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Opinión |
Jueves, 19 de Septiembre de 2013

Sobran inmuebles y faltan soluciones de vida sostenible

Es tiempo de hacer una reflexión profunda, por parte de promotores y especialistas en vivienda nueva, sobre las posibilidades a nuestro alcance de seguir teniendo una utilidad reconocida en nuestro propio entorno social.

Si pensamos en la situación de la demanda, una lectura simple llevaría a creer que no van a hacer falta más viviendas nuevas hasta el 2018, como indica el conocido informe Acuña, amparado en la base estadística del estoc de viviendas general. La realidad, como tantas otras veces, es más compleja y variada. Sólo hay Micromercados y cada barreo de cada ciudad es uno. A partir de ahí, lo verdaderamente útil sería valorar su verdadera situación, concretando entonces las necesidades actuales de vivienda nueva. Lo llamativo es que sólo algunas voces autorizadas entran a explicar esta realidad.

Desde la perspectiva del promotor, resulta evidente que estamos precisados de valientes decisiones, que seguramente llevan implícitas el cuestionamiento de la propia misión empresarial y qué tipo de necesidad real podemos seguir atendiendo.

Valora, pensando en soluciones, si encuentras aquí propuestas de utilidad.

De cada crisis es posible, aunque no fácil como sabes por propia experiencia, extraer nuevos parámetros sociales. Uno de ellos, que nos interesa especialmente, es la utilidad real del denominado  "Inmueble".

En plena era industrial,  la posesión de uno de estos bienes raíces se convirtió, junto con el casamiento, en la medida del éxito personal y el propio prestigio social, además de la tranquilidad de pensar que uno invertía en un bien que nunca tendería a bajar.

En la vorágine de la actual “era del conocimiento”, ya superada la etapa intermedia llamada de la información, la posesión de un inmueble en sí mismo está siendo cuestionada profundamente por una amplia capa social, que vive la vida como el verdadero regalo y la experiencia vital como su esencia. A más conciencia, menos necesidad de "enladrillar" el propio futuro. Como esto no es una situación coyuntural, sino estructural en la propia (r)evolución social, puede ser oportuno plantearnos sus posibles salidas.

Una solución es que adquirir la vivienda en propiedad pase a tener para muchas personas un alto valor intrínseco, que le permita conseguir en esencia una mayor seguridad de realizar su proyecto de vida. Para ello se hace preciso poder unir las aportaciones tangibles de lo que hemos llamado aquí el "chásis", el inmueble, con valores intangibles esenciales,  que propician al cliente su propio desarrollo personal, profesional y social, facilitando la consecución de sus metas: una vida satisfactoria. Su pertenencia al grupo con su reconocimiento social y su progresión, tanto profesional como personal.

Y en esta aportación es donde el inmueble empieza a convertirse en el forjado de algo mucho más importante que la propia vivienda física: la oportunidad de lograr una #vidasostenible. Y aquí es donde tenemos cabida de nuevo los promotores y profesionales de vivienda nueva, al aportar al cliente el respaldo sólido capaz de ofrecer soluciones para su logro mantenido.

Por eso, a nuestro juicio, hay salida, incluso para competir con los bancos en su "océano rojo", propiciando un posible "océano azul" para aquellas personas, clientes potenciales, a las que demostremos que es realmente posible, y que decidan optar por un estilo de vida donde el compromiso con su presente y la mejora de su futuro sean un hecho de mutuo interés para las partes.

En nuestros encuentros de #cafevivienda entre promotores y profesionales del sector, cada día son más la voces que lo reclaman. No sólo no es contradictorio con la idea de beneficio empresarial, sino que sustenta la posibilidad real de que exista a partir de ahora, gracias a la solución propuesta para conseguir el proyecto de vida sostenible de nuestro cliente.

Las aportaciones esenciales pasan por una vivienda adaptada a sus necesidades actuales y futuras. Una ayuda comprometida real en su proyección profesional. Facilitar el acceso a la red de conocimiento y oportunidades, creada para ellos. Un apoyo en sus posibles necesidades económicas futuras. Propiciar un ahorro económico mantenido del propio hogar.

En una sociedad ya pretérita nuestra misión era poner en el mercado buenos inmuebles, que eran adquiridos para hacer sobre esa estructura física una vivienda, un hogar. En la sociedad actual donde ya impera lo intangible y en la que sobran inmuebles, nuestro sentido de utilidad precisa que nos transformemos en una empresa capaz de ofrecer una solución al proyecto de vida sostenible, que aporte servicio y conocimiento, además de la vivienda,  a la evolución consciente personal, familiar y social de nuestro nuevo cliente, sabiendo que estos parámetros están y estarán en continuo proceso de recreación y ajuste.

Un magnífico reto para nuestro nuevo presente. Que lo disfrutes y compartas con otros profesionales que estimes.

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