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Opinión |
Viernes, 20 de Mayo de 2011

Regeneración política

Me dejé llevar por la curiosidad y me di una vuelta por Sol. Había algunos jóvenes con rastras, como yo había imaginado; pero, para mi asombro, la mayoría eran personas muy diversas, de muy diferente condición social y de edades muy heterogéneas.

    La verdad -me dije- ya iba siendo hora de que ganaran la calle, no sé de qué me sorprendo. ¿Cómo  suponer que  se van a quedar cómodamente sentados en sus casas con 5 millones de parados golpeando en las conciencias? ¿Se puede permanecer callado mientras un 43% de paro juvenil devasta las ilusiones de una generación?

    No sé dónde acabará el movimiento "Democracia Real". Puede que haga historia o puede que sea flor de un día, como lo fueron en Portugal las manifestaciones convocadas a través de redes sociales bajo el movimiento Geraçao da Rasca (Generación de la precariedad).

    Pero lo que está ocurriendo estos días pone de manifiesto lo que se viene oyendo en las conversaciones cotidianas desde hace años: que hay mucha gente que cree necesaria una regeneración política profunda que nos permita levantar el vuelo: el económico, claro, pero sobre todo el moral. Necesitamos volver a creer que las ilusiones no están perdidas, que tenemos un proyecto colectivo entusiasmante por el que vale la pena luchar y al frente del cual haya gente con capacidad de liderazgo en la que confiemos, no porque sean perfectos sino porque son verdaderos y están decididos a jugar limpio.

    Necesitamos volver a creer en que una España honrada es posible y en que el sistema político que nos hemos dado protege, por encima de todo y en primer lugar, el bien común. El comportamiento individual es la clave, pero la condición sine qua non es que las instituciones sean eficaces y quienes nos representan honestos.

    Para lograr una democracia real se me ocurren muchas cosas, aunque ahora apuntaré solo algunas. Se pueden reivindicar en la calle pero también en las conversaciones de café. Yo las escribo por si alguien quiere correr la voz.  Quizá a alguno le sirvan también para alimentar la jornada de reflexión.

    Para lograr una democracia real necesitamos:

     1. Implantar un sistema electoral de las listas abiertas. No habrá regeneración posible mientras los políticos estén más pendientes de las ejecutivas y mandamases de sus partidos que de sus electores, a quienes deberían verdaderamente representar y dar cuenta. Creo que hay que insistir machaconamente en esto porque solo con listas abiertas puede acabarse con esta asfixiante partitocracia que está pulverizando la sociedad civil española.

    2. Que los partidos renuncien a los cuneros, esos candidatos que, gracias a los amigos, logran aparecer número uno por una provincia en la que no viven, ni conocen, ni les importa un carajo (en Murcia, Elvira Rodriguez, exministra de Aznar, es solo un ejemplo). Ante el probable riesgo de que los partidos desatiendan este punto, propongo no votar listas en los que aparezcan cuneros.

    3. Que los partidos se tomen en serio la lucha contra la corrupción. A ver si me explico bien: me refiero no a luchar contra la corrupción del partidario adversario sino contra la corrupción detectada en el propio partido. Ahí sí, ahí sí que apelar a la presunción de inocencia, mirar para otro sitio o justificar al compañero está a la orden del día. (Adjunto lista de 55 implicados que se presentan en las listas electorales del 22 de mayo) Sugerencia: no votar listas en las que haya políticos implicados en procesos de corrupción.

    4. Exigirles ejemplaridad porque no habrá regeneración moral mientras la clase política no dé ejemplo. Estoy hablando de pensiones vitalicias, dietas, coches oficiales, residencias oficiales, aviones oficiales para usos privados, viajes en business, absentismo parlamentario, comilonas, alquiler de Limusinas, vacaciones en Doñana, y todas esas cosas que ustedes conocen muy bien, con las que no es que desvencijen los presupuestos pero que tienen la extraña capacidad de hacernos jurar en arameo.

    5. Programa, programa, programa. Echo de menos la insistencia de Anguita. Necesitamos propuestas, proyectos, promesas incluso. Pero concretas, no frasecitas de miting explicando que el otro partido es malo malísimo y que el nuestro nos va a llevar al paraíso… Ya estamos cansadísimos de demagogia baratísima.

     Hay más cosas: cambio de la ley electoral, fin de la disciplina de voto, medios de comunicación (menos dóciles, menos miedosos o las dos cosas), ventajas y desventajas del bipartidismo… pero como apuntes antes del 22 me parecen suficientes. Que usted vote bien, o sea sin dejar que le arrastre la costumbre: pensando el voto, con inteligencia. Y, por qué no, también con ilusión y esperanza.
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