Pedrito feliz levanta el país
Pongo la radio y escucho al consejero de Turismo y Deportes hablar con su abúlico estilo sobre una hipotética subida a Primera División del Real Murcia. Intenta el hombre insuflar a su discurso monocorde, agonizante y hasta existencialista, un poco de energía chispeante y contagiosa, pero, a pesar del esfuerzo, lamentablemente no lo consigue o, para no dramatizar, digamos que lo consigue muy moderadamente, que diría Montoro.
Qué se le va a hacer, cada cual es como es, y así habría quedado la cosa si no fuera porque el consejero, con pálida risita conejera, remata su alocución expresando lo siguiente: “los optimistas levantamos el país”.
Sin ánimo de ofender, a las flores, siempre que veo al consejero en alguna foto, pienso en un jarrón lleno de flores marchitas, la expresión de su mirada es tan vivaracha como los ojos de los peces que flotan muertos en los ríos donde se vierten productos tóxicos, y, sus trajes, de pretendido corte gánster, parecen haber sido arrancados, sin quitarles bien el polvo, de la tumba del orondo Al Capone. En cualquier caso, es su voz apagada que se arrastra por el suelo como las zapatillas de franela de un anciano, la que lo delata como un pesimista cansado.
Tal vez sean sus profundas lecturas, el peso de su cargo, admirar a Bug Bunny o escuchar a Maná con frecuencia, lo que lo tienen sumido en ese letargo depresivo que dista mucho de ser optimista, quizá el consejero confunda el deseo con la realidad y anhele ser lo que no es.
A lo mejor ni siquiera se ha dado cuenta de que no es del Real Murcia, pues parece más vacío que Guardiola en su última etapa con el Barça y tan derrotista como los seguidores del Atleti, en sus buenos tiempos, cuando perdía.
![[Img #18590]](upload/img/periodico/img_18590.jpg)
Un Bug Bunny futbolero para que se anime el consejero.
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Qué se le va a hacer, cada cual es como es, y así habría quedado la cosa si no fuera porque el consejero, con pálida risita conejera, remata su alocución expresando lo siguiente: “los optimistas levantamos el país”.
Sin ánimo de ofender, a las flores, siempre que veo al consejero en alguna foto, pienso en un jarrón lleno de flores marchitas, la expresión de su mirada es tan vivaracha como los ojos de los peces que flotan muertos en los ríos donde se vierten productos tóxicos, y, sus trajes, de pretendido corte gánster, parecen haber sido arrancados, sin quitarles bien el polvo, de la tumba del orondo Al Capone. En cualquier caso, es su voz apagada que se arrastra por el suelo como las zapatillas de franela de un anciano, la que lo delata como un pesimista cansado.
Tal vez sean sus profundas lecturas, el peso de su cargo, admirar a Bug Bunny o escuchar a Maná con frecuencia, lo que lo tienen sumido en ese letargo depresivo que dista mucho de ser optimista, quizá el consejero confunda el deseo con la realidad y anhele ser lo que no es.
A lo mejor ni siquiera se ha dado cuenta de que no es del Real Murcia, pues parece más vacío que Guardiola en su última etapa con el Barça y tan derrotista como los seguidores del Atleti, en sus buenos tiempos, cuando perdía.
![[Img #18590]](upload/img/periodico/img_18590.jpg)
Un Bug Bunny futbolero para que se anime el consejero.
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