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Opinión |
Miércoles, 10 de Agosto de 2011

Visita del Papa: momento para ser prácticos

A una vista de la visita a España del Santo Padre, Benedicto XVI, como consecuencia de la Jornada Mundial de la Juventud, se reabre de nuevo la polémica de lo que costará dicho evento a los ciudadanos de Madrid y a Santo de qué (nunca mejor dicho) en estos tiempos de crisis hay que realizar tal coste para una visita de un líder religioso a España.

Quisiera hacer hincapié en que desde la aprobación de la Constitución Española en 1978 se considera a España como un Estado aconfesional y aquí es donde llega la primera confusión entre la población de nuestro país, ya que mucha gente piensa que estamos en un Estado laico, cosa totalmente errónea.

El artículo 16.3 de nuestra Constitución dice lo siguiente: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.”

A diferencia de un Estado laico o Estado secular donde se denomina al Estado, y por extensión a una nación o país, independiente de cualquier organización o confesión religiosa y en el cual las autoridades políticas no se adhieren públicamente a ninguna religión determinada ni las creencias religiosas influyen sobre la política nacional.

Por tanto, al tratarse España como un Estado aconfesional, mantiene a su vez tratados de colaboración con la Iglesia Católica y por esto puede estar justificada dicha visita a nuestro país.

No obstante y desde un punto de vista totalmente práctico o económico, sí que es verdad que esta visita tiene un coste, como cualquier otra visita de un alto mandatario de cualquier Estado que nos haga una visita o por el contrario si nuestro presidente del Gobierno o cualquier alto cargo, ya sea de la Casa Real o cualquier ministro, haga un viaje a cualquier país del mundo por el motivo que sea (económico, de relaciones públicas, para rezar junto a los dirigentes de los Estados Unidos de América, etc.).

Lo que debemos de ver y valorar a su vez es la repercusión que esa visita dejará, en este caso, en la ciudad de Madrid. Los ingresos que aportará a los hoteles, hostales, bares, restaurantes. Los empleos que se han creado desde hace varios meses para la preparación de la llegada del Santo Padre, así como de los empleos creados para esos días de la visita. Al final habrá que un balance de este coste y de los ingresos obtenidos y ver si el cómputo total ha sido positivo o negativo. Sólo en ese momento podremos hablar de pérdidas o ganancias por la visita del Papa, independientemente de las creencias religiosas que uno tenga.

Valga de ejemplo aquellos eventos u actos que se realizan a lo largo de España viniéndome a la cabeza la Fórmula 1 en Valencia, el F.I.B. en Benicassim, la semana del orgullo gay también en Madrid y Barcelona y muchos más que aportan a sus ciudades unos ingresos extras que, como dicen algunos, en tiempos de crisis yo creo que vienen muy bien.

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