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Opinión | El mirador
Jueves, 28 de Julio de 2011
Miguel Galindo

Misterios de la cripta

Caso cierto y verídico. Lo juro por Snoopy. En una administración cualquiera de las muchas que, haberlas háylas, están para el servicio del ciudadano y para lo que guste usted mandar, hermano co-lego…

Llegamos a presentar una documentación a trámite a primera hora. Es realmente temprano. En recepción nos dicen que hemos de subir a la segunda planta para que el expediente que llevamos sea revisado por el departamento a que corresponde tal correspondencia. Nos encaminamos a ello con ánimo ágil y franco el ademán. Allí, un par de personas repasan meticulosa y detalladamente, papelorio a papelorio, todo el tocho. Menos mal, no falta nada. Ave certificata purísima. Sin póliza concebida… Ahora, nos indican con deferencia, han de bajar a la primera a pasar el cartapacio por registro. Molto obligato… Cola registral al pairo y que le den por el minutero a la esfera muñequera. Dos nuevos seres humanos haciendo pareja, uno atento al ordenata y el otro ojo avizor al legajo, atienden el pedido. El sistema se ha colgado, tengan un poco de paciencia, sorry… Veinticinco minutos de vellón, vuelta y vuelta y tortilla dispuesta… ¡Albricias!

No… esperen one moment. Ahora han de ir con este papelico al departamento recaudativo expeditivo y satisfacer allí la legal tasa pertinente además de obligatoria, doña Gregoria… Cuarto mostrador y cuarto misterio, por la señal… Chus con la cruz a cuestas. El atento atendedor de atendidurías nos indica que ouí, pero que a ellos les está prohibido tocar güita con esas manos que se han de comer la tierra, por la cosa de la transparencia y eso, y que apoquinemos la pasta en la máquina… ¿Qué máquina –preguntamos– que no la vemos..? La que está tras aquella cola de gente, nos señalan con sardónica sonrisa… Entre los que ponen el papel al revés, se ponen ellos al revés, entienden las instrucciones al revés, o le dan un revés al jodido robot, una hora más de paseo en burro… Por fin, obtenemos el ansiado visado de pagado… Verdaderamente, Dios existe.

Volvemos a la sección de registros registrales, triunfantes, exultantes. ¡Quíestá..!, largamos con enhiesta figura… Bien, muy bien, se nos premia con la amable condescendencia por la satisfacción de las cosas bien hechas… Ahora, please, nos dicen mientras nos vuelven a cambiar papelote por mamotreto, lo suben de nuevo arriba, y lo dejan allí qu´esto yastá despachao, bacalao… Así que otra vez al escalorio y nueva subida al calvario… ¿Porqué estación del rosario vamos, cofrades penitenciarios..?. Ánimo, ya la luz aparece al final del túnel… Consumatus est.

Balance de la gestión: una mañana completa, cinco corrigüertas, seis empleados administrativos y una máquina parlante, todo para un único trámite. Eficiencia total. En el ínterin, una preguntica meciéndose en el aire del ya maduro mediodía: ¿Tanto para tan poco?

Según la UE (Informe Ceccini y otros posteriores) a España le sobran 120.000 funcionarios. El problema es que, con casi cinco millones de parados y la jartá de liberaos sindicales, que es casi más de lo mismo pero peor, ¿cómo y dónde íbamos a recolocar el sobrante de sobrasada? El otro problema es de qué vamos a mantenerlos sin emitir más, y más, y más deuda pública.

En Grecia, debido al obligado ajuste de su rescate, han despedido a 150.000. De momento y sin presupuesto… Y dicen las malas lenguas que su administración sigue funcionando exactamente igual de bien o de mal que ya funcionaba con todos ellos en activo. Que igual da dentro que fuera, que no se nota nada su falta. Que lo mismo tiene que estén en el paro, que con una baja, o que con días propios e impropios. Eso mismo dicen los ciudadatas helenos… ¿Qué cómo es posible tamaño prodigio?... ¡Ah!.. misterios de la cripta…

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