma alegría que antes se creaban, entes públicos que no ha mucho proliferaban como por ensalmo. Hace tan sólo unos días, el Gobierno regional eliminaba de un plumazo ocho de estos bienaventurados entes, ocho. Y no serán los últimos de Filipinas... media docena más están en el alero. Y nuestro Ejecutivo estudia, asimismo, la reducción de direcciones generales y el recorte de la Corte faraónica de asesores.

Comienza, de esta guisa, un tortuoso camino que ha de desembocar en el postrer plan de ajuste y reestructuración que debe hacer frente a la contención del déficit autonómico, que duplicó el objetivo previsto, disparándose más allá del 3% del PIB. Estas medidas van encaminadas a la racionalización del sector público en la Región de Murcia. Con este primer paquete -porque habrá más paquetes (amén de otros muchos bultos)-, se pretende ahorrar seis millones de euros.

Aún resuenan las explicaciones de Ballesta intentando el más difícil todavía de un equilibrista portavoz; decía el ex rector que los fines de estos entes tenían que poder ser asumidos por otros del sector público de la Comunidad, puesto que se suprimía “el ente pero no la función, que pasa a otro ente preexistente". E insistió en que  debían volver “ a la Administración que, en su momento, desarrollaba esas funciones".  Ni Demóstenes lo hubiera expuesto con mayor claridad. Es abrumadora la florida creatividad de la que se hace gala a la hora de razonar el fin de los entes innombrables.

Y no exagero en absoluto... innombrables; o si no, intenten repetir en voz alta los ocho (o los siete) organismos extinguidos. Les animo a ello: Sociedad Pública del Suelo y Equipamientos Empresariales de la Región de Murcia S.A.; Gestora de Infraestructuras Sanitarias de la Región de Murcia S.A. (Giscarmsa);  Fundación Parque Científico de Murcia; Fundación Agencia de Gestión de la Energía (ARGEM); Fundación Tutela Judicial de Adultos;  Fundación Alzheimur, Consorcio Universitario para el Campus de Lorca e Industrial Alhama S.A. (aunque éste parece que finalmente se salva de la extinción)… Qué inefable experiencia trabalingüística, sólo comparable al enunciado de la penúltima reforma de las pensiones. Digan conmigo: 'Medidas para favorecer la continuidad de la vida laboral de los trabajadores de mayor edad y promover el envejecimiento activo'. ¿A qué se sienten más jóvenes?

Y luego habrá quien se extrañe al comprobar cómo las encuestas les empiezan a dar la  espalda, hasta límites insospechados. La clase política sale muy mal parada, tanto en los barómetros nacionales como regionales. El desencanto hacia los políticos ha supuesto que se erijan en el segundo mayor problema para los ciudadanos de la Región, según el Centro de Estudios Murcianos de Opinión Pública. Y, a su vez, el CIS  pone de manifiesto que la corrupción y el fraude son ya la segunda preocupación de los españoles.  Mas hay quiénes no se dan por aludidos; siguen cometiendo mayestáticos dislates sin pudor alguno, y obviamente no se plantean cambiar de destino; continúan tan felices en sus sitiales, prestos y dispuestos, pese a  eres, cajas, cajones y sobres. De sus poltronas, no les mueve ni el dios de las encuestas.

Aunque, ¿quién soy yo para sacar pecho? Tampoco los que profesamos este sacrosanto oficio del periodismo nos escapamos de la tormenta pluscuamperfecta. El CIS es rotundo: periodistas y  jueces son los profesionales peor valorados por los españoles. Ironías de nuestra España del alma, quienes juzgan acaban juzgados y condenados. La historia del algualcil alguacilado se repite, una y otra vez, fatídicamente entre nosotros...

Y, a buen seguro, nuestros conciudadanos no se equivocan; a lo peor, los que sobramos somos los periodistas. Por si acaso, aun a sabiendas de que es en vano, ya voy buscando otro empleo, uno más digno: camarero, barrendero, albañil, fontanero, policía local... Cuando una batalla está perdida, sólo los que huyen pueden combatir en otra. De nuevo, Demóstenes. Si huir de la refriega no le parecía vergonzoso al símbolo de la elocuencia ateniense, ¿por qué me tiene que avergonzar a mí?

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