De profecías, calificaciones y riesgos
Existen en la globalizada sociedad que nos ha tocado en suerte algunas Casandras que aunque profieran verdades como puños parecen mentiras siniestras. En cambio, hay otras que convierten sus augurios en evidencias inapelables, en juicios sumarísimos que están muy por encima del bien y del mal. Éstas son unas extrañas Casandras, ricas y engreídas, que hacen uso indiscriminado -y muy lucrativo- del don de la Profecía, y su viperina mirada siempre es portadora de malas nuevas. Su inspiradora, la auténtica Casandra -troyana, hija de Príamo y Hécuba- consiguió este don de Apolo, tras prometerle al enamoradizo dios un tentador encuentro sexual. Una vez obtenida la divina facultad, la voluble Casandra se negaría al acto carnal, por lo que sería maldecida por un colérico Apolo, que escupiría en su boca. Desde entonces, pese a mantener el poder adivinatorio, nadie creería en sus vaticinios.
No ocurre lo mismo con las modernas Casandras, que predicen bien, mal o regular, y el orbe entero se rinde ante ellas, aunque aseguren que la nieve es negra, tan negra como alguna de sus visiones. En plena crisis económica mundial, se arrogan el derecho de calificar con las letras más letales del alfabeto a países, corporaciones e instituciones, pero jamás osan calificarse a sí mismas. Empero, ¿quién califica a las agencias de calificación? Quien se atreva a ello, se transformará en el nuevo Héleno, digno hermano gemelo de las adineradas Casandras del tercer milenio.
De esta guisa, a finales de julio, Moody's no sólo se permitió el lujo de poner la calificación de la deuda española en "revisión para una posible rebaja" debido a las presiones de financiación a las que se enfrenta el Gobierno, sino que además la agencia de medición de riesgos rebajó en un peldaño la calificación de la deuda a largo plazo de Murcia, junto a la de otras cinco comunidades autónomas (Cataluña, Andalucía, las dos Castillas y Comunidad Valenciana); y preparó el terreno para un posible recorte de la de otras cuatro (Galicia, Extremadura, Madrid y País Vasco). En consecuencia, la deuda murciana a largo plazo pasó de 'A1' a 'A2' "por el deterioro de su situación fiscal y su deuda". La firma explicó que la rebaja "refleja las dificultades" que la Región tiene por su déficit, y considera que sigue sin afrontar "compromisos creíbles" en cuanto a la mejora fiscal. Asimismo, observa con preocupación su vulnerabilidad respecto a los mercados por sus grandes necesidades de financiación, y advierte de sus considerables deudas con los proveedores.
Esta situación en absoluto es nueva; sin ir más lejos, España ya vio mermada en marzo su nota de solvencia (de AA1 a AA2). Así que a muy pocos sorprende que, en este asfixiante verano, Moody's haya vuelto a amenazar con rebajar la calificación de la deuda de nuestro extraviado país, e incluso la de entidades tan representativas como el Banco de Santander, el BBVA, CaixaBank, La Caixa y la Confederación Española de Cajas de Ahorros. Tampoco maravilla a nadie que haya hincado el diente, una vez más, a la sufrida deuda de algunas comunidades como la nuestra, que, en cualquier caso, se sitúan todas ellas muy lejos de la esplendorosa triple A, con la que agasajaba la perspicaz Moody's al banco de los hermanos Lehman, en 2008, poco antes de que estrepitosamente quebrara y estremeciera los cimientos del piramidal entramado financiero.
En concreto, a mediados de marzo de 2008, Moody's Investors confirmaba las notas de Lehman Brothers, cuando ya The Wall Street Journal había informado que el banco asiático DBS había decidido poner fin a sus relaciones con la entidad norteamericana. Aun es más en un comunicado, que dio la vuelta al globo, afirmaba tajantemente que esperaba que Lehman siguiera “obteniendo niveles aceptables de ganancias trimestrales”, porque su exposición “al sector inmobiliario y, en menor grado, sus compras de deudas, deberían pesar sobre su rentabilidad en los próximos trimestres”. Y, muy al contrario de lo que le aconteció a la auténtica Casandra cuando predijo la caída de Troya, no se dudó de los asertos de la pitonisa Moody´s, todo el mundo creyó fervientemente en ella. Apenas tres meses después, se consumaría una quiebra histórica: el lunes 15 de septiembre de 2008, el legendario banco anunció su total derrumbamiento. El colapso de una institución, de casi 160 años de existencia, fue ocasionado por su incapacidad para refinanciarse tras la crisis de las dichosas hipotecas basura, las malhadadas ‘subprimes’. Lehman no consiguió captar fondos en el mercado, y se hundió en él, como el gran monstruo que era.
No, no estuvo muy atinada Moody's en sus previsiones sobre el ínclito banco, como tampoco brilló por su sagacidad en el asunto de la quiebra de AIG, la tercera mayor aseguradora del mundo. ¿Y cómo una reina de la predicción, que predice tan aleatoriamente, goza del tal prestigio?
Tampoco le van a la zaga sus veleidosas hermanas, que hacen y deshacen a su libre albedrío. En las últimas fechas, las tres calificadoras del mundo global (Fitch, Standard&Poor's y Moody's) han vuelto a dinamitar las economías a ambos lados del Atlántico; ya ni Estados Unidos puede estar segura de 'sus agencias’, menos todavía desde que S&P rebajara su nota por primera vez en 70 años. Lo que parecía impensable sucedió el pasado viernes, la escrupulosa solvencia crediticia estadounidense se hizo añicos con el anuncio de Standard & Poor's de degradar su calificación de AAA a AA+: un cataclismo de imprevisibles repercusiones universales. Aunque, de momento, las otras dos mantienen la lujosa triple A para la deuda de Washington, la situación cada vez es más crítica, y ambas alertan sobre una muy probable rebaja en su nota. Así Fitch, que nunca habla en vano, ya ha deslizado que no garantiza esa calificación a medio plazo, si antes no se soluciona el déficit presupuestario. Lo mismo deja entrever la omnipotente Moody's que también desconfía de la economía estadounidense. Y si las tres agencias de rating dudan de la recuperación norteamericana, fácilmente se pueden imaginar hasta qué punto ponen en entredicho la nuestra.
En lo que a nosotros concierne, Moody's, desde los albores de la primavera, viene insistiendo en que Murcia, Valencia, Castilla la Mancha y Cataluña se han desviado de los objetivos de control del déficit marcados para 2010, y continúa resaltando, a la menor oportunidad que se le presenta, las muchas dificultades que tendrán en 2011 y 2012. Además, no deja de vigilar estrechamente al resto de comunidades. Como para echarse a temblar. Con la prima de riesgo española e italiana disparadas, Satandard&Poor's tampoco se amilana, y advierte que la crisis económica de la zona euro en el último trimestre podría extenderse al segundo semestre. En su informe titulado 'Nuevos signos de debilidad’, plantean serias dudas sobre el crecimiento en la eurozona, y avisan de la posibilidad de que se susciten velocidades de recuperación muy diversas entre los países. Para la acreditada agencia, España, obviamente, viajaría en el furgón de cola.
Ante tales augurios los mercados no suelen tardar en reaccionar -¿quiénes serán esos aviesos mercados a cuyo capricho se mueve la Tierra?- y España entera se estremece una y otra vez con las consecuencias. ¿A quién puede extrañarle ahora que la prima de riesgo llegue a superar con pasmosa falicilidad los 400 puntos básicos y pulverice todos los récords desde la creación del euro?
Lejos de la estratosfera globalizada, nuestro consejero de Economía y Hacienda, Salvador Marín, ha admitido que se está topando con muchos obstáculos para colocar la deuda de la Región. Cómo no, la culpa es de la prima de un tal Riesgo... y también de Casandra y sus hermanas. De este modo, reclama que sea el Estado quien afronte el coste de la susodicha prima, porque los inversores ya exigen rentabilidades que rondan el 6,5%. A su juicio, en la escasa confianza sobre el Gobierno, todavía presidido por Rodríguez Zapatero, reside la raíz del problema. Sin embargo, pocos días después, el portavoz del Ejecutivo regional, José Ballesta, hizo pública la “firme determinación” del Gobierno murciano “en la defensa de la independencia económica de España, y en el apoyo a las estrategias que se adopten para frenar las maniobras especuladoras que ponen en riesgo nuestra estabilidad económica”. Sea como fuere, el objetivo de la Región de colocar inmediatamente unos 400 millones de euros en deuda, y otros 400 antes de que finalice 2011, se torna muy arduo. Ay, Casandra, siempre tan perversa...
No ocurre lo mismo con las modernas Casandras, que predicen bien, mal o regular, y el orbe entero se rinde ante ellas, aunque aseguren que la nieve es negra, tan negra como alguna de sus visiones. En plena crisis económica mundial, se arrogan el derecho de calificar con las letras más letales del alfabeto a países, corporaciones e instituciones, pero jamás osan calificarse a sí mismas. Empero, ¿quién califica a las agencias de calificación? Quien se atreva a ello, se transformará en el nuevo Héleno, digno hermano gemelo de las adineradas Casandras del tercer milenio.
De esta guisa, a finales de julio, Moody's no sólo se permitió el lujo de poner la calificación de la deuda española en "revisión para una posible rebaja" debido a las presiones de financiación a las que se enfrenta el Gobierno, sino que además la agencia de medición de riesgos rebajó en un peldaño la calificación de la deuda a largo plazo de Murcia, junto a la de otras cinco comunidades autónomas (Cataluña, Andalucía, las dos Castillas y Comunidad Valenciana); y preparó el terreno para un posible recorte de la de otras cuatro (Galicia, Extremadura, Madrid y País Vasco). En consecuencia, la deuda murciana a largo plazo pasó de 'A1' a 'A2' "por el deterioro de su situación fiscal y su deuda". La firma explicó que la rebaja "refleja las dificultades" que la Región tiene por su déficit, y considera que sigue sin afrontar "compromisos creíbles" en cuanto a la mejora fiscal. Asimismo, observa con preocupación su vulnerabilidad respecto a los mercados por sus grandes necesidades de financiación, y advierte de sus considerables deudas con los proveedores.
Esta situación en absoluto es nueva; sin ir más lejos, España ya vio mermada en marzo su nota de solvencia (de AA1 a AA2). Así que a muy pocos sorprende que, en este asfixiante verano, Moody's haya vuelto a amenazar con rebajar la calificación de la deuda de nuestro extraviado país, e incluso la de entidades tan representativas como el Banco de Santander, el BBVA, CaixaBank, La Caixa y la Confederación Española de Cajas de Ahorros. Tampoco maravilla a nadie que haya hincado el diente, una vez más, a la sufrida deuda de algunas comunidades como la nuestra, que, en cualquier caso, se sitúan todas ellas muy lejos de la esplendorosa triple A, con la que agasajaba la perspicaz Moody's al banco de los hermanos Lehman, en 2008, poco antes de que estrepitosamente quebrara y estremeciera los cimientos del piramidal entramado financiero.
En concreto, a mediados de marzo de 2008, Moody's Investors confirmaba las notas de Lehman Brothers, cuando ya The Wall Street Journal había informado que el banco asiático DBS había decidido poner fin a sus relaciones con la entidad norteamericana. Aun es más en un comunicado, que dio la vuelta al globo, afirmaba tajantemente que esperaba que Lehman siguiera “obteniendo niveles aceptables de ganancias trimestrales”, porque su exposición “al sector inmobiliario y, en menor grado, sus compras de deudas, deberían pesar sobre su rentabilidad en los próximos trimestres”. Y, muy al contrario de lo que le aconteció a la auténtica Casandra cuando predijo la caída de Troya, no se dudó de los asertos de la pitonisa Moody´s, todo el mundo creyó fervientemente en ella. Apenas tres meses después, se consumaría una quiebra histórica: el lunes 15 de septiembre de 2008, el legendario banco anunció su total derrumbamiento. El colapso de una institución, de casi 160 años de existencia, fue ocasionado por su incapacidad para refinanciarse tras la crisis de las dichosas hipotecas basura, las malhadadas ‘subprimes’. Lehman no consiguió captar fondos en el mercado, y se hundió en él, como el gran monstruo que era.
No, no estuvo muy atinada Moody's en sus previsiones sobre el ínclito banco, como tampoco brilló por su sagacidad en el asunto de la quiebra de AIG, la tercera mayor aseguradora del mundo. ¿Y cómo una reina de la predicción, que predice tan aleatoriamente, goza del tal prestigio?
Tampoco le van a la zaga sus veleidosas hermanas, que hacen y deshacen a su libre albedrío. En las últimas fechas, las tres calificadoras del mundo global (Fitch, Standard&Poor's y Moody's) han vuelto a dinamitar las economías a ambos lados del Atlántico; ya ni Estados Unidos puede estar segura de 'sus agencias’, menos todavía desde que S&P rebajara su nota por primera vez en 70 años. Lo que parecía impensable sucedió el pasado viernes, la escrupulosa solvencia crediticia estadounidense se hizo añicos con el anuncio de Standard & Poor's de degradar su calificación de AAA a AA+: un cataclismo de imprevisibles repercusiones universales. Aunque, de momento, las otras dos mantienen la lujosa triple A para la deuda de Washington, la situación cada vez es más crítica, y ambas alertan sobre una muy probable rebaja en su nota. Así Fitch, que nunca habla en vano, ya ha deslizado que no garantiza esa calificación a medio plazo, si antes no se soluciona el déficit presupuestario. Lo mismo deja entrever la omnipotente Moody's que también desconfía de la economía estadounidense. Y si las tres agencias de rating dudan de la recuperación norteamericana, fácilmente se pueden imaginar hasta qué punto ponen en entredicho la nuestra.
En lo que a nosotros concierne, Moody's, desde los albores de la primavera, viene insistiendo en que Murcia, Valencia, Castilla la Mancha y Cataluña se han desviado de los objetivos de control del déficit marcados para 2010, y continúa resaltando, a la menor oportunidad que se le presenta, las muchas dificultades que tendrán en 2011 y 2012. Además, no deja de vigilar estrechamente al resto de comunidades. Como para echarse a temblar. Con la prima de riesgo española e italiana disparadas, Satandard&Poor's tampoco se amilana, y advierte que la crisis económica de la zona euro en el último trimestre podría extenderse al segundo semestre. En su informe titulado 'Nuevos signos de debilidad’, plantean serias dudas sobre el crecimiento en la eurozona, y avisan de la posibilidad de que se susciten velocidades de recuperación muy diversas entre los países. Para la acreditada agencia, España, obviamente, viajaría en el furgón de cola.
Ante tales augurios los mercados no suelen tardar en reaccionar -¿quiénes serán esos aviesos mercados a cuyo capricho se mueve la Tierra?- y España entera se estremece una y otra vez con las consecuencias. ¿A quién puede extrañarle ahora que la prima de riesgo llegue a superar con pasmosa falicilidad los 400 puntos básicos y pulverice todos los récords desde la creación del euro?
Lejos de la estratosfera globalizada, nuestro consejero de Economía y Hacienda, Salvador Marín, ha admitido que se está topando con muchos obstáculos para colocar la deuda de la Región. Cómo no, la culpa es de la prima de un tal Riesgo... y también de Casandra y sus hermanas. De este modo, reclama que sea el Estado quien afronte el coste de la susodicha prima, porque los inversores ya exigen rentabilidades que rondan el 6,5%. A su juicio, en la escasa confianza sobre el Gobierno, todavía presidido por Rodríguez Zapatero, reside la raíz del problema. Sin embargo, pocos días después, el portavoz del Ejecutivo regional, José Ballesta, hizo pública la “firme determinación” del Gobierno murciano “en la defensa de la independencia económica de España, y en el apoyo a las estrategias que se adopten para frenar las maniobras especuladoras que ponen en riesgo nuestra estabilidad económica”. Sea como fuere, el objetivo de la Región de colocar inmediatamente unos 400 millones de euros en deuda, y otros 400 antes de que finalice 2011, se torna muy arduo. Ay, Casandra, siempre tan perversa...





















