¿Por qué no restablecemos la loable institución de la esclavitud?
En la competición establecida en España desde que se inició la crisis económica por ver quien dice la mayor tontería, la última ha correspondido a José de la Cavada, director de relaciones laborales de la CEOE, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, entidad que, dicho sea de paso, debería cuidar un poco las palabras que salgan de la boca de sus responsables, pues no creo que hoy por hoy estén muy legitimados para dar lecciones a nadie, a la vista de los acontecimientos que en los últimos años han acaecido en su seno.
José de la Cavada ha sugerido la supresión de los días que los trabajadores tienen reconocidos en el Estatuto en caso de muerte de un familiar de primer grado: padres, hijos, hermanos, esposa o esposo, uno de los pocos derechos que les quedan a quienes aún tienen un empleo. Éste prenda fue el que también propuso en 2010 un contrato basura para jóvenes sin Seguridad Social ni indemnización por despido. Que Dios le conserve la imaginación y el sentido de la oportunidad.
Lo preocupante es que tales ideas no creo que se le ocurran como por arte de magia a una persona un día que se levanta eufórica. Se le ocurren, como globo sonda, a ver si cuela, porque germinan en el ambiente donde se desarrolla su trabajo.
Puestos en esas, yo voy a exponer aquí mi propia idea –llámenla tontería, si quieren, que no me ofende- sobre la que vengo reflexionando ya un tiempo. ¡No se imaginan cómo me arde el cerebro de tanto pensar!
El FMI, la OCDE, cualquier comisario de la pintoresca y ultraconservadora Comisión de la UE en Bruselas, y ciertos ámbitos empresariales, nos machacan siempre que les ponen un micrófono delante de las narices -¡y cómo les gustan los micrófonos!- que hay que dar una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral en España, para facilitar la contratación de los millones de trabajadores que la doctrina económica en boga, el neoliberalismo más rampante e insolidario, está dejando tirados por doquier.
Como solución a eso yo propongo –además de quitarles los micrófonos a los organismos y personajes antes citados, para que dejen de amargarnos la vida un día sí y otro también- y lo propongo porque sé que algunos lo están pensando y no se atreven a decirlo, lo siguiente:
1.- Restablecer la esclavitud.
Sabido es que en ciertas partes del mundo, y no voy a decir nombres porque están en la mente de todos, la economía y las grandes fortunas crecieron en épocas pasadas, algunas no muy pasadas, sobre la base de esa loable institución de la esclavitud.
2.- La esclavitud será temporal.
Como antes era el servicio militar, dos años de nuestra vida dedicados al servicio a la Patria. Pues ahora dos años de nuestra vida dedicados al servicio de esta endeble economía que tenemos en España. En ese periodo todos los españoles –los inmigrantes también ¡qué se han creído!- entre los 18 y los 25 años estarán obligados a prestar servicio como esclavos. De paso reduciremos el insoportable paro juvenil, no sea que en algún momento estos chavales puedan ser fuente de un indeseable conflicto social.
3.- En situaciones excepcionales las levas de esclavos podrán llegar a los 65 años.
Unos y otros recibirán cama y comida, no demasiada para que no engorden, que no es bueno para la salud. Sus familias podrán acudir a comedores sociales dirigidos por ONGs, administradoras de la ayuda del 0,7 por ciento que nos llegará desde África fundamentalmente. El periodo de esclavitud no devengará derecho a pensión, si es que por casualidad quedan pensiones.
Con este método, en quince o veinte años podríamos sacar a nuestro país de la crisis, estoy convencido.
Cierto que las diferencias sociales se harán insoportables, pero ¿qué más da si la voracidad de los dioses de la deuda, la fiscalidad y los sacrosantos mercados queda satisfecha? Al menos tendremos la ventaja de no tener que seguir oyendo un día sí y otro también declaraciones como la última del señor de La Cavada.
En fin, espero que mis tres lectores me perdonen el artículo de hoy –una solemne tontería, para ser benigno en la calificación, lo sé-, pero es que hay días en que en esta España, a la que a pesar de todo sigo queriendo, uno tiene que tomarse la vida a título de inventario porque, si no, le entran ganas de tirarse al monte.
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José de la Cavada ha sugerido la supresión de los días que los trabajadores tienen reconocidos en el Estatuto en caso de muerte de un familiar de primer grado: padres, hijos, hermanos, esposa o esposo, uno de los pocos derechos que les quedan a quienes aún tienen un empleo. Éste prenda fue el que también propuso en 2010 un contrato basura para jóvenes sin Seguridad Social ni indemnización por despido. Que Dios le conserve la imaginación y el sentido de la oportunidad.
Lo preocupante es que tales ideas no creo que se le ocurran como por arte de magia a una persona un día que se levanta eufórica. Se le ocurren, como globo sonda, a ver si cuela, porque germinan en el ambiente donde se desarrolla su trabajo.
Puestos en esas, yo voy a exponer aquí mi propia idea –llámenla tontería, si quieren, que no me ofende- sobre la que vengo reflexionando ya un tiempo. ¡No se imaginan cómo me arde el cerebro de tanto pensar!
El FMI, la OCDE, cualquier comisario de la pintoresca y ultraconservadora Comisión de la UE en Bruselas, y ciertos ámbitos empresariales, nos machacan siempre que les ponen un micrófono delante de las narices -¡y cómo les gustan los micrófonos!- que hay que dar una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral en España, para facilitar la contratación de los millones de trabajadores que la doctrina económica en boga, el neoliberalismo más rampante e insolidario, está dejando tirados por doquier.
Como solución a eso yo propongo –además de quitarles los micrófonos a los organismos y personajes antes citados, para que dejen de amargarnos la vida un día sí y otro también- y lo propongo porque sé que algunos lo están pensando y no se atreven a decirlo, lo siguiente:
1.- Restablecer la esclavitud.
Sabido es que en ciertas partes del mundo, y no voy a decir nombres porque están en la mente de todos, la economía y las grandes fortunas crecieron en épocas pasadas, algunas no muy pasadas, sobre la base de esa loable institución de la esclavitud.
2.- La esclavitud será temporal.
Como antes era el servicio militar, dos años de nuestra vida dedicados al servicio a la Patria. Pues ahora dos años de nuestra vida dedicados al servicio de esta endeble economía que tenemos en España. En ese periodo todos los españoles –los inmigrantes también ¡qué se han creído!- entre los 18 y los 25 años estarán obligados a prestar servicio como esclavos. De paso reduciremos el insoportable paro juvenil, no sea que en algún momento estos chavales puedan ser fuente de un indeseable conflicto social.
3.- En situaciones excepcionales las levas de esclavos podrán llegar a los 65 años.
Unos y otros recibirán cama y comida, no demasiada para que no engorden, que no es bueno para la salud. Sus familias podrán acudir a comedores sociales dirigidos por ONGs, administradoras de la ayuda del 0,7 por ciento que nos llegará desde África fundamentalmente. El periodo de esclavitud no devengará derecho a pensión, si es que por casualidad quedan pensiones.
Con este método, en quince o veinte años podríamos sacar a nuestro país de la crisis, estoy convencido.
Cierto que las diferencias sociales se harán insoportables, pero ¿qué más da si la voracidad de los dioses de la deuda, la fiscalidad y los sacrosantos mercados queda satisfecha? Al menos tendremos la ventaja de no tener que seguir oyendo un día sí y otro también declaraciones como la última del señor de La Cavada.
En fin, espero que mis tres lectores me perdonen el artículo de hoy –una solemne tontería, para ser benigno en la calificación, lo sé-, pero es que hay días en que en esta España, a la que a pesar de todo sigo queriendo, uno tiene que tomarse la vida a título de inventario porque, si no, le entran ganas de tirarse al monte.
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