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Opinión |
Martes, 08 de Octubre de 2013

Viviendo de tener razón

Para que en España haya ciudadanos de primera es absolutamente necesario que no sólo los haya de segunda, sino que los de segunda sean más y que no estén nunca totalmente desanimados. Es necesario que los de eterna segunda crean que van a ser tratados al fin por el Estado como si fueran de primera. ¿Qué sería de los pobres sin la esperanza de un mundo mejor? Que no tendrían ganas de levantarse por las mañanas para ir a producir. A los ciudadanos españoles de segunda hay que darles siempre la razón, y a los otros el dinero de los presupuestos generales. Hay comunidades autónomas de segunda en España que con la razón tienen para ir tirando durante al menos cincuenta años, como en los siglos del hambre en España se asomaba un poco de tocino a prudente distancia de la olla, a ver si el agua hirviendo cogía el olor.
 
Desde la proclamación autonómica, Murcia lleva sólo treinta años viviendo de su razón, a falta de justicia redistributiva desde el Estado. Y el asunto no debe de ser tan malo, porque como aquí dice todo el mundo con tono extremadamente satisfecho, "en Murcia es que se vive demasiado bien". Pues si se vive demasiado bien, habrá que compensar a otras regiones que se quejan de vivir un poco peor. El caso es que en los últimos días de agosto el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recibió a su homólogo murciano Valcárcel en Moncloa y, como no podría ser de otra manera, le dio la razón sobre la necesidad de una inminente financiación justa para esta Región, que es el objetivo primordial con el que el segundo había ido a ver al primero, ya que en los presupuestos no se contemplan los habitantes reales que tiene Murcia. Valcárcel se fue con la razón que le dio Rajoy a cuestas, tan satisfecho de las explicaciones como nos hubiésemos quedado todos. Con la razón tenemos para pasarnos como podamos otra temporada, viviendo todo lo bien que dicen que se vive en Murcia. Con la razón aguantaremos, igual que con el resentimiento tienen los presos inocentes para aguantar las más largas condenas. Pero, además de la razón, ¿recibiremos del Estado alguna cosa más?
 
Para que haya una comunidad como Cataluña cuyas presidenta regional del PP pide ahora que aplique presupuestariamente a ese territorio el "principio de ordinalidad" (antiguamente llamado "federalismo asimétrico" o igualación con la "excepción vasca") ha habido y, ahora más que nunca, va a tener que haber por fuerza otras autonomías que hagan lo que puedan con unas cuantas buenas palabras renovadas de tanto en tanto. Ya que no le dan más dinero a Murcia por lo menos la otorgan la clásica superioridad moral de la pobreza. A mí casi me parece escuchar a Rajoy decirle a Murcia lo de Jesucristo: "déjalo todo y sígueme". Renunciad a vuestras posesiones terrenales y de la financiación autonómica ya "parlarem". A las comunidades menos favorecidas por el reparto presupuestario hay que reconocerles la superioridad moral, que no cuesta perras o, como se dice en Murcia, "eso no nos come". Se elogia mucho tradicionalmente la responsabilidad para con el resto de España de comunidades como Murcia porque, aunque protesten legítimamente por la falta de dinero, no montan una sedición institucional. Al fin y al cabo, esos territorios son los buenos frente a los nacionalismos egoístas e insaciables. Qué tranquilidad da saber que somos los buenos.
 
Esta cuestión la resumía fantásticamente una frase de una película que estaba viendo el otro día cuyo título siento no recordar, cuando un personaje le hablaba a un señor adinerado de la conveniencia de que comiera sano, y respondía el otro: "¿Sabes quién inventó las ensaladas? Los pobres". ¿Para quién se inventó el célebre "tener sentido de Estado"? Para los pobres.

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