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Opinión | Ética empresarial y personal
Jueves, 12 de Diciembre de 2013
José Pomares

La consistencia personal

Hay una pregunta que no me resisto a plantear en mis seminarios a los asistentes. ¿Queréis que vuestros hijos trabajen el día de mañana? Es de las pocas veces que obtengo un 100% de síes. A continuación pregunto cuántos tienen hijos menores de 12 años. Muchos levantan la mano. Y les hago ver que hasta esas edad, papá y mamá somos Superman para ellos (a partir de esa edad sólo nos quedan los calzoncillos del súper héroe). Y les hago ver que los niños asimilan como esponjas lo que les  enseñamos y hasta quieren ser como nosotros.

Pero, ¿cómo llegamos a casa después del trabajo? ¿Qué opinamos de ir a trabajar? ¿Cómo llegamos de gozosos los viernes por la tarde? ¿De qué forma maldecimos los lunes por la mañana? Y entonces, reflexione… ¿piensa que nuestro hijos, después de escucharnos los improperios que escupimos sobre nuestro trabajo van a querer ir a trabajar?

 Lógico que cada vez haya más Paquirrines en nuestras vidas. Y viene esto al caso para explicar lo que es vivir involucrados en nuestra vida y  trabajo (gente que vive por obligación) a comprometidos (sentirse responsables y desafiarnos a nosotros mismos con la mejora continua).

Da igual el trabajo que sea. No hay éxito sin excelencia en nuestra vida. Cuando sólo hay éxito lo que conlleva son excesos por ambicionar más metas. Y no hay excelencia sin una CONSISTENCIA PERSONAL (en caso contrario aparecerán, con seguridad, nuestros miedos paralizantes).

La consistencia personal comienza con la CONVICCION. Tener claro lo que quiero y lo que hago ¿estoy donde quiero estar?) ¿Y sé quién soy yo? ¿Y cuál es mi sueño? Quién soy, para qué estoy y a dónde voy. Y ello hace que nuestras DECISIONES sean coherentes.
Esa convicción dará lugar a que tengamos CONFIANZA EN UNO MISMO. Yo no puedo ayudar a que nadie confíe si yo no confío en mí mismo. Eso hará que tenga DETERMINACION en todo aquello que realice (avanzar y superar las adversidades).

Para de esa forma tener COMPROMISO, que siempre es a uno mismo. La lealtad es al otro. Y así conseguir  que mi DEDICACION a lo que haga sea plena y no plana.

Lo contrario es la INCONSISTENCIA PERSONAL. Esta empieza con la INDIFERENCIA que hace que olvidemos  lo esencial para centrarnos  en lo accidental. Y no conozco a ningún indiferente  que permanentemente no tenga una enorme dosis de INSATISFACCION ya que nunca alcanza lo que necesita, y la culpa es siempre de otro, lo que a su vez genera la INSEGURIDAD, ese miedo a perder lo que tienen, no se anima a hacer cambios, sólo lo fácil…

Y a nivel grupal me gustaría hacer una distinción entre el RESPETO y la GENEROSIDAD.
Es cierto que el respeto es un valor que todos debemos elevar en nuestras vidas. Conozco muchas familias que se respetan tanto que cada uno come en su cuarto, sin molestarse, con respeto, pero sin convivencias ni intimidades.

Me quedo con la generosidad, que no es sinónimo de cortesía. Lo uno es sobre las cosas materiales, la generosidad avanza directa al corazón. Da todo lo que tengas sin esperar nada. Decía la Madre Teresa que “no hace falta desempeñar grandes hazañas, siempre, siempre podemos hacer cosas pequeñas con un gran amor”. Y finalizo con un proverbio hindú que reza que solo posees aquello que no puedes perder en un naufragio.

No creas en un mundo mejor. Quita la negación. Crea un mundo mejor. Empezando por ti. Con tu consistencia personal. Toda la calle estaría más limpia si cada uno se encargara de limpiar el espacio delante de su puerta

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