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Opinión | El mirador
Jueves, 04 de Agosto de 2011
Miguel Galindo

El buen ladrón

A Dios rogando y con el cazo acaparando. En unos pocos años –desde 1998– al socaire de un relajamiento de las leyes españolas sobre la inmatriculación (arts. 206 y 304 de la Ley y Reglamento Hipotecario) la Iglesia se ha apropiado, a la chita callando, de miles de bienes raíces, muebles e inmuebles, al rebufo de que un mal día, un ignoto siglo, una dudosa historia, fueron utilizados para uso de ellos, si bien nunca jamás adquiridos, ni financiados, ni mantenidos por ellos. La pobre iglesia de los pobres se ha aprovechado, escriturándolos a su sagrado nombre, con nocturnidad y alevosía, de 651 templos, 6 plazas, 191 ermitas, 9 basílicas, 42 viviendas, 26 locales comerciales, 8 cementerios, 107 fincas, 38 prados, 12 viñas, almacenes, garajes, solares, pastos, helechales, pinares, olivares, arbolados, y hasta un frontón… todo esto tan solo en Navarra.

Ekimena es una plataforma que está denunciando este abuso y haciendo público lo que está pasando. Se están teniendo noticias de toda España. El obispado de Mérida, en Extremadura, también se ha hecho con una docena de propiedades al menos, en los pueblos de la comarca de la Vera. Igual está pasando en Galicia, Castilla, Valencia, Andalucía… Cuando los alcaldes se vienen a dar cuenta, los espacios comunes y/o desacralizados a los que se han destinado fuertes inversiones para uso como espacios cívicos y culturales, mantenidos durante lustros con fondos públicos, han sido presa de un despojo sistemático y callado. Existe un inexplicable privilegio en que los obispos pueden emitir certificaciones de dominio como si fueran funcionarios de la administración pública, así que todo aquello que no esté escriturado solo tienen que echárselo… ¡a la saca..!, y aquí paz y después inmobiliaria la gloria. Y, encima, libres de impuestos patrimoniales y de cualquier otro tipo.

Miles de pueblos españoles construyeron del bolsillo de sus vecinos la casa del maestro, del médico y del cura. Con la excusa de que fueron casas parroquiales se las están mamando, o mangando, por el morro, aunque sigan manteniéndolas los ayuntamientos. Y así, todo lo demás, desde cementerios municipales a prados y bosques. Con toda su santa jeta. Expertos juristas hay que tachan esta apropiación de robo puro y duro, y afirman que es inconstitucional, pues si las confesiones no son estatales tampoco pueden actuar como organismos públicos (Art. 16 de la Constitución). Eso es de lógica y de sentido común. Lo malo es que vivimos en un país clerical y ‘clericoso’, donde sus políticos, entre los rendidos y los acojonados, mantienen un vergonzoso y claudicante Concordato, entre otras cosas, que está llamando a gritos una nueva desamortización de Mendizábal como la copa de un pino.

Pregunten, pregunten a los alcaldes del Garisoain, o de Huarte, o de Lizoaín, o de Tafalla, o a los pueblos del norte de Cáceres, como Madrigal, o Valverde, o Pasarón… Pregunten, pregunten a todo el pueblo de Ribadulla, en La Coruña, o de Santiso, que han montado la de Dios es Cristo en los juzgados y se las tienen tiesas con la diócesis de Lugo.

Yo no sé si esta manifiesta rapiña por los que se autodefinen humildes y pobres como falsa y farisea divisa, supone un pecado… Ellos sabrán los cuentos que nos cuentan. Pero sí sé que es el más claro antievangelio. Dudo mucho que tal avaricia, tal sed por acumular bienes y riquezas – no hablemos del poder – sea mínimamente cristiano. Pero no dudo nada de que se parece mucho, pero mucho, mucho, a lo que Jesucristo denunció del Templo de Jerusalén y de su sacerdocio. Y se parece tanto, tanto, que yo creo que es la misma religión pero con otro queso con que dárnosla. Si no fuese por lo atrevido y osado que pueda parecer, hasta podría pensar que son los mismos, que se cargaron a Jesús a fin de luego utilizarlo para sus propios fines. Igual hizo Franco con José Antonio, para crear una falange a su interés y medida. Y es que, ya lo dijo Aquel, por sus frutos los iréis conociendo, y si éste es el ejemplo con el que predican, pues la cosa está clara… ¿O no está clara la cosa?

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