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Opinión |
Martes, 24 de Septiembre de 2013

Reformar o quemar las administraciones públicas

El pasado viernes mantuve un apasionado debate en Panamá con un amigo y colega centroamericano. Comentábamos las posibles opciones a realizar para conseguir que la gestión de las administraciones públicas esté al servicio real -sin eufemismos- del ciudadano o administrado.

Quememos el sistema y todas las instituciones públicas, me decía. Parecía muy influenciado por un reciente editorial publicado en un conocido medio de comunicación titulado “Quememos los colegios”, donde se analiza la perniciosa influencia de la gestión pública en la educación infantil. Mi vehemente amigo es un excelente conocedor del sistema público centroamericano en la administración de bienes y servicios. Propugnaba la quema y [Img #18136]destrucción total como única solución para acabar con un sistema corrupto, perverso e ineficaz, que se encuentra lleno de inmoralidades. Y que adoctrina a sus integrantes en el éxito fácil y en el conformismo, llegando incluso a burlar la ley. Además, ampara la corrupción y trata de convertir a los administrados en dóciles borregos.  

Yo le manifesté mi desacuerdo, defendiendo la regeneración de la -salvo muy honrosas y escasas excepciones- deficiente gestión pública mediante una reforma estructural y profunda de las AAPP. Una reforma muy profunda, más todavía, fuera fuegos de artificio que amagan y ganan tiempo para no actuar, con lo que el problema aumenta cada día. La solución no puede pasar por la quema y destrucción total, sino por reubicar el conocimiento de los administradores y su responsabilidad social en la gestión pública. Sólo así nuestras AAPP llevarán a cabo una gestión eficaz y responsable. Gestión que reclamamos todos los administrados, incluso quienes también ejercen como  administradores

En el siguiente movimiento me comunicó su jaque mate a mi argumentación. Eso será viable allá, en España, pero no acá, en Centroamérica, donde la clase política no actúa en defensa del bien común, sino en connivencia con los intereses egoístas de su formación partidista, a quien se debe por entero. Acá las AAPP tienen montado un chiringuito carísimo e insostenible, que está empobreciendo continuamente al ciudadano, que se encuentra asfixiado a impuestos y olvidado por aquellos a quienes votó en prueba de confianza hacia sus promesas. Promesas y votos de confianza que ahora se ven incumplidas y traicionados.

Y no pude contenerme: Pues eso, quememos el Sistema. Fue un golpe bajo y muy duro, para el que aún hoy no encuentro otra respuesta.

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