La calidad no es cara
Supongo que alguna vez habremos oído este famoso eslogan publicitario e identificaremos su procedencia, pudiendo estar más o menos de acuerdo con su certeza, sobre todo cuando analizamos, juntas o por separado, y para algunos productos de los que se ofrecen, las dos variables fundamentales que lo forman, calidad en el producto y precio de venta. Me tomo la licencia de recurrir a esta atrayente frase, no solo para reflexionar sobre los conceptos que esta afirmación contiene, sino para ratificar que en el ámbito de la prestación de servicios también puede y debe aplicarse.
A pesar de que a priori esta impactante frase parece ser de una sencillez extrema, esconde una mayor complejidad, susceptible de ser analizada desde numerosos puntos de vista, no obstante, recurriendo a esa primera impresión, ahora conviene centrase solo en lo que el sentido común nos dicta, aplicando unos criterios propios de profanos en la materia y huyendo de cualquier tecnicismo que, con independencia de ser recomendable si queremos tratar el asunto con suficiente solvencia, nos obligaría a profundizar en demasía, desviándonos del objeto que en este momento se persigue.
Teniendo en cuanta lo anterior y volviendo a los dos conceptos fundamentales que forman esta frase, lo primero que cabe preguntarse es que podemos entender por calidad. A mi modesto entender, la calidad es la capacidad que cualquier producto o servicio tiene para satisfacer las necesidades para las que ha sido diseñado, siempre bajo el alcance con el que se ha definido. Así pues, conociendo las propiedades y características del producto/servicio, consideramos que este, en la medida de sus posibilidades, satisface una necesidad y, siendo así, podremos concluir que el producto/servicio es de una determinada calidad, sea la que sea. Evidentemente a mayores necesidades o exigencias por parte del consumidor, mayor deberá ser la calidad del producto/servicio, entendiendo esta como una mayor capacidad de satisfacción frente a otras alternativas más limitadas o de perfil más básico.
Respecto a la variable del precio, entramos, si atendemos a los conceptos caro o barato, en un ámbito de suma relatividad. Hace años, alguien me dijo que “todo lo que se puede pagar es barato”, ni por un momento lo voy a poner en duda, pero con independencia de la capacidad económica del comprador y situándonos en el exclusivo contexto del precio de nuestro producto/servicio, podemos entender que si este satisface plenamente nuestras necesidades y la aportación de valor, satisfacción o beneficio es superior al precio pagado por él, podremos concluir que efectivamente este es barato, o lo que es lo mismo, no es caro.
Pues bien, si esto sirve cuando vamos al supermercado, ¿por qué no va a servir para cualquier clase de servicio que podamos ofrecer? Esta debe ser la motivación principal que nos impulse a diario, aportar a nuestros clientes el máximo valor añadido, que les reporte el mayor de los resultados posibles, aplicando siempre unas tarifas ajustadas e inferiores a ese beneficio que nuestra función le suministra, de este modo, si nos concentramos en elevar nuestra capacidad, satisfacer las necesidades de nuestro cliente e incluso superar sus expectativas, antes que elevar el precio de venta, estaremos asegurándonos de que la fórmula funciona y podremos afirmar, con total rotundidad, que la calidad no es cara.
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A pesar de que a priori esta impactante frase parece ser de una sencillez extrema, esconde una mayor complejidad, susceptible de ser analizada desde numerosos puntos de vista, no obstante, recurriendo a esa primera impresión, ahora conviene centrase solo en lo que el sentido común nos dicta, aplicando unos criterios propios de profanos en la materia y huyendo de cualquier tecnicismo que, con independencia de ser recomendable si queremos tratar el asunto con suficiente solvencia, nos obligaría a profundizar en demasía, desviándonos del objeto que en este momento se persigue.
Teniendo en cuanta lo anterior y volviendo a los dos conceptos fundamentales que forman esta frase, lo primero que cabe preguntarse es que podemos entender por calidad. A mi modesto entender, la calidad es la capacidad que cualquier producto o servicio tiene para satisfacer las necesidades para las que ha sido diseñado, siempre bajo el alcance con el que se ha definido. Así pues, conociendo las propiedades y características del producto/servicio, consideramos que este, en la medida de sus posibilidades, satisface una necesidad y, siendo así, podremos concluir que el producto/servicio es de una determinada calidad, sea la que sea. Evidentemente a mayores necesidades o exigencias por parte del consumidor, mayor deberá ser la calidad del producto/servicio, entendiendo esta como una mayor capacidad de satisfacción frente a otras alternativas más limitadas o de perfil más básico.Respecto a la variable del precio, entramos, si atendemos a los conceptos caro o barato, en un ámbito de suma relatividad. Hace años, alguien me dijo que “todo lo que se puede pagar es barato”, ni por un momento lo voy a poner en duda, pero con independencia de la capacidad económica del comprador y situándonos en el exclusivo contexto del precio de nuestro producto/servicio, podemos entender que si este satisface plenamente nuestras necesidades y la aportación de valor, satisfacción o beneficio es superior al precio pagado por él, podremos concluir que efectivamente este es barato, o lo que es lo mismo, no es caro.
Pues bien, si esto sirve cuando vamos al supermercado, ¿por qué no va a servir para cualquier clase de servicio que podamos ofrecer? Esta debe ser la motivación principal que nos impulse a diario, aportar a nuestros clientes el máximo valor añadido, que les reporte el mayor de los resultados posibles, aplicando siempre unas tarifas ajustadas e inferiores a ese beneficio que nuestra función le suministra, de este modo, si nos concentramos en elevar nuestra capacidad, satisfacer las necesidades de nuestro cliente e incluso superar sus expectativas, antes que elevar el precio de venta, estaremos asegurándonos de que la fórmula funciona y podremos afirmar, con total rotundidad, que la calidad no es cara.
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