El problema es la deuda, no las negociaciones sobre la deuda
Las expectativas creadas la semana anterior por el incompleto, pero positivo, acuerdo europeo sobre Grecia se ha esfumado en tan solo unos días. No sólo los diferenciales y la situación de las Bolsas han vuelto a los niveles previos al acuerdo sino que, además, la sesión de cierre del mes y de la semana ha sido especialmente negativa.
La frustrante cifra de crecimiento del PIB americano publicada el viernes (+1,3% frente al 1,8% esperado y revisión del PIB del 1T a + 0,4% desde el 1,9% estimado inicialmente) fue la culminación de una semana llena de datos negativos, con algunos malos resultados empresariales como los del Santander, BBVA y Telefónica, y con el lamentable espectáculo del Congreso norteamericano, que se encamina hacia el default. El dato del PIB americano pone de manifiesto una realidad muy incómoda: la deuda excesiva va a pasar factura al crecimiento económico en los próximos años. Por eso no es de extrañar que en la semana el S&P haya caído un 3,9%, el Dow un 4,2% el Nasdaq el 3,6%, el Nikkei un 3% y nuestro Ibex un 4,3%. En julio el Ibex ha tenido una fortísima caída del 7%.
Así las cosas agosto empieza como acabó julio: con la atención puesta en las negociaciones políticas sobre la deuda. En Europa se reconoce ya, incluso abiertamente por el ministro de Economia alemán Wolfgang Schauble, que el acuerdo sobre Grecia no va a poner termino a los problemas de la deuda periférica. En Estados Unidos los políticos están dando un triste espectáculo, al no ser capaces de llegar a un acuerdo sobre el techo de la deuda y, lo que es más importante, sobre como reducir esa deuda en el futuro.
Lo curioso es que, al igual que pasó en Europa hace dos semanas con el tema griego, la atención mediática en Estados Unidos se centra en las negociaciones, siendo así que lo importante no es tanto lo que ahora se negocia sino el hecho de tener que negociarlo. Es decir, en el caso de la deuda publica norteamericana, el problema no es que se eleve o no el techo de endeudamiento hasta quince trillones de dólares, el problema es que en este momento, antes de elevar el techo de la deuda, esa deuda es ya superior a catorce trillones de dólares, un cien por cien del PIB americano, una cifra descomunal que en sí misma es un inmenso problema, sin necesidad de elevarla.
De la misma forma que el problema en la zona euro es la magnitud de la deuda soberana y bancaria acumulada en varias economías periféricas, más allá de que luego, "in extremis", los políticos lleguen a acuerdos para financiar a esas economías.
En otras palabras, el problema de verdad es que la excesiva deuda pone un claro "techo" al crecimiento en los países avanzados, un techo que lamentablemente no se puede elevar a través de negociaciones políticas. Un buen ejemplo de ello nos lo da el hecho de que el consumo en Estados Unidos, en el segundo trimestre, ha crecido sólo un 0,1%, el peor dato en dos años. El consumo es un 70% de la actividad económica en la economía norteamericana, y la deuda sigue pasando su factura a los consumidores. A la vez, si no hay crecimiento económico, es más difícil pagar la deuda. Ese es el círculo vicioso de la deuda.
Por otro lado, las economías emergentes, que han sido las grandes "banqueras" de las economías desarrolladas, endurecen sus políticas monetarias por la amenaza de la inflación, como China e India, cuyos respectivos Bancos Centrales han vuelto a subir los tipos interés en julio, al 6,56 y al 8 por ciento respectivamente.
No es de extrañar, por tanto, que las Bolsas acusen este escenario, ya que, además, la deuda y su secuela de un menor crecimiento también empiezan a afectar a las empresas cotizadas, como se ha visto en los resultados del segundo trimestre. Muchos inversores piensan que el menor crecimiento futuro incidirá en los márgenes empresariales, y no quieren pagar mucho por las acciones.
Lo curioso, sin embargo, es que esos mismos inversores se muestren dispuestos a pagar mucho por determinados activos "refugio", como el bund, el T bond y el oro. Un refugio curioso, ya que en el bund o en el T bond se busca refugio ante una eventual deflación, en tanto que en el oro evidente ente se busca refugio ante la inflación. Es decir, son activos refugio contradictorios, pero los dos suben a la vez, porque los inversores creen no tener alternativas.
¿Existe realmente algún refugio? En nuestra opinión, el único refugio real es comprar los activos a buenos precios. Esta es la verdadera protección real en un mundo sujeto a incertidumbres tan dispares, pero sobre todo sujeto a un proceso de ajuste del valor de activos consecuente a la explosión de la burbuja inmobiliaria, ajuste que las políticas monetarias de los Bancos Centrales han diferido en el tiempo, pero no van a poder evitar.
Por eso a los precios actuales no compararíamos ni oro, ni bund ni T bond, ni tampoco el Dax o el S&P. Todos estos activos están demasiado caros. Es mejor esperar en liquidez, y entrar, como mucho, tácticamente, en aquellos activos o valores cuyo precio caiga de forma muy exagerada. Esa seguirá siendo nuestra forma de actuar este agosto.
Esta semana tenemos numerosos datos económicos, los más importantes el Informe de empleo americano de julio que se publicará el viernes y los ISM también americanos de manufacturas y servicios, que conoceremos el lunes y miércoles respectivamente. Estos datos económicos y las negociaciones sobre la deuda norteamericana, marcaran la primera semana bursátil de agosto.
También tendremos algunos resultados empresariales interesantes. Hasta ahora el 73% de las empresas del S&P que han publicado beneficios han batido al alza las estimaciones, pero de forma creciente casi todas advierten que ven un entorno económico incierto para los próximos meses. Quedan empresas interesantes como P&G, General Motors y MasterCard o, en Europa, BNP, ING, Barclays, o Societe Generale, entre otras.
Pensamos que si hay acuerdo sobre el techo de deuda en Estados Unidos los mercados deberían tener un " relief rally" (rally de alivio) pero en el caso de índices ya muy caros, como el S&P o el Dax, vemos menos recorrido que en otros más castigados, como el Ibex, dentro de la idea de que el ajuste general de precios acabara afectando también a los activos refugio.
La frustrante cifra de crecimiento del PIB americano publicada el viernes (+1,3% frente al 1,8% esperado y revisión del PIB del 1T a + 0,4% desde el 1,9% estimado inicialmente) fue la culminación de una semana llena de datos negativos, con algunos malos resultados empresariales como los del Santander, BBVA y Telefónica, y con el lamentable espectáculo del Congreso norteamericano, que se encamina hacia el default. El dato del PIB americano pone de manifiesto una realidad muy incómoda: la deuda excesiva va a pasar factura al crecimiento económico en los próximos años. Por eso no es de extrañar que en la semana el S&P haya caído un 3,9%, el Dow un 4,2% el Nasdaq el 3,6%, el Nikkei un 3% y nuestro Ibex un 4,3%. En julio el Ibex ha tenido una fortísima caída del 7%.
Así las cosas agosto empieza como acabó julio: con la atención puesta en las negociaciones políticas sobre la deuda. En Europa se reconoce ya, incluso abiertamente por el ministro de Economia alemán Wolfgang Schauble, que el acuerdo sobre Grecia no va a poner termino a los problemas de la deuda periférica. En Estados Unidos los políticos están dando un triste espectáculo, al no ser capaces de llegar a un acuerdo sobre el techo de la deuda y, lo que es más importante, sobre como reducir esa deuda en el futuro.
Lo curioso es que, al igual que pasó en Europa hace dos semanas con el tema griego, la atención mediática en Estados Unidos se centra en las negociaciones, siendo así que lo importante no es tanto lo que ahora se negocia sino el hecho de tener que negociarlo. Es decir, en el caso de la deuda publica norteamericana, el problema no es que se eleve o no el techo de endeudamiento hasta quince trillones de dólares, el problema es que en este momento, antes de elevar el techo de la deuda, esa deuda es ya superior a catorce trillones de dólares, un cien por cien del PIB americano, una cifra descomunal que en sí misma es un inmenso problema, sin necesidad de elevarla.
De la misma forma que el problema en la zona euro es la magnitud de la deuda soberana y bancaria acumulada en varias economías periféricas, más allá de que luego, "in extremis", los políticos lleguen a acuerdos para financiar a esas economías.
En otras palabras, el problema de verdad es que la excesiva deuda pone un claro "techo" al crecimiento en los países avanzados, un techo que lamentablemente no se puede elevar a través de negociaciones políticas. Un buen ejemplo de ello nos lo da el hecho de que el consumo en Estados Unidos, en el segundo trimestre, ha crecido sólo un 0,1%, el peor dato en dos años. El consumo es un 70% de la actividad económica en la economía norteamericana, y la deuda sigue pasando su factura a los consumidores. A la vez, si no hay crecimiento económico, es más difícil pagar la deuda. Ese es el círculo vicioso de la deuda.
Por otro lado, las economías emergentes, que han sido las grandes "banqueras" de las economías desarrolladas, endurecen sus políticas monetarias por la amenaza de la inflación, como China e India, cuyos respectivos Bancos Centrales han vuelto a subir los tipos interés en julio, al 6,56 y al 8 por ciento respectivamente.
No es de extrañar, por tanto, que las Bolsas acusen este escenario, ya que, además, la deuda y su secuela de un menor crecimiento también empiezan a afectar a las empresas cotizadas, como se ha visto en los resultados del segundo trimestre. Muchos inversores piensan que el menor crecimiento futuro incidirá en los márgenes empresariales, y no quieren pagar mucho por las acciones.
Lo curioso, sin embargo, es que esos mismos inversores se muestren dispuestos a pagar mucho por determinados activos "refugio", como el bund, el T bond y el oro. Un refugio curioso, ya que en el bund o en el T bond se busca refugio ante una eventual deflación, en tanto que en el oro evidente ente se busca refugio ante la inflación. Es decir, son activos refugio contradictorios, pero los dos suben a la vez, porque los inversores creen no tener alternativas.
¿Existe realmente algún refugio? En nuestra opinión, el único refugio real es comprar los activos a buenos precios. Esta es la verdadera protección real en un mundo sujeto a incertidumbres tan dispares, pero sobre todo sujeto a un proceso de ajuste del valor de activos consecuente a la explosión de la burbuja inmobiliaria, ajuste que las políticas monetarias de los Bancos Centrales han diferido en el tiempo, pero no van a poder evitar.
Por eso a los precios actuales no compararíamos ni oro, ni bund ni T bond, ni tampoco el Dax o el S&P. Todos estos activos están demasiado caros. Es mejor esperar en liquidez, y entrar, como mucho, tácticamente, en aquellos activos o valores cuyo precio caiga de forma muy exagerada. Esa seguirá siendo nuestra forma de actuar este agosto.
Esta semana tenemos numerosos datos económicos, los más importantes el Informe de empleo americano de julio que se publicará el viernes y los ISM también americanos de manufacturas y servicios, que conoceremos el lunes y miércoles respectivamente. Estos datos económicos y las negociaciones sobre la deuda norteamericana, marcaran la primera semana bursátil de agosto.
También tendremos algunos resultados empresariales interesantes. Hasta ahora el 73% de las empresas del S&P que han publicado beneficios han batido al alza las estimaciones, pero de forma creciente casi todas advierten que ven un entorno económico incierto para los próximos meses. Quedan empresas interesantes como P&G, General Motors y MasterCard o, en Europa, BNP, ING, Barclays, o Societe Generale, entre otras.
Pensamos que si hay acuerdo sobre el techo de deuda en Estados Unidos los mercados deberían tener un " relief rally" (rally de alivio) pero en el caso de índices ya muy caros, como el S&P o el Dax, vemos menos recorrido que en otros más castigados, como el Ibex, dentro de la idea de que el ajuste general de precios acabara afectando también a los activos refugio.





















