Sin ideales no hay rumbo
Yo veo a Rodríguez Zapatero y, qué quieren que les diga, me asalta la duda; no acerca de si nos va a mentir hoy, sino de a qué hora va a hacerlo. De lo que estoy convencido sin duda ninguna es de que ZP es el peor presidente de gobierno que hemos tenido en treinta y cinco años. No porque su buenismo patológico nos sobresalte de susto en susto, ni porque aún tenga pendientes las dos tardes de economía que le prometió Jordi Sevilla, ni porque continúe de mudito 'made in Spain' en las cumbres europeas, ni porque se equivoque o acierte, lo haga bien o lo haga mal… El personaje es humano y como tal puede errar e incluso errar con perseverancia. Digo que para mí es el peor presidente porque ningún otro antes que él mostró ideas tan contradictorias y erráticas, y, lo que es peor, semejante carencia de proyecto, de rumbo y de ideales.
Y es entonces cuando la cosa se pone chunga, porque un gobernante puede equivocarse -como no- pero, si pretende liderar a un pueblo, es necesario que tenga convicciones, que estén sólidamente asentadas sobre valores y que éstos, a su vez, constituyan un ideal por el que valga la pena luchar. Bueno, pues Zapatero hace tiempo que cambió sus ideales por un plato de pragmatismo llamado yo-me-quedo-en-Moncloa-al-precio-que-sea.
Y esa es la razón por la que cada mañana nos sorprende con una nueva. La de hoy es que el gobierno central va a autorizar a Cataluña a refinanciar la deuda que vence este año e, incluso, va a permitir que genere nueva deuda. Ahí lo tienes, con dos narices, porque conviene llevarse bien con un puñado de votos convergentes o porque no es cosa de irritar aún más al electorado socialista catalán. Da igual que Cataluña no haya presentado ningún plan de ajuste; da igual que el Consejo de Política Fiscal aún no se haya reunido; da igual que Murcia y Castilla la Mancha y el Ayuntamiento de Madrid sientan que se incurre en un injusto agravio comparativo… Todo da igual porque no importa la palabra dada, los compromisos, las convicciones, los valores ni los ideales. Zapatero era un chavalín cuando Felipe González volvió de China recitando aquello de "gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones". Y, oye, se lo aprendió, vaya que se lo aprendió.
No critico a Artur Mas pues, en el fondo, hace lo que haría cualquier presidente autonómico en su lugar: pedir para casa. Hombre, podía haber sido más elegante, eso sí, porque lo de ir diciendo que "hay que pasar de lo que digan (las demás autonomías)", pues queda como un pelín prepotente y hasta insolidario, fíjate. Ah, no, aguarda, que a renglón seguido añadió el corolario victimista habitual: "En los últimos 30 años, Cataluña ha hecho muchos más sacrificios que beneficios ha obtenido. Por eso le digo al resto de España: nosotros también tenemos derecho a la vida". ¡Ah, bueno, espérate, que resulta que la cosa de la deuda tiene que ver con el sacrificio dichoso! Entonces es lógico que se les permita lo que a los demás se les niega. No había caído…
Tampoco se me malinterprete, que no estoy diciendo yo que el Gobierno murciano haya administrado bien, que eso no se me ocurre decirlo ni harto de vino. Pero es lógico que en San Esteban sienten a cuerno quemao estas deferencias que Zapatero tiene para con otros y el ninguneo con que trata al resto. Sí, levantan ampollas porque, sencillamente, son injustas. Y entonces Valcárcel se apresura a escribir a Moncloa para que lo reciban… Para mí que lo lleva claro. Porque el problema de fondo es que Moncloa hace tiempo que dejó de creer en la justicia, en los valores, en el diálogo, en el honor, en los ideales… Nada de eso importa: solo mantenerse y mantener a los míos al precio que sea; aunque eso suponga que haya que ir aguantando el tipo con la dignidad de un boxeador sonao. Digo yo que cuando eso ocurre da igual con qué programa te presentaste: sencillamente, tienes que irte.
Y es entonces cuando la cosa se pone chunga, porque un gobernante puede equivocarse -como no- pero, si pretende liderar a un pueblo, es necesario que tenga convicciones, que estén sólidamente asentadas sobre valores y que éstos, a su vez, constituyan un ideal por el que valga la pena luchar. Bueno, pues Zapatero hace tiempo que cambió sus ideales por un plato de pragmatismo llamado yo-me-quedo-en-Moncloa-al-precio-que-sea.
Y esa es la razón por la que cada mañana nos sorprende con una nueva. La de hoy es que el gobierno central va a autorizar a Cataluña a refinanciar la deuda que vence este año e, incluso, va a permitir que genere nueva deuda. Ahí lo tienes, con dos narices, porque conviene llevarse bien con un puñado de votos convergentes o porque no es cosa de irritar aún más al electorado socialista catalán. Da igual que Cataluña no haya presentado ningún plan de ajuste; da igual que el Consejo de Política Fiscal aún no se haya reunido; da igual que Murcia y Castilla la Mancha y el Ayuntamiento de Madrid sientan que se incurre en un injusto agravio comparativo… Todo da igual porque no importa la palabra dada, los compromisos, las convicciones, los valores ni los ideales. Zapatero era un chavalín cuando Felipe González volvió de China recitando aquello de "gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones". Y, oye, se lo aprendió, vaya que se lo aprendió.
No critico a Artur Mas pues, en el fondo, hace lo que haría cualquier presidente autonómico en su lugar: pedir para casa. Hombre, podía haber sido más elegante, eso sí, porque lo de ir diciendo que "hay que pasar de lo que digan (las demás autonomías)", pues queda como un pelín prepotente y hasta insolidario, fíjate. Ah, no, aguarda, que a renglón seguido añadió el corolario victimista habitual: "En los últimos 30 años, Cataluña ha hecho muchos más sacrificios que beneficios ha obtenido. Por eso le digo al resto de España: nosotros también tenemos derecho a la vida". ¡Ah, bueno, espérate, que resulta que la cosa de la deuda tiene que ver con el sacrificio dichoso! Entonces es lógico que se les permita lo que a los demás se les niega. No había caído…
Tampoco se me malinterprete, que no estoy diciendo yo que el Gobierno murciano haya administrado bien, que eso no se me ocurre decirlo ni harto de vino. Pero es lógico que en San Esteban sienten a cuerno quemao estas deferencias que Zapatero tiene para con otros y el ninguneo con que trata al resto. Sí, levantan ampollas porque, sencillamente, son injustas. Y entonces Valcárcel se apresura a escribir a Moncloa para que lo reciban… Para mí que lo lleva claro. Porque el problema de fondo es que Moncloa hace tiempo que dejó de creer en la justicia, en los valores, en el diálogo, en el honor, en los ideales… Nada de eso importa: solo mantenerse y mantener a los míos al precio que sea; aunque eso suponga que haya que ir aguantando el tipo con la dignidad de un boxeador sonao. Digo yo que cuando eso ocurre da igual con qué programa te presentaste: sencillamente, tienes que irte.





















