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Opinión |
Lunes, 29 de Agosto de 2011

Rumbo adecuado, travesía larga

Agosto de 2011 pasará a la historia por haber protagonizado un nuevo crash bursátil, pero también por haber sido un mes importante para la salida de la crisis. Un mes que, además, nos ha vuelto a recordar cómo funcionan hoy en día los mercados, con movimientos cuando menos extraños, como los del Dax en algunas sesiones del mes y en particular el jueves pasado cuando se hundió más de un 4% en pocos minutos sin causa aparente, al difundiese un rumor, luego desmentido, según el cual Alemania iba a ser rebajada en su calificación crediticia. Sin duda los supervisores van a tener un trabajo difícil para evitar este y otros comportamientos que desacreditan a los mercados financieros y a su función de asignar los recursos de forma eficiente.
 
Pero, dejando al margen estos aspectos, más bien secundarios, y centrándonos en la economía, agosto, como decíamos, ha sido un mes importante. Por primera vez desde que empezó la crisis hemos visto un compromiso conjunto y decidido de los Gobiernos para reducir la deuda publica y para avanzar hacia el equilibrio presupuestario. Los Gobiernos han acabado entendiendo que un problema de deuda no se arregla cambiando de sitio la deuda, sino reduciendo de verdad la deuda. El acuerdo del Congreso americano sobre el debt ceiling, con el que empezó este convulso agosto, y las iniciativas de austeridad fiscal italiana y española en la zona euro, dentro de un consenso general de ortodoxia presupuestaria, marcan el rumbo adecuado, aunque la travesía, a partir de ahí, va a ser larga.
 
La ortodoxia fiscal y las políticas de oferta "pro growth", que incorporan las famosas reformas estructurales, así como una adecuada capitalización del sistema bancario, son claves para una reactivación sostenible y este es el nuevo enfoque a partir de julio, que en el caso de la zona euro incorpora además la idea de la reestructuración de la deuda. Este nuevo enfoque en la zona euro es fundamental, ya que los problemas de la deuda bancaria y soberana de algunas economías de la zona constituyen la única amenaza sistémica seria para el conjunto de economía global. Los demás riesgos, incluida la desaceleración, son manejables.
 
La consecuencia de ese nuevo enfoque es que la austeridad fiscal pasa peaje al crecimiento, y el PIB crece menos. Es lógico, y era esperable, pero la reacción de las Bolsas ha sido muy fuerte, como si el mundo se hundiese. La duda es si estamos ante un menor crecimiento o ante una recesión y en lo que a la Bolsa se refiere si estamos ante una tormenta de verano o ante una corrección que nos llevará a niveles más bajos. Solo el tiempo dirá si, una vez más, las Bolsas han descontado una recesión global que nunca se va a producir. Pero conviene poner las cosas en perspectiva.
 
Hace un año, en agosto de 2010 las Bolsas y los mercados estaban aparentemente tranquilos, tras el seudo rescate griego, pero esa tranquilidad era falsa. No se estaban haciendo las cosas bien, como denunciamos de forma reiterada en estos comentarios semanales. Ahora ocurre lo contrario, las Bolsas están agitadas, pero las cosas se están haciendo en la dirección correcta, en el rumbo bueno, aunque queda mucho por hacer.

En agosto de 2011 las Bolsas ha descontado una recesión dura. Hemos visto los tipos de los bonos largos del Tesoro americano por debajo del 2%, nivel al que no habían bajado desde 1950, tras la guerra, hemos visto al oro subir de los 1.900 dólares la onza, y hemos visto como índices muy fuertes y con mucha exposición al crecimiento global, como el Dax o el Kospi, se desplomaban literalmente en pocos minutos. Pero los datos que han aparecido, incluida la revisión del pasado viernes del PIB americano del segundo trimestre del 1,3 % al 1% aunque sean negativos indican un menor crecimiento económico, no una recesión.
 
El eje del discurso de Bernanke el pasado viernes en Jackson Hole es que la recesión es evitable, y por eso Bernanke transmitió una serenidad muy necesaria a unos mercados fuera de equilibrio, llenos de ruido y de rumores muchas veces malintencionados y falsos. Lo más importante de Bernanke el viernes fue lo que no dijo. Su serenidad, su calma, su no histerismo, su no precipitación, son la mejor medicina para unas Bolsas llenas de ansiedad, que deben encontrar su propio suelo sin necesidad de ayudas artificiales.
 
Lo que vino a decir Bernanke es que hoy la situación no es tan preocupante como cuando hace un año puso en marcha la QE2 y que la economía norteamericana tendrá más brío en la segunda mitad del año, pero que, si no lo tiene, la FED dispone de herramientas suficientes para estimularla. Es un mensaje que tranquiliza y por eso, tras una primera reacción negativa de unos mercados ansiosos que deseaban un nuevo QE3, la segunda lectura del discurso de Bernanke fue buena.
 
En cuanto a las Bolsas, como decíamos, deben encontrar su propio suelo sin necesidad de estímulos externos. La casi infantil actitud de muchos operadores esperando, como si de ello dependiese la vida, el discurso de Bernanke en Jackson Hole, contrasta con la iniciativa de un inversor veterano, Warren Buffet, que sin esperar a ese discurso, anunció el jueves una inversión, vía préstamo convertible, en Bank of America, considerando que tras las fortísimas caídas el precio de Bank of America es muy bueno. Inversión que, por cierto, tuvo que hacer con peores condiciones financieras que las que consiguió en otoño de 2008 en Goldman Sachs y en Bank of America, ya que, como dijo el propio Buffet, la situación actual no es la de 2008, sino mejor.
 
Al final, el éxito en la inversión va más unido a comprar a buenos precios que a esperar medidas providenciales de los Bancos Centrales o los gestores de la política económica. Esa es la lección que nos ha vuelto a dar esta semana Buffet. Un mensaje que nos recuerda que, al menos en algunos casos, las caídas de agosto son excesivas y generan oportunidades.
 
Nos espera una semana llena de datos, sobre todo en Estados Unidos, cuyas Bolsas llevan notable ventaja a las europeas en agosto. Veremos el índice Shiller, la confianza del consumidor americano medida por la Conference Board (tras el buen dato de confianza de la Universidad de Michigan que conocimos el pasado viernes) y otros datos, pero los platos fuertes serán sin duda el informe de empleo de agosto que se publica el viernes, precedido el miércoles por la encuesta privada ADP y el ISM de manufacturas de agosto que se publica el jueves. Si atendemos a los mensajes de Bernanke y al precedente del buen dato de pedidos de bienes duraderos que conocimos el miércoles pasado, tal vez los datos de esta semana no sean tan malos como han descontado de forma histérica las Bolsas veraniegas.
 
En la zona euro la atención se centra siempre en los siempre complicados desarrollos del problema de la deuda y ahí la sensación es que se va a hacer lo que se tiene que hacer, pero con calma. La compra del tiempo político necesario para ir avanzando la pagará el BCE, a pesar se sus retóricas apelaciones a la ortodoxia monetaria.
 
A corto plazo en la evolución de las Bolsas es clave lo que haga el Dax, que ha sido el peor índice europeo en agosto, y es también clave que las Bolsas europeas recuperen el terreno perdido frente a las americanas en esta última semana, en la que los tres grandes índices americanos han subido en torno al 5% y el Eurostoxx se ha quedado en un modesto avance del 1,4%. En algún lado se tendrá que colocar la liquidez generada por la salida de Fondos, que en julio ha sido mayor salida de dinero de fondos de renta fija y variable desde el primer trimestre de 2009, y los blue chips europeos, con rentabilidad por dividendo muy atractivas, podrían ser un buen candidato.
 
Esta crisis dará todavía muchas vueltas y las Bolsas también, por tanto habrá nuevas turbulencias, pero tras los excesos y los mensajes confusos de agosto, apostaríamos por una cierta tranquilidad y recuperación de las Bolsas, sobre todo de las europeas, en septiembre.
 

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