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Opinión |
Martes, 14 de Mayo de 2013

entrevista a un 'coleccionista de fracasos'

Expósito Pérez: "Mi lema como coleccionista es 'fracasa de nuevo, fracasa mejor'"

[Img #15105]Expósito Pérez, -que no se llama realmente así, sino que es el nombre que ha elegido para que me dirija a él, pues desea permanecer en el anonimato-, me abre la puerta de su casa, pero no me deja entrar, me saluda muy cortesmente y me pide que cierre los ojos y espere. Tras unos minutos, me grita desde algún lugar del interior que pase y lo busque guiándome por su voz. Lo hallo al segundo en un pequeño salón de estilo un tanto rococó, tumbado graciosamente sobre una chaise longue; desde su regazo, un gatazo negro me observa avanzar con la mirada alerta que irá relajándose hasta cerrarse mientras su dueño lo acaricia mansamente. Se llama Mefisto –me aclara D. Expósito, refiriéndose al gato, y me invita a sentarme con un ademán en una silla que hay su lado-, ya puede empezar su entrevista.
 
¿Todas sus visitas han de esperar en la puerta unos minutos con los ojos cerrados?
Espero no haberla molestado, antes le pagaba a la hija de una vecina para que abriera la puerta y la gente que viene a verme me encontrara en esta pose, que me gusta mucho, pero mi dura labor como coleccionista de pintura me tiene muy mermada la economía, ahora debo hacer personalmente el papel de la chica y el mío propio.
 
Para ser coleccionista de pintura no tiene ningún cuadro colgado, ¿están en una cámara acorazada o en algún lugar especial por motivos de seguridad o de conservación?
Qué más quisiera, la verdad es que colecciono cuadros que no tengo, ya le dije que coleccionaba fracasos, me explico: no puede decirse que sea pobre, pero tampoco rico, los cuadros que podría pagar no me interesan y los que codicio no están a mi alcance, me refiero a que no puedo poseerlos de forma indefinida, pero sí sentir lo que sentiría durante un instante si fueran míos. Siempre he pensado que el coleccionismo es otra forma de arte, yo recreo cuadros que me gustan para disfrutarlos de una forma única unos instantes.
La fugacidad de mi colección ya es de por sí frustrante, si a eso le añade que todos mis proyectos acaban en fracaso, puede imaginar cómo me siento a veces. Pero no me desanimo, mi lema es: “Lo has intentado. Has fracasado. Inténtalo de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor”. Es de Samuel Beckett.
 
[Img #15106]¿Podría hablarme, por ejemplo, de su último fracaso?
Desde luego, ¿conoce usted ese cuadro de Sorolla que está en el Prado? Chicos en la playa se llama. Pues bien, me fui a la playa de la Malvarrosa, en Valencia, y les pagué a tres chicos, dos morenos y uno rubio, -que no sabe lo que me costó encontrar-, para que se tumbaran boca abajo en la orilla de la playa. No sé el tiempo que me llevó conseguir que se estuvieran quietos y adoptaran la postura exacta que tienen los niños del cuadro. Le recé a todos los santos, -no todo está en mi mano-, para que llegara una ola caprichosa que dibujara exactamente el mar de la pintura, y cuando venía una que tenía toda la pinta de ser la mía, lo que llegó fue la madre del nene rubio, lo levantó de un azote en el culo y se lo llevó preguntándole furiosa que qué hacía en el agua cuando todavía no había terminado de hacer la digestión. Un fracaso.
 
[Img #15107]Entendido, ¿recuerda su fracaso más caro?
Por supuesto, cómo olvidarlo, me costó hasta el divorcio. Se me metió entre ceja y ceja coleccionar la Olympia de Manet. Ya sabe usted que en ese cuadro aparece desnuda una prostituta parisina, así que me vi obligado a ir a París, -el rigor es importantísimo-, y estuve relacionándome con cientos de prostitutas hasta que di con una que era muy parecida a la del cuadro. Luego tuve que buscar un gato y una doncella negros, un lío. Reservé una habitación en un hotel y estaba pensando en cómo asustar al gato sin que eso me despistara de la contemplación de la obra, cuando apareció mi mujer, asustó al gato y tiró sobre la cama los papeles del divorcio. Lo hizo para fastidiarme, porque sabía que los papeles no aparecían en la composición original. Después de aquello sólo me quedó el gato, Mefisto.
 
En aquel momento, ¿no pensó en abandonar el coleccionismo?
No, claro que no, ser coleccionista no se puede evitar, se lleva en la sangre.
 
Entonces, y para terminar, si se encontrara en la disyuntiva, ¿qué haría, se casaría o se compraría un cuadro?
(Se ríe) Ni una cosa ni la otra, yo no compro cuadros, sólo los colecciono.
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