Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Martes, 02 de Agosto de 2011

“Un agosto muy triste”

La frase me impactó. Me la dijo sollozando una funcionaria adscrita a un departamento de gestión de pagos de la Comunidad Autónoma. Después de soltarla lloró con amargura mientras me comentaba hipando que ya no sabe qué decir a autónomos y empresas que por decenas cada día le preguntan cuándo podrán cobrar sus facturas.

Después de la lapidaria sentencia: “Un agosto muy triste”, continuamos hablando de que vuelve a haber hambre (jodida realidad, pero es así y en las parroquias lo saben bien), y de que de los embargos no se libran ni aquellos a los que concedieron una hipoteca con mínimos ingresos ni los que fueron considerados “de posibles” hoy venidos a menos.

“Un agosto muy triste”. Ni un duro en el bolsillo para un extraordinario en casa, ¿cómo entonces para la cena en una terraza?

Quince días de hotel, quien podía, se ha sustituido por una semana. Quien tomaba una semana, lo ha sustituido por el apartamento. Quien alquilaba el apartamento, opta por la casa de la familia; y quien ya se acoplaba en la casa del pariente, este triste agosto lo pasa en la suya propia si el banco no le ha ejecutado.

Triste agosto, sí, pero no se le ocurra preguntar por aquella factura pendiente, pues ni hay previsión de pagos ni se le espera.

¿Serán conscientes algunos de esa pobreza vergonzante y de ese triste agosto al que sucederá septiembre (vuelta al cole) y octubre y noviembre…?

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.