Haciéndose 'el sordo'
Jesús, de sordo, nada. El jueves tuve el placer de compartir mesa y mantel en 'El Sordo' con los compañeros contertulios de radio Intereconomía (actualmente Inter y, ¡ojo! no confundir con MurciaEconomía.com, aunque haya quien nos mezcle). Antes de nada, estupendo menú, estupendo servicio, estupendo lugar… Comprendo perfectamente el 'sol' de la guía Repsol destacando a este lugar de Ricote como uno de los cuatro mejores restaurantes de la Región.
A lo que iba. La conversación pre, durante y post platos giró, como no podía ser de otra manera entre plumillas, algún empresario, comunicadores, pintores y médicos sobre la sordera. Pero no aquella patológica del oído, sino del ¡basta ya! que en grito silencioso se oye en las calles, en los familias sin trabajo y sin ingresos, en las cajas con telarañas, en niños con boqueras y mocos, en las cuentas en 'rojo'… en la decrepitud de este sistema… de la vuelta al hambre.
Paradojas de la vida. Hablábamos de ello mientras comíamos vaca vieja, uno de los más exquisitos manjares que aún nos da la naturaleza, a pesar del clembuterol. Precisamente antes de la comida habíamos estado entregando un donativo en nombre de los lectores de MurciaEconomía al Banco de Alimentos del Segura. ¡Qué gran labor realizan! y lástima que en Cartagena hayan olvidado aquél espíritu que inspiró el compañero hoy fallecido Silverio Conesa y Violeta del Rey al frente de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo.
Ya me vuelvo a ir del tema… Vaca vieja y sordera, dos males que afectan a más de uno. Al menos esa vejez y esa sordera política que este sábado volverá a aplaudir -aunque quizá le pese- Rajoy en el cónclave popular de despedida de Valcárcel.
Vejez menopáusica de vaca lechera que sin posibilidad de engendrar terneros y sin leche en sus tetas es condenada al sacrificio para mesas sibaritas. Y sordera maliciosa de quien no quiere oír el grito lamentoso de quien vive por debajo del umbral de la pobreza, de quien esperó más y nunca lo tuvo, de quien hoy se agarra al robo famélico para poner un plato de habichuelas en la mesa, de quien ve la vida pasar entre la desesperanza…
¡No! Este sábado Rajoy no irá al Banco de Alimentos y comprobará la paz que inspira la sonrisa de Bonifacio y sus voluntarios ni a Jesús Abandonado ni al comedor del Buen Samaritano ni a un centro de Cáritas. Se perderá en los logros de su gente en Murcia con kilómetros de autovías y números de hospitales, pero no se detendrá en quienes necesitan la ayuda de Dependencia y no la obtienen ni en quienes buscan unos maltrechos zapatos en los contenedores. Habrá aplausos que callarán el grito sordo de los necesitados. Aquellos necesitados a los que en otros momentos y otros lugares el Estado atendió, pero ahora no.
A lo que iba. La conversación pre, durante y post platos giró, como no podía ser de otra manera entre plumillas, algún empresario, comunicadores, pintores y médicos sobre la sordera. Pero no aquella patológica del oído, sino del ¡basta ya! que en grito silencioso se oye en las calles, en los familias sin trabajo y sin ingresos, en las cajas con telarañas, en niños con boqueras y mocos, en las cuentas en 'rojo'… en la decrepitud de este sistema… de la vuelta al hambre.
Paradojas de la vida. Hablábamos de ello mientras comíamos vaca vieja, uno de los más exquisitos manjares que aún nos da la naturaleza, a pesar del clembuterol. Precisamente antes de la comida habíamos estado entregando un donativo en nombre de los lectores de MurciaEconomía al Banco de Alimentos del Segura. ¡Qué gran labor realizan! y lástima que en Cartagena hayan olvidado aquél espíritu que inspiró el compañero hoy fallecido Silverio Conesa y Violeta del Rey al frente de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo.
Ya me vuelvo a ir del tema… Vaca vieja y sordera, dos males que afectan a más de uno. Al menos esa vejez y esa sordera política que este sábado volverá a aplaudir -aunque quizá le pese- Rajoy en el cónclave popular de despedida de Valcárcel.
Vejez menopáusica de vaca lechera que sin posibilidad de engendrar terneros y sin leche en sus tetas es condenada al sacrificio para mesas sibaritas. Y sordera maliciosa de quien no quiere oír el grito lamentoso de quien vive por debajo del umbral de la pobreza, de quien esperó más y nunca lo tuvo, de quien hoy se agarra al robo famélico para poner un plato de habichuelas en la mesa, de quien ve la vida pasar entre la desesperanza…
¡No! Este sábado Rajoy no irá al Banco de Alimentos y comprobará la paz que inspira la sonrisa de Bonifacio y sus voluntarios ni a Jesús Abandonado ni al comedor del Buen Samaritano ni a un centro de Cáritas. Se perderá en los logros de su gente en Murcia con kilómetros de autovías y números de hospitales, pero no se detendrá en quienes necesitan la ayuda de Dependencia y no la obtienen ni en quienes buscan unos maltrechos zapatos en los contenedores. Habrá aplausos que callarán el grito sordo de los necesitados. Aquellos necesitados a los que en otros momentos y otros lugares el Estado atendió, pero ahora no.





















