La pyme y la consulta
Un consultor aporta valor a su cliente minimizando el riesgo de que el proyecto que está emprendiendo o la actividad o actividades que desarrolla con habitualidad fallen en algún momento. Identifica puntos de mejora y posibles ahorros, implantando nuevos sistemas de gestión que ayudan a aumentar la eficiencia, optimizar la operativa e incrementar los resultados, apoyándose para ello en la elaboración de informes oportunos, relevantes y adaptados a las necesidades reales de la compañía, que facilitan sobremanera la toma de decisión por parte de la gerencia y garantizan la consecución de estos objetivos.
No todas las pymes utilizan con la misma intensidad los servicios de consultoría externa, siendo las más proclives a su contratación aquellas que tienen un relativo tamaño, las pertenecientes a sectores manufactureros, mayoristas o servicios y las que cuentan con un gerente de alta formación y cualificación.
Existen multitud de campos en los que la consultoría actúa y ofrece sus servicios, siendo no obstante los más habituales y usados por parte de las pymes los referidos a la fiscalidad, formación de personal, TICs, contabilidad y finanzas, recursos humanos, etc. Sin embargo, en el caso concreto de las pymes de menor tamaño y como puede ser comprensible, los servicios de consultoría más utilizados suelen ser los dedicados al análisis financiero y control de costes. En este escenario, y siempre teniendo en cuenta que la información contable juega un papel fundamental en la gestión de la empresa y supone el soporte básico para su viabilidad, crecimiento y expansión, identificamos un patrón de reparto de tareas que asigna al personal interno de la pyme la realización de la contabilidad oficial, preparación de libros contables, cuentas anuales y estados financieros, mientras que el consultor externo se ocupa de la contabilidad analítica, gestión de la tesorería y líneas de financiación, es decir, todo lo que concierne al análisis y gestión financiera.
También el consultor aporta nuevas ideas a la organización, asiste a la toma de decisión del empresario y ejecuta los cambios que la pyme debe incorporar en su organización y gestión, para conseguir adaptarse a las circunstancias de mercado, impulsando su actividad y minimizando los riesgos de disfunción que suelen acompañar a estos complejos procesos. En este sentido, se hace tremendamente importante que el consultor cuente con un alto grado de especialización, tenga una decidida orientación al cliente, posea una elevada flexibilidad y capacidad de comprensión de las necesidades del cliente y se sitúe muy cerca de este, siendo empresa local y facilitando su accesibilidad.
Respecto a los motivos más habituales por los que las pymes contratan a un consultor externo son la ausencia de personal interno cualificado, la conveniencia de acceder a un asesoramiento experto, objetivo e imparcial, la necesidad de mejorar la eficiencia e incrementar los resultados y la posibilidad de aumentar su capacidad de gestión.
Posiblemente, más adelante profundizaremos en mayores detalles acerca de la relación entre pymes y consultores, para mostrar mejor los enormes beneficios que ambos obtienen de la misma, no obstante, sirva la presente reflexión para comprender la necesidad de contar con estos recursos externos y competir en igualdad de condiciones, dado el uso mayoritario que nuestros competidores hacen de ellos.
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No todas las pymes utilizan con la misma intensidad los servicios de consultoría externa, siendo las más proclives a su contratación aquellas que tienen un relativo tamaño, las pertenecientes a sectores manufactureros, mayoristas o servicios y las que cuentan con un gerente de alta formación y cualificación.
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