La Bolsa en una economía de bajo crecimiento
Los tres problemas que han propiciado el crash bursátil de agosto han sido el temor a una fuerte recesión global, el contagio de los problemas de la deuda europea a España, Italia y Francia y el temor a que los Bancos europeos deban reforzar su capital, derivado precisamente de ese contagio a toda la zona euro de la problemática de la deuda soberana. En base a esos temores, la estrategia ganadora en agosto y también en las dos primeras sesiones de septiembre ha sido relativamente sencilla: vender Bolsa, comprar oro y comprar bonos del Tesoro alemanes (Bund) y americanos (T bond). Esa receta de éxito parece tan fácil y repetitiva que empieza incluso a popularizarse.
Empezando por la temida recesión global, pronosticada por el informe de Morgan Stanley publicado el 18 de agosto, está claro que, de producirse, sería muy negativa para las empresas cotizadas, que verían mermados sus beneficios ante una caída global de la demanda, y a la vez sería magnifica para los bonos, porque en un mundo en deflación la deuda sube. Más aún si los programas de consolidación fiscal hacen que la oferta de bonos públicos se reduzca previsiblemente en los próximos años. El argumento para la subida del oro es mas difícil, pero ya se sabe que el oro ha subido esencialmente porque muchos lo consideran el valor refugio por excelencia en tiempos de crisis.
La pregunta es que pasa si la economía, en lugar de entrar en una recesión fuerte, entra simplemente en una fase de crecimiento bajo, pero positivo. Es decir, si la demanda no cae fuertemente, sino simplemente se contiene o sube débilmente. En este escenario las empresas no verían tan dañadas sus ventas, ni tampoco sus márgenes, y además, tras la crisis, habría menos empresa para atender a un mercado que no crecería, pero que seguiría ahí. Por otro lado las empresa que hayan superado la crisis, en una supervivencia casi darwiniana, serían empresas fuertes, bien gestionadas, ganadoras. Empresas que ganarían dinero, manejando bien sus costes y aprovechando al máximo la revolución de las tecnologías de la información, y que serían capaces de repartir dividendos generosos a sus accionistas. Esos dividendos, comparados con el raquítico interés ofrecido por los bonos de Tesoro, serían muy atractivos.
Si además los Bancos Centrales optasen políticas monetarias laxas para reactivar la economía, habría posiblemente una inflación suave, lo cual llevaría a quienes hoy compren bonos del Tesoro alemán o americano a diez años al 2% a perder bastante dinero.
Es obvio que esta tesis de inversión en acciones ha estado totalmente alejada del pensamiento de los operadores y de los inversores en agosto, que solo han manejado la hipótesis de la recesión global. Pero algunos inversores cualificados, economistas y hombres de negocios han defendido en plena tormenta la bondad de comprar acciones. Tesis provocadora, pero defendida por Warren Buffet que tras afirmar que esto no es el 2008 invirtió cinco mil millones de dólares en Bank of America, y también por uno de los inversores de mayor éxito en las nuevas tecnologías, Marc Andreseen, que en un articulo reciente en Wall Street Journal decía que las Bolsas se están equivocando e invitaba a los inversores a no ser esclavos y a ver la dinámica de enorme creación de valor derivada de la revolución del software. Terminaba su articulo diciendo: "hay una gran oportunidad, sé donde pongo mi dinero". También Jeremy Siegel ha defendido en agosto en varios artículos su tesis de que las acciones de dividendo son hoy mucho mas seguras que la inversión en deuda publica. Incluso gestores en otro tiempo bajistas, como John Paulson o Bruce Bercowitz, apuestan ahora por la renta variable. Bercowitz va mas allá, apuesta por los Bancos (uno de las mayores posiciones de su cartera es Citi), y en julio dijo en Financial Times que "algún día los bancos serán vistos como la inversión mas segura de la Bolsa".
Pero estas opiniones son hoy minoría ante un escenario macro muy complejo, en el que la situación de la deuda soberana y de los Bancos de la zona euro son las preocupaciones mayores. La nueva directora del FMI, Christine Lagarde, dijo en Jackson Hole hace siete días que los Bancos europeos necesitan fortalecer su capital de forma importante y Nouriel Roubini insistía este fin de semana en la idea, cifrando en no menos de cien mil millones de euros esa necesidad de capitalización, y acusando a Europa de no haber hecho sus deberes para capitalizar la banca. Como una gran parte de los activos de los bancos europeos son, ahora mismo, bonos soberanos los dos problemas se retroalimentan. Además ni los líderes políticos de la zona ni el BCE de Trichet han demostrado hasta el momento capacidad para gestionar y resolver la crisis. Un BCE que, no lo olvidemos, subió dos veces los tipos antes del verano, cuando era ya obvio el estancamiento de la zona.
Por eso ha habido una enorme diferencia en el comportamiento entre las Bolsas americanas y las europeas. A cierre del pasado viernes, en Europa el Eurostoxx bajaba un 20,5% en el año, el Dax un 20%, el Ibex un 14% y la Bolsa de Milán un 25%. En Estados Unidos el Dow Jones y el Nasdaq, tras el recorte del viernes, bajan apenas un 2% y el S&P un 5,7%. En particular este verano el Dax ha perdido, a cierre del pasado viernes, el 26% desde sus máximos anuales de mediados de julio, en un desplome vertical impresionante.
Se hace difícil confiar en los líderes de la zona euro, pero lo cierto es que los problemas de la zona tienen solución y como al final nadie quiere romper el euro, y además es técnicamente difícil romperlo, todos pondrán el esfuerzo debido. También el cambio de aires en el BCE ayudará, con la renovación de su actual presidente.
Esta semana tenemos en Estados Unidos, tras el festivo lunes, el ISM de servicios el martes, el Libro Beige el miércoles y el nuevo plan económico de Obama el jueves, día en el también hablará en Minnesota Bernanke. En Europa el jueves hay reunión del BCE y del Banco de Inglaterra. El BCE tiene una magnifica oportunidad para rectificar su errónea doble subida de tipos y volver al 1%, anunciando incluso mayores rebajas de tipos si la inflación sigue cayendo. Pero no podemos hacernos ilusiones. Nos conformaríamos con que el BCE no repita sus absurdas y perversas decisiones de julio, ni repita la torpe y patética rueda de prensa de Trichet del 4 de agosto, que directamente provocó, según hablaba, el desplome de las Bolsas.
El viernes 9 se reúne el G20 y debería esta vez tomar decisiones de verdad, después de lo sucedido en agosto. La banca europea esta en el centro de la atención, y ahí el G20 tiene mucho que decir, sin duda, porque hoy el tema de la zona euro es el mayor riesgo global.
En definitiva, al empezar septiembre se puede optar por continuar con la estrategia ganadora en agosto, comprar bund, T bond y oro, y seguir vendiendo Bolsa, como pasó en la sesión de cierre semanal del pasado viernes. O bien se puede ir contra la moda dominante y, con los tipos de interés del bund y del T bond en al 2% y muchas grandes acciones ofreciendo dividendos del 7%, comprar Bolsa, si se esta dispuesto a soportar la volatilidad y si se piensa que tal vez la recesión global se quede en un crecimiento bajo, y que los problemas de la zona euro encontrarán solución pese a la complicada política europea.
Empezando por la temida recesión global, pronosticada por el informe de Morgan Stanley publicado el 18 de agosto, está claro que, de producirse, sería muy negativa para las empresas cotizadas, que verían mermados sus beneficios ante una caída global de la demanda, y a la vez sería magnifica para los bonos, porque en un mundo en deflación la deuda sube. Más aún si los programas de consolidación fiscal hacen que la oferta de bonos públicos se reduzca previsiblemente en los próximos años. El argumento para la subida del oro es mas difícil, pero ya se sabe que el oro ha subido esencialmente porque muchos lo consideran el valor refugio por excelencia en tiempos de crisis.
La pregunta es que pasa si la economía, en lugar de entrar en una recesión fuerte, entra simplemente en una fase de crecimiento bajo, pero positivo. Es decir, si la demanda no cae fuertemente, sino simplemente se contiene o sube débilmente. En este escenario las empresas no verían tan dañadas sus ventas, ni tampoco sus márgenes, y además, tras la crisis, habría menos empresa para atender a un mercado que no crecería, pero que seguiría ahí. Por otro lado las empresa que hayan superado la crisis, en una supervivencia casi darwiniana, serían empresas fuertes, bien gestionadas, ganadoras. Empresas que ganarían dinero, manejando bien sus costes y aprovechando al máximo la revolución de las tecnologías de la información, y que serían capaces de repartir dividendos generosos a sus accionistas. Esos dividendos, comparados con el raquítico interés ofrecido por los bonos de Tesoro, serían muy atractivos.
Si además los Bancos Centrales optasen políticas monetarias laxas para reactivar la economía, habría posiblemente una inflación suave, lo cual llevaría a quienes hoy compren bonos del Tesoro alemán o americano a diez años al 2% a perder bastante dinero.
Es obvio que esta tesis de inversión en acciones ha estado totalmente alejada del pensamiento de los operadores y de los inversores en agosto, que solo han manejado la hipótesis de la recesión global. Pero algunos inversores cualificados, economistas y hombres de negocios han defendido en plena tormenta la bondad de comprar acciones. Tesis provocadora, pero defendida por Warren Buffet que tras afirmar que esto no es el 2008 invirtió cinco mil millones de dólares en Bank of America, y también por uno de los inversores de mayor éxito en las nuevas tecnologías, Marc Andreseen, que en un articulo reciente en Wall Street Journal decía que las Bolsas se están equivocando e invitaba a los inversores a no ser esclavos y a ver la dinámica de enorme creación de valor derivada de la revolución del software. Terminaba su articulo diciendo: "hay una gran oportunidad, sé donde pongo mi dinero". También Jeremy Siegel ha defendido en agosto en varios artículos su tesis de que las acciones de dividendo son hoy mucho mas seguras que la inversión en deuda publica. Incluso gestores en otro tiempo bajistas, como John Paulson o Bruce Bercowitz, apuestan ahora por la renta variable. Bercowitz va mas allá, apuesta por los Bancos (uno de las mayores posiciones de su cartera es Citi), y en julio dijo en Financial Times que "algún día los bancos serán vistos como la inversión mas segura de la Bolsa".
Pero estas opiniones son hoy minoría ante un escenario macro muy complejo, en el que la situación de la deuda soberana y de los Bancos de la zona euro son las preocupaciones mayores. La nueva directora del FMI, Christine Lagarde, dijo en Jackson Hole hace siete días que los Bancos europeos necesitan fortalecer su capital de forma importante y Nouriel Roubini insistía este fin de semana en la idea, cifrando en no menos de cien mil millones de euros esa necesidad de capitalización, y acusando a Europa de no haber hecho sus deberes para capitalizar la banca. Como una gran parte de los activos de los bancos europeos son, ahora mismo, bonos soberanos los dos problemas se retroalimentan. Además ni los líderes políticos de la zona ni el BCE de Trichet han demostrado hasta el momento capacidad para gestionar y resolver la crisis. Un BCE que, no lo olvidemos, subió dos veces los tipos antes del verano, cuando era ya obvio el estancamiento de la zona.
Por eso ha habido una enorme diferencia en el comportamiento entre las Bolsas americanas y las europeas. A cierre del pasado viernes, en Europa el Eurostoxx bajaba un 20,5% en el año, el Dax un 20%, el Ibex un 14% y la Bolsa de Milán un 25%. En Estados Unidos el Dow Jones y el Nasdaq, tras el recorte del viernes, bajan apenas un 2% y el S&P un 5,7%. En particular este verano el Dax ha perdido, a cierre del pasado viernes, el 26% desde sus máximos anuales de mediados de julio, en un desplome vertical impresionante.
Se hace difícil confiar en los líderes de la zona euro, pero lo cierto es que los problemas de la zona tienen solución y como al final nadie quiere romper el euro, y además es técnicamente difícil romperlo, todos pondrán el esfuerzo debido. También el cambio de aires en el BCE ayudará, con la renovación de su actual presidente.
Esta semana tenemos en Estados Unidos, tras el festivo lunes, el ISM de servicios el martes, el Libro Beige el miércoles y el nuevo plan económico de Obama el jueves, día en el también hablará en Minnesota Bernanke. En Europa el jueves hay reunión del BCE y del Banco de Inglaterra. El BCE tiene una magnifica oportunidad para rectificar su errónea doble subida de tipos y volver al 1%, anunciando incluso mayores rebajas de tipos si la inflación sigue cayendo. Pero no podemos hacernos ilusiones. Nos conformaríamos con que el BCE no repita sus absurdas y perversas decisiones de julio, ni repita la torpe y patética rueda de prensa de Trichet del 4 de agosto, que directamente provocó, según hablaba, el desplome de las Bolsas.
El viernes 9 se reúne el G20 y debería esta vez tomar decisiones de verdad, después de lo sucedido en agosto. La banca europea esta en el centro de la atención, y ahí el G20 tiene mucho que decir, sin duda, porque hoy el tema de la zona euro es el mayor riesgo global.
En definitiva, al empezar septiembre se puede optar por continuar con la estrategia ganadora en agosto, comprar bund, T bond y oro, y seguir vendiendo Bolsa, como pasó en la sesión de cierre semanal del pasado viernes. O bien se puede ir contra la moda dominante y, con los tipos de interés del bund y del T bond en al 2% y muchas grandes acciones ofreciendo dividendos del 7%, comprar Bolsa, si se esta dispuesto a soportar la volatilidad y si se piensa que tal vez la recesión global se quede en un crecimiento bajo, y que los problemas de la zona euro encontrarán solución pese a la complicada política europea.





















