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Murcia, ¿destino de cine?

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‘Suite 45’ no es la última película de Woody Allen, que ni está grabada en la Región de Murcia ni tiene de protagonista a Penélope Cruz. Y eso que su padre regenta una peluquería en La Manga. No, se trata de un proyecto para fomentar proyectos innovadores en el sector turístico entre jóvenes empresarios y la Administración regional.

Como pueden imaginar, ‘suite’ hace referencia al nombre de las mejores habitaciones de los hoteles, las que cuentan según la Real Academia con “sala, alcoba y cuarto de baño”. Una marca recién nacida que cuenta con el apellido de ‘45’ en referencia al número de municipios que componen la comunidad.

Una iniciativa que busca orientar el talento emprendedor hacia el sector y, además, resultar viable económicamente. Por lo que ahí va mi idea: servirnos del cine como reclamo turístico. Con contadas excepciones, la Región es un lugar fuera del mundo cinematográfico -dejando a un lado el desembarco de la multinacional Paramount Pictures-.

Sí, es verdad que cerca de cuarenta de títulos de directores como Carlos Saura, Imanol Uribe, Bigas Luna o, más recientemente, Álex de la Iglesia, han utilizado Cartagena, el Mar Menor, el Río Mula, Murcia o el Alto Guadalentín como escenarios de película. Pero me temo que a pesar del talento de estos cineastas, para toda una generación de españoles siempre seremos ‘En un lugar de La Manga’.

Es decir, Manolo Escobar, Concha Velasco, Gracita Morales y José Luis López Vázquez. No se me ocurre un cartel más pintoresco. Al parecer, su director, José Luis Sáenz de Heredia, era un enamorado de la Región. Porque también repitió con Murcia -concretamente, con el Balneario de Fortuna- en ‘Historias de televisión’. Allí la Velasco le cantó por primera vez a Tony Leblanc que era una chica ‘ye-yé’.

A día de hoy, después de las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Arturo Pérez-Reverte, nuestra imagen dependerá de ‘La chispa de la vida’. Una grabación en la que Álex de la Iglesia puso patas arriba Cartagena al congregar a más de un millar de personas como extras, en la que seguro que el Teatro Romano es una de las principales localizaciones de la película.

Pero, ¿por qué convertir a la Región en una comunidad de cine? Muchos turistas se ven influenciados por el séptimo arte a la hora de elegir su lugar de sus vacaciones. Se trata de un medio potentísimo para generar, alterar o reforzar la imagen de un destino. Sin caer en la película-anuncio, al estilo de ‘Vicky Cristina Barcelona’. Porque no creo que nadie hiciera un máster en identidad murciana. Auque nada es descartable.

En un mercado ultracompetitivo y saturado, muchos destinos han adoptado por nuevas técnicas de promoción a través de una creación nueva de su imagen de marca. Entre ellas se encuentra, por supuesto, ‘No-typical’. Lo que está claro es que no hay mejor técnica de markeking que el cine de calidad, ya que fortalece la imagen de marca de un destino -en ocasiones- hasta la posteridad.

Los destinos turísticos cuentan con unos presupuestos de promoción escasísimos, por lo que por qué no apostar por vender la marca Murcia a través de la más grande de las pantallas. Cuántas películas tienen como protagonista principal o secundario a París, Londres, Madrid, Roma, Nueva York o Berlín.

Sí, obviamente son capitales preñadas de historias, pero también han tenido su hueco en el cine ciudades como Oviedo, Sevilla, Orense o Valencia. Incluso, otras como la población albaceteña de Molinicos tuvieron su protagonismo en ‘Amanece que no es poco’. Obra maestra inclasificable en la que José Luis Cuerda popularizó localizaciones de la Sierra del Segura.

Aunque quizá el pueblo más popular por ser escenario de película es ‘Bienvenido Mister Marshall’: Guadalix de la Sierra. Célebre porque Luis García Berlarga lo vistió de andaluz para recibir a los americanos. Aunque los lectores más jóvenes relacionarán este pueblo de la sierra madrileña con la localización de la casa de Gran Hermano.

El paisaje es el telón de fondo de la película, que si gusta, puede ser un imán turístico por sí mismo. Almendralejo está detrás de ‘Los santos inocentes’, en donde Paco Rabal buscaba por el cielo de Badajoz a su ‘Milana bonita’. Javier Bardem sobrevuela las playas de Boiro en ‘Maradentro’, así como el litoral de Lanzarote desempeña un papel básico en ‘Los abrazos rotos’.

Porque el séptimo arte acerca al espectador a ciudades y lugares cercanos o lejanos que no conocía. Pero que, con el tiempo, soñará con conocer. Quién no ha querido pasear con un jersey de cuello vuelto por las orillas del Sena como Marlon Brando en ‘Último tango en París’, o con bañarse en la Fontana de Trevi emulando a Anita Ekberg en ‘La dolce vita’. O con realizar un safari por Kenia y enamorarse de un cazador al estilo de Clark Gable en ‘Mogambo’.

Aunque las películas no son producidas con el fin de inducirnos a visitar un destino, es evidente que puede cautivar a un gran número de visitantes en menos de dos horas. Así, una playa, un monumento, un hotel, una esquina, un restaurante o un bar de copas puede convertirse en lugar de peregrinación.

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