Menos predicar y más dar trigo, Alteza
Las recientes declaraciones de Emilio Botín sobre el momento fantástico que vive nuestra economía causaron estupor e indignación general entre el personal. La cara de circunstancias del ministro de Economía, cuando fue preguntado al respecto, era todo un poema. Y su respuesta, balbuceante y ambigua, esquivando la pregunta no dejaba lugar a dudas. No se atrevió a decir lo que todos pensamos: las entidades bancarias viven un momento fantástico con unos resultados económicos espectaculares, si bien antes han saneado sus balances y compensado sus pérdidas con aportaciones a fondo perdido de todos los españoles, regaladas graciosamente por los gobiernos de turno sin consultar a los donantes. Nuestra economía vive otra situación, con seis millones de parados y casi dos millones de hogares con todos los integrantes en paro. La indignación es mayúscula.
¿Podemos hacer que este momento fantástico para la banca llegue a la sociedad? Podemos, claro, pero no vamos por ese camino. Las empresas privadas que aún se mantienen activas mejoran su competitividad, ajustan sus retribuciones y ganan en eficiencia y eficacia, pero el lastre público es muy pesado. Nuestros responsables políticos no se atreven a poner en marcha las medidas prometidas por necesarias y recomendadas como imprescindibles: la reforma de las administraciones públicas, mil veces prometida y otras mil olvidada, que evitaría un gasto inútil de tantas instituciones obsoletas. Gasto inútil que puede convertirse en inversión rentable implantando sistemas de gestión. Así se evitarían además esos robos y desfalcos de gran magnitud por parte de los altos cargos de los que nos habla un expresidente autonómico y actual senador, que califica como imposibles de controlar. Brillante actitud, esa pasividad o condescendencia con el latrocinio.
En esto el príncipe Felipe nos pide a todos los españoles hacer frente al pesimismo, a la frustración o la desconfianza, con distintas alusiones al esfuerzo colectivo. Con el debido respeto, menos predicar y más dar trigo Alteza, que los españoles del colectivo privado en activo, junto con los seis millones de parados, realizamos todos los días -y en ocasiones muy lejos de nuestras familias- un considerable esfuerzo para hacer frente al pesimismo, a la frustración o la desconfianza que nos genera un país en el que sus responsables políticos nos olvidan, sin adoptar ninguna medida eficaz, e incluso nos desprecian, al no pagarnos nuestro trabajo. Y ese esfuerzo colectivo no lo vemos en las Administraciones Públicas y lo venimos reclamando -con insistencia, pero sin resultado- desde hace ya varios años. Su ayuda sería decisiva. ¿Se anima, Alteza?
![[Img #19120]](upload/img/periodico/img_19120.jpg)
(Ilustración de Forges en El País)
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¿Podemos hacer que este momento fantástico para la banca llegue a la sociedad? Podemos, claro, pero no vamos por ese camino. Las empresas privadas que aún se mantienen activas mejoran su competitividad, ajustan sus retribuciones y ganan en eficiencia y eficacia, pero el lastre público es muy pesado. Nuestros responsables políticos no se atreven a poner en marcha las medidas prometidas por necesarias y recomendadas como imprescindibles: la reforma de las administraciones públicas, mil veces prometida y otras mil olvidada, que evitaría un gasto inútil de tantas instituciones obsoletas. Gasto inútil que puede convertirse en inversión rentable implantando sistemas de gestión. Así se evitarían además esos robos y desfalcos de gran magnitud por parte de los altos cargos de los que nos habla un expresidente autonómico y actual senador, que califica como imposibles de controlar. Brillante actitud, esa pasividad o condescendencia con el latrocinio.
En esto el príncipe Felipe nos pide a todos los españoles hacer frente al pesimismo, a la frustración o la desconfianza, con distintas alusiones al esfuerzo colectivo. Con el debido respeto, menos predicar y más dar trigo Alteza, que los españoles del colectivo privado en activo, junto con los seis millones de parados, realizamos todos los días -y en ocasiones muy lejos de nuestras familias- un considerable esfuerzo para hacer frente al pesimismo, a la frustración o la desconfianza que nos genera un país en el que sus responsables políticos nos olvidan, sin adoptar ninguna medida eficaz, e incluso nos desprecian, al no pagarnos nuestro trabajo. Y ese esfuerzo colectivo no lo vemos en las Administraciones Públicas y lo venimos reclamando -con insistencia, pero sin resultado- desde hace ya varios años. Su ayuda sería decisiva. ¿Se anima, Alteza?
![[Img #19120]](upload/img/periodico/img_19120.jpg)
(Ilustración de Forges en El País)
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