La funesta manía de pensar
En este verano que languidece y llega a
su final, lo peor de vivir en crisis es sucumbir ante los omnímodos atributos de una hecatombe que
se multiplica a diario. Todos la sufren; todo se reduce a ella; y, sin embargo,
nada parece antídoto suficiente: es inaprensible, inconmensurable, inaccesible,
inagotable, insaciable... Añadan adjetivos a esta sanguinolenta enfermedad que
envenena a nuestra aldea global; jamás McLuhan pudo pensar en nada semejante:
el medio -para él- era el mensaje, no la enfermedad. ¿Qué opinaría ahora el
genial canadiense de la asfixia de unos medios, que se ahogan en sus propios
mensajes, elevados a la enésima potencia en una sociedad tan interconectada
como inconexa e injusta? La crisis, como la energía, da la sensación de que ni
se crea ni se destruye, sólo se transforma; y la fulgurante inmediatez de los
medios de comunicación ayudan fervientemente a ello. La crisis entra en crisis,
y está en puertas de la más fiera depresión, que amén de económica será moral;
nuestros más acendrados valores están en juego. ¿Cómo afrontar el nuevo curso
de esta guisa?
En nuestra tornasolada Región, sobrecogidos por los horripilantes 'poltergeists' helénicos, volvemos con los viejos fantasmas de siempre, que ni en la más abrasadora canícula descansan: paro, deuda, déficit... Ya están aquí, de nuevo, los temibles espectros del pasado-presente; el odioso presente-futuro que se realimenta con nuestros miedos e incertezas, y no sabe de esperanzas, y desconoce la ilusión, vana e inconsistente palabra que ya casi nadie pronuncia; ¿quién es el incauto que confía aún en una pronta recuperación? Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, veremos cómo se ha desmoronado el tejido industrial de nuestra Comunidad; y sin empresas, tal y como dicta la perogrullesca ciencia económica, no hay empleo que valga.
Aunque resulte doloroso admitirlo, Murcia ha tenido el dudoso honor de encabezar la mortandad empresarial en este país que creemos nuestro, y no es sino de otros... los otros, los innombrables mercados. Desde que nos estalló la crisis en plena cara, desde el colapso de Lehmann Brothers hace ya tres angustiosos años, cada 24 horas indefectiblemente han bajado la persiana seis empresas de media. En ninguna otra autonomía, se han padecido efectos tan virulentos. De acuerdo con los datos del Directorio Central de Empresas del Instituto Nacional de Estadística, entre enero de 2008 y 2011 en la Comunidad se desvanecieron más 9.200 compañías, lo que significa una reducción del 9,21%; este dato prácticamente duplica la media nacional, que fue del 5%. En este trienio, se han destruido proporcionalmente menos empresas en el resto de comunidades; en Murcia, no obstante, seguimos mirando para otro lado; algo habremos hecho peor nosotros en tan terrible coyuntura; sólo Canarias, con una disminución del 7,66%, es la que más se nos asemeja. Triste parecido, estólido consuelo.El año en que vivimos peligrosamente asomados al abismo fue 2008, que trajo consigo un descenso en el número de sociedades mercantiles del 4,4%, más del doble que la media nacional (1,9%). A partir de aquel ejercicio, el derrumbamiento se ha ido suavizando, y en enero de 2011 el número de empresas era apenas un 1,5% menos que el de la misma fecha del año precedente, unas tres décimas más que la media del país. Y siempre habrá quien vea la botella a medio llenar -dichosos sus ojos- después de un último trimestre de subidas; de hecho, desde enero, han surgido un 16% más de sociedades mercantiles que en el mismo periodo del año anterior. Empero, endeble mejoría la nuestra dentro de un estado -parafraseando al Colegio de Economistas- “de gravedad estacionaria” que nos lleva a la más frustrante postración.
Así para Miguel del Toro, las cifras del cierre de empresas constituyen “un dato escalofriante, aún más si sumamos la destrucción de autónomos que se ha producido en los últimos años”. El presidente de la patronal murciana no es precisamente optimista, y afirma con una rotundidad que estremece que “lamentablemente” no ve “ese punto de luz al final del túnel que nos permita pensar que la situación va a cambiar a corto o medio plazo”. Pues si no la ve él, imagínense lo que pueden llegar a atisbar los miles de murcianos que se desesperan en las colas del paro. El mes pasado, 2.892 parados más se sumaron a ellas. Este repunte implica un incremento del 2,17% sobre julio y un 4,35% anual. A lo largo de los últimos doce meses, Murcia ha añadido 5.554 nuevos desempleados a la innominada lista que ya llega a las 133.089 personas. Siempre y cuando nos creamos los datos del ministerio de Trabajo, que ya es creer.
Mientras tanto, Fitch sigue hurgando en nuestra herida y rebaja la calificación de la deuda regional, e incrementa en la misma proporción el temor de los inversores. Y Murcia continúa liderando la morosidad comercial, en un flagrante segundo puesto, pisándole los talones a Canarias. Un consejo: no se pregunten por qué... Háganme caso, manténganse confortablemente alejados de la funesta manía de pensar.





















