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Opinión |
Viernes, 26 de Abril de 2013

Orgullo nacional

Esta semana, como supongo nos ha sucedido a muchos, que seguimos con cierto interés los avatares a los que se enfrentan los dos mejores clubes de futbol del mundo, y que por fortuna son solo nuestros, he quedado ciertamente desolado ante la espectacular demostración de fuerza ofrecida por nuestros socios europeos los alemanes. Confieso que me gusta el futbol, independientemente de las pasiones y radicalismos que levanta, es un deporte donde cuenta el equipo, la estrategia, la capacidad de adaptación a las circunstancias cambiantes, entre otras cosas, y con independencia de que, en algunas ocasiones, el talento individual sobresalga sobre estos principios del juego colectivo y sea capaz, por sí solo,  de solventar una situación comprometida, al final, en el largo plazo, los resultados solo llegan si hay un conjunto relativamente cohesionado y bien dirigido, preparado para desarrollar un trabajo coordinado bajo criterios únicos y con objetivos comunes.

Esto último es lo que han demostrado los dos gigantes (a mí me lo han parecido) germanos, que nos han propinado una de las más severas curas de humildad que yo pueda recordar [Img #14577]en toda nuestra historia balompedística. En fin, la evidencia manda Alemania 8 vs España 1. ¿Y ahora qué?

Con independencia de que haya que analizar técnicamente porque ha sucedido esto, para el común de los mortales, entre los que yo me encuentro, es evidente que en absoluto puede deberse a las posibles diferencias que pueda haber entre los contrincantes, ya que, existiendo como existen, creo que todos coincidiremos que los nuestros tienen mejor plantel y ya han demostrado, en reiteradas ocasiones, sus innatas condiciones para alcanzar excelentes niveles de desempeño. Por tanto, habría que buscar otras razones y, como suele decirse en estas ocasiones, yo para mí que ha sido la convicción unánime que todos los alemanes han tenido, me refiero a jugadores, seguidores y si me apuran casi hasta el país entero, la cual se ha basado en que para superar este envite solo debían tener una idea en la cabeza, ¡¡ganar!! Y así ha sido, han ganado y de qué manera. La razón por la que creo que estos “valientes guerreros” solo podían tener esa idea en la cabeza tiene su origen en lo que percibía en sus rostros cuando, a lo largo de las dos retrasmisiones, ofrecían algún primer plano de ellos, ¡¡daban miedo!!
 
Pues bien, volviendo a la cuestión de ¿ahora qué?, habiendo como hay solución, aunque esta sea complicada, una vez más debemos recurrir a la heroica (estamos ya tan acostumbrados ¿verdad?) y es, para nuestra desgracia nacional, solo en estas ocasiones agónicas cuando nosotros los españoles le sacamos partido a esa fuerza y orgullo que poseemos y que, al contrario que los alemanes, que aprovechan estos recursos de manera cotidiana, nosotros necesitamos vernos en una situación desesperada para acudir a ellos y eso a la larga se nota en los resultados. Así pues, no queda otra, hagamos uso de todo nuestro orgullo nacional y recuperemos el que hace tiempo fue nuestro sitio en Europa, nada más ni nada menos que 14 Copas de Europa entre nuestras dos escuadras y, con la inteligencia y talento que sin duda nos sobran y un tanto de disciplina, demostremos que seguimos siendo quienes fuimos y que nadie nos puede pasar por encima sin entregar su alma y aplicar el mayor de sus esfuerzos.

¿Y si aplicamos todo esto a la economía?

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