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Opinión | Ética empresarial y personal
Jueves, 19 de Diciembre de 2013
José Pomares

A esto me dedico

Un buen amigo, allá por principios de los 80, me contó lo que ocurrió en su clase de Economía de Empresa. El primer día de clase entró el profesor en el aula. Aunque a los jóvenes de hoy le cueste creérselo, entonces cuando el maestro entraba todos nos poníamos en pie. Y mirando al auditorio, el profesor, después de pronunciar el protocolario “buenos días”  se quedó mirando a la clase y preguntó sin previo aviso: ¿Cuál es el fin último, el principal de una empresa?

Póngase el lector en situación. Primeros minutos de asignatura, profesor nuevo, carrera recién empezada… Allí no contestó nadie. Pero siempre hay un espíritu legionario en un grupo humano, y se oyó una voz del final del aula que respondió…  “ganar dinero”.  El profesor se quedó mirando y asintiendo con la cabeza dijo como para sí mismo, … “ganar dinero”. Bien, y empezó la clase.

Todos los días del resto del año lo primero que hacía el profesor era formular la misma pregunta, hasta que rota la timidez todos respondían al unísono “ganar dinero”.

Así hasta el último día de clase. Ese día, no empezó con esa pregunta, sino que ante la sorpresa de todos los alumnos, preguntó ¿cuál es el último fin, el principal del ser humano? Y nuevamente ante el silencio absoluto de la clase (aún no había dado las notas finales), una voz heroica respondió “ser feliz”. El profesor, entonces, asintió y dijo “estoy de acuerdo, ser feliz. Yo pienso lo mismo. Pero me sorprende su respuesta. Había pensado que iban a decir respirar”. Y todos, en nuestro fuero interno dijimos… ¿respirar, por qué dirá eso? Y nos explicó. “Durante todo el año llevan diciendo que el fin último, el principal de una empresa es ganar dinero. Imagino que porque piensan que si una empresa no gana dinero, simplemente desaparece, se muere. Por consiguiente, si el ser humano quiere evitar la muerte tiene que respirar. Pero, nos explicó, respirar no es un acto que piense el ser humano en hacer a cada momento, simplemente es intuitivo, innato en los genes del mismo. Lo mismo sucede con las empresas. Uno no crea empresas pensando que van a desaparecer, y no debería ser este por tanto el fin último de una empresa”.

Los alumnos no sabíamos adonde quería llegar el profesor. Y, de repente, sacó de su maletín una hoja llena de números. Preguntó a uno de los compañeros. “¿Qué es esto? Un balance de pérdidas y ganancias”, respondió éste con seguridad. “¿Y cómo podría cambiarlo?” le requirió el profesor. El alumno se quedó pálido y simplemente respondió “no sé, desconozco a qué se dedica la empresa, su número de empleados, su plan de marketing, su competencia…”. El profesor mirándole a los ojos le inquirió: “Sí lo sabe, piense,… ¿que ve en esta hoja?"

“Números” respondió el compañero. “¿Pero qué más ve?, profundizó el profesor, ¿qué hay detrás de cada cifra, de cada número de ese balance de esa empresa y de cualquier empresa?”.

Sí amigos, lo que están pensando. Detrás de cada número, de cada cifra de cada empresa hay personas, y la única forma de poder cambiar los resultados de una empresa es cambiando, educando, formando  y motivando a los corazones y las cabezas de los trabajadores que componen las empresas.

Fue una gran lección. Tan grande que decidí dedicarme a ello desde ese momento. No, no sólo es a motivar al personal, uno tiene que venir motivado de casa. Es a saber hacerse preguntas, pues solo con preguntas de calidad podremos tener una vida de calidad. Familiar y profesional.

Feliz 2014.

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