El factor humano y su importancia en el desarrollo de la empresa
En los muchos años de actividad profesional que llevamos desarrollando, cada vez que comenzamos un nuevo proyecto de auditoría de riesgos comerciales y empresariales, un plan de financiación complementario al de siempre, un desarrollo de marketing para buscar y analizar nuevos clientes potenciales, un proyecto de consultoría en internacionalización o una auditoría en la gestión técnica y documental de las cuentas a cobrar en España o el exterior, nos encontramos con diversos perfiles de trabajadores y directivos en las empresas que visitamos.
Simplificando al máximo las opciones, y dejando al margen comportamientos extremos, por un lado estaría la figura del ineficiente que tiene claro que acude al trabajo a hacer lo mínimo posible. En segundo lugar, podríamos definir al que va todos los días a cumplir, desarrolla su trabajo con normalidad pero no quiere o teme salir de su zona de confort, es decir, no se plantea o le cuesta pensar “fuera de la caja” y rechaza de entrada todo lo que suponga un cambio en la rutina de siempre. Por último nos encontraríamos con el que se interesa por contribuir con nuevas ideas y soluciones, tiene capacidad e interés en aprender preocupado por mejorar sus conocimientos, y está abierto a analizar y poner en marcha cualquier novedad que pueda suponer la mejora de procesos que contribuyan a que su departamento sea más eficiente y operativo, aportando con ello un importante valor adicional a su empresa.
Estos tres perfiles cambian de grado en función de otros elementos a tener en cuenta como la ilusión, el compromiso, la satisfacción y la capacidad individual –influyendo toda esta combinación de factores de una forma determinante en cada departamento y finalmente en la marcha de la empresa-, sin olvidar elementos clave como la motivación, la proyección profesional, la retribución económica y el clima laboral.
Por ello, las compañías que se proponen confeccionar mejores equipos, equilibrados, innovadores, formados, cohesionados y bien organizados, con una adecuada gestión del talento, suelen obtener mejores resultados; son más estables, consiguen tener un mejor balance y rentabilidad independientemente de su tamaño, y sin duda poseen una capacidad superior -y más flexible- de adaptación al cambio, lo que garantiza mayores posibilidades de crecimiento y supervivencia a medio y largo plazo.
Si una empresa consigue reunir un buen equipo de trabajo en cada uno de sus departamentos sus probabilidades de éxito aumentan, y este hecho es una realidad demostrada. No es la única clave del éxito, pero sin lugar a dudas tiene un peso específico relevante. En contraposición, las empresas que no cuidan el factor humano y permiten que la rutina, el descontento, la desidia, la pereza y la comodidad se establezcan en su día a día, suelen tener más dificultades para optimizar su desarrollo y al final este hecho termina afectando a la continuidad del proyecto que un día iniciaron, incluso ofreciendo buenos productos o servicios. Porque en un entorno cada vez más cambiante y competitivo, es necesario tener ilusión, observar, analizar y generar nuevas ideas continuamente. Construir más puentes y menos muros. Steve Jobs hablaba de conectar puntos. Isaac Newton reflexionaba: “los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes”, a lo que se podría añadir, como leí hace unos días en nuestra cuenta de Twitter: “cada vez que alguien dice: es que siempre lo he hecho así, muere una idea”.
Otros artículos de Andrés Pérez Martín
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Estos tres perfiles cambian de grado en función de otros elementos a tener en cuenta como la ilusión, el compromiso, la satisfacción y la capacidad individual –influyendo toda esta combinación de factores de una forma determinante en cada departamento y finalmente en la marcha de la empresa-, sin olvidar elementos clave como la motivación, la proyección profesional, la retribución económica y el clima laboral.
Por ello, las compañías que se proponen confeccionar mejores equipos, equilibrados, innovadores, formados, cohesionados y bien organizados, con una adecuada gestión del talento, suelen obtener mejores resultados; son más estables, consiguen tener un mejor balance y rentabilidad independientemente de su tamaño, y sin duda poseen una capacidad superior -y más flexible- de adaptación al cambio, lo que garantiza mayores posibilidades de crecimiento y supervivencia a medio y largo plazo.
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