Murcia, aquí no hay nada
El murciano disfruta de una psicología chocante que le permite afirmar que Murcia "es el mejor sitio del mundo para vivir" y al tiempo, cada vez que me pregunto en voz alta por qué no vienen más turistas a Murcia, pone cara de estar oliendo a bajantes de cañería: "Pero es que para qué van a venir, si aquí no hay nada, vamos a ver, hombre, ¿me puedes decir qué tenemos aquí?". Para el murciano medio, Murcia es el mejor sitio pseudodesconocido a descubrir, pero no merece la pena que nadie lo descubra porque en todos los sitios peores para estar hay más cosas que hacer. Esto es como aquello que escribía Julio Camba de los restaurantes españoles de antes, cuando uno llegaba y preguntaba qué tenían para comer, y le respondían "tenemos de todo". Con lo que Camba entendía que lo que querían decir es "no tenemos de nada", y que si no obstante el cliente quería tomar algo le podían cocinar en ese momento unos huevos fritos... El murciano dice para sí mismo que aquí en la Región tenemos de todo lo que se necesita para disfrutar de la existencia excepto cuando se trata de contárselo a los turistas, que entonces resulta que mejor que los turistas se vayan a cualquier otra parte menos excelente, porque aquí, en fin, no hay pero que nada de nada.
He llegado a la conclusión de que el murciano está auténticamente orgulloso de que su tierra llegue a resultar el sitio menos localizable de España para los turistas extranjeros que nos pudieran hallar aunque sea por casualidad. Sólo hay que ver la intencionalidad quietista con que te dicen: "Para qué van a venir, vamos a ver, hombre". Naturalmente, yo creo que el murciano tiene la firme intención de que aquí no venga nadie nunca, o al menos que venga en moderadas dosis, no vaya a ser que el mundo se de cuenta de que tampoco resulta tan malo esto. Sólo hay que ver lo que se ha logrado hacer con La Manga después de cinco décadas desde que se pusiera en marcha su industria turística: el proyecto más ambicioso de todas las épocas habla de poner una pasarela peatonal que comunique por fin el istmo con el resto del planeta. Y cuando los turistas, venciendo nuestra voluntad, finalmente ponen todo su empeño en venir a Murcia de vacaciones, efectivamente les enseñamos que aquí no hay nada: se fletan excursiones para enseñarles el casino social de la capital. Yo no sé qué es peor, si que, como ocurría antes, los turistas se encuentren el casino cerrado en agosto o bien que se lo encuentren abierto. Debemos tener una idea muy pobre de nosotros como Región si la gente debe tomar vuelos baratos para acabar en el casino viendo cómo sus abonados aborígenes hacen una "relaxing" lectura de periódico. Realmente el ancestral talento "fenicio" de los murcianos, ése mismo del que habla el presidente Valcárcel cuando se dirige a alguna convención de empresarios venidos de fuera para destacar el talento de comerciantes, no lo he visto aún por ninguna parte cuando se trata de cultivar aquí la primera industria nacional. Aquí nos ponemos "fenicios" durante cinco minutos para lamentarnos de que en Murcia llevemos treinta o cuarenta años de retraso en desarrollo turístico y para planear posibles estrategias para el sector (eso sí, aquí los empresarios creen que las estrategias deben planearlas todas la administración, además de ponerles los hoteles), pero enseguida dejamos a los fenicios para ponernos tradicionalmente aislacionistas. Aquí afirmamos que no hay nada que desarrollar porque la nada no se desarrolla.
Pero es que tampoco hemos sabido vender esa nada, si es que aceptamos que eso es lo que existe aquí. La nada lunar atrae mucho al turismo por ejemplo británico o alemán. En mi opinión, incluso sería infinitamente mejor vender por ahí fuera la nada que vender el casino. Recuerdo que durante una época iba mucho a comer a una hospedería rural que llevaba un inglés físicamente parecido al cómico Benny Hill que había hecho teatro en Londres nada menos que junto a sir Richard Harris, situada en un lagartijal inhóspito entre los pueblos de Fortuna y Abanilla, el lugar donde menos llueve de Europa, según reza una placa de la ONU. Le pregunté qué demonios le había llevado a instalarse en un paraje donde nadie podía oírlo gritar. "Es el mejor lugar del mundo", me dijo, suspirando mientras contemplaba las un tanto inquietantes dunas calcáreas. Claro que si le hubiese preguntado un compatriota, a lo mejor mi inglés se habría puesto en plan murciano desmovilizador: "pero es que para qué vas a venir, hombre, si aquí no hay nada"...
Otros artículos de José Antonio Martínez-Abarca
He llegado a la conclusión de que el murciano está auténticamente orgulloso de que su tierra llegue a resultar el sitio menos localizable de España para los turistas extranjeros que nos pudieran hallar aunque sea por casualidad. Sólo hay que ver la intencionalidad quietista con que te dicen: "Para qué van a venir, vamos a ver, hombre". Naturalmente, yo creo que el murciano tiene la firme intención de que aquí no venga nadie nunca, o al menos que venga en moderadas dosis, no vaya a ser que el mundo se de cuenta de que tampoco resulta tan malo esto. Sólo hay que ver lo que se ha logrado hacer con La Manga después de cinco décadas desde que se pusiera en marcha su industria turística: el proyecto más ambicioso de todas las épocas habla de poner una pasarela peatonal que comunique por fin el istmo con el resto del planeta. Y cuando los turistas, venciendo nuestra voluntad, finalmente ponen todo su empeño en venir a Murcia de vacaciones, efectivamente les enseñamos que aquí no hay nada: se fletan excursiones para enseñarles el casino social de la capital. Yo no sé qué es peor, si que, como ocurría antes, los turistas se encuentren el casino cerrado en agosto o bien que se lo encuentren abierto. Debemos tener una idea muy pobre de nosotros como Región si la gente debe tomar vuelos baratos para acabar en el casino viendo cómo sus abonados aborígenes hacen una "relaxing" lectura de periódico. Realmente el ancestral talento "fenicio" de los murcianos, ése mismo del que habla el presidente Valcárcel cuando se dirige a alguna convención de empresarios venidos de fuera para destacar el talento de comerciantes, no lo he visto aún por ninguna parte cuando se trata de cultivar aquí la primera industria nacional. Aquí nos ponemos "fenicios" durante cinco minutos para lamentarnos de que en Murcia llevemos treinta o cuarenta años de retraso en desarrollo turístico y para planear posibles estrategias para el sector (eso sí, aquí los empresarios creen que las estrategias deben planearlas todas la administración, además de ponerles los hoteles), pero enseguida dejamos a los fenicios para ponernos tradicionalmente aislacionistas. Aquí afirmamos que no hay nada que desarrollar porque la nada no se desarrolla.
Pero es que tampoco hemos sabido vender esa nada, si es que aceptamos que eso es lo que existe aquí. La nada lunar atrae mucho al turismo por ejemplo británico o alemán. En mi opinión, incluso sería infinitamente mejor vender por ahí fuera la nada que vender el casino. Recuerdo que durante una época iba mucho a comer a una hospedería rural que llevaba un inglés físicamente parecido al cómico Benny Hill que había hecho teatro en Londres nada menos que junto a sir Richard Harris, situada en un lagartijal inhóspito entre los pueblos de Fortuna y Abanilla, el lugar donde menos llueve de Europa, según reza una placa de la ONU. Le pregunté qué demonios le había llevado a instalarse en un paraje donde nadie podía oírlo gritar. "Es el mejor lugar del mundo", me dijo, suspirando mientras contemplaba las un tanto inquietantes dunas calcáreas. Claro que si le hubiese preguntado un compatriota, a lo mejor mi inglés se habría puesto en plan murciano desmovilizador: "pero es que para qué vas a venir, hombre, si aquí no hay nada"...
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