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Hacia la economía simbólica

Siguiendo el anterior artículo sobre los cambios en la economía mundial que estamos viviendo en la actualidad, destaco otro: el surgimiento de la economía simbólica (movimiento de capitales y tasas de cambio) como motor de la economía mundial en lugar de la economía real (flujo de bienes y servicios), siendo la primera independiente de la segunda.

Una gran implicación de este fenómeno es que las tasas de cambio entre las monedas deben ser tratadas como un factor de ventaja comparativa en Comercio Internacional. La teoría económica nos enseña que los factores de ventaja comparativa de la economía real (costes laborales comparativos, costes de las materias primas, de la energía,…) determinan las tasas de cambio de las monedas, sin embargo cada vez más las tasas de cambio son las que deciden cuanto valen dichos factores, por ejemplo el trabajo en el país A en comparación con el país B…

[Img #19423]Cada vez más las tasas de cambio son un importante coste comparativo y uno que está totalmente fuera de nuestro control. Por lo tanto, toda empresa que de alguna manera esté expuesta a la economía internacional debe darse cuenta que está en dos negocios al mismo tiempo, es tanto creadora de bienes (o proveedora de servicios) como una empresa financiera y no puede descuidar ninguna de las dos.

Argelia se ha convertido para muchas de nuestras empresas murcianas (y muchas españolas) en un gran mercado dónde vender nuestros productos (no hay duda del tremendo potencial del mercado en cuestión), pues bien, el Dinar Argelino se ha depreciado (con respecto al Euro) cerca de un 10% desde agosto, esto significa que nuestros productos le cuestan a nuestros clientes cerca de un 10% más caro que hace tan sólo tres meses, por causas ajenas a nuestra labor.

Por lo tanto la empresa que vende al exterior, sea como exportadora o a través de sucursales en otros países tendrá que protegerse contra los riesgos de cambio de las monedas, tanto si la misma espera que el valor de su propia moneda suba como si prevé que baje. Lo mismo para las empresas que compren en el exterior, es más, incluso para las empresas que operan únicamente en el mercado interno enfrentándose a competencia extranjera, deberán aprender a protegerse de la moneda en la que sus principales competidores producen.

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