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Opinión |
Viernes, 03 de Enero de 2014

Viva España porque peor estaban en Moscú

Ha sido muy criticado, más que elogiado, el anuncio navideño de la empresa chacinera "Campofrío" llamado "hazte extranjero", donde se trata de exaltar el sentimiento patriótico anticrisis con enunciados del estilo de en qué país del mundo, hombre, vamos a tomarnos tan a gusto las copas como aquí. Decenios antes que Campofrío, ya dijo eso exactamente en el Moscú comunista el pintor murciano Párraga, en una madrugada congelada por las calles y sin sitio en que refugiarse: "pero cómo vamos a ser comunistas, coño, si aquí no hay bares".  O sea, que Párraga hizo el spot 2013 de Campofrío reducido en una sola frase y con treinta años de antelación, para que aprendan los creativos modernos. Pero cómo íbamos a ser rusos en los años 80, coño, si allí no había bares para tomárselas, y cómo vamos a ser suecos ahora si nos gusta tanto hablar a gritos, y cómo vamos a ser jamaicanos si aquí correr es para delincuentes y malos toreros.
 
A pesar de la crítica carnívora concitada entre una población española ya muy hartita de pasar calamidades económicas pero sobre todo cansada de "spots" que tratan de sacarle el lado tontorrón, resignado y amable a la crisis, a mí el anuncio de este año de Campofrío, que desde que turrones "el almendro" no es lo que era ha tomado el testigo lacrimógeno de las fechas, me parece que recoge perfectamente la evolución que hemos sufrido como nación en decadencia, tras siete años de penurias. Es más: se puede seguir lo que nos ha hecho la crisis, como pueblo, a través de los anuncios de televisión.
 
Mandando aún Zapatero, algunas grandes empresas españolas que estaban a bien con el Poder y con la portavocía de correlindes tan millonarios y garantizados como Antonio Garrigues Walker o Miquel Roca Junyent, sacó aquel anuncio de televisión y página web de "estosóloloarreglamosentretodos.org". El spot, tan bochornoso hace años como ahora, consistía básicamente en negar la crisis, en perfecta consonancia con el discurso oficial de la época. Salía el escritor Millás diciendo que de tanto hablar de la crisis, lo que era diez se convertía en veinte. El cómico llamado "Follonero", al que aún los despistados tienen por entrevistador disolvente cuando es la viva encarnación del discurso de valores dominante, argumentaba que los que hablaban de la crisis eran unos cenizos que le quitaban las ganas de dar el follón. Una rubia que cumplía voluntariosamente el tópico de la relación entre su sexo, el color de pelo y la inteligencia se quejaba de lo mejor: "llevamos ya mucho tiempo oyendo hablar de esto (la crisis)".  ¡Y casi acababa de estrenarse, como si dijéramos! Qué mala la gente, que hablaba demasiado de la crisis y había riesgo de que la rubia se enterase de su existencia. Etcétera. Pero nótese lo que va de aquel anuncio de los que iban a arreglar el mundo a este de Campofrío 2013. Se puede detectar perfectamente la variación sustancial que ha sufrido la actitud de los bienpensantes hacia la crisis, y, acompasadamente, la variación del país entero.
 
Los "arreglistas", cuando Zapatero, pretendían negar la crisis (Zapatero en sus memorias dice algo magistral sobre eso: "el que improvisaba no era yo, la que improvisaba era la crisis"). Campofrío, bajo Rajoy, tiene tan asumida la crisis, que se ha cronificado, que propone consolarse con el apoyo familiar que existe aquí, y cosas parecidas. Unos iban a arreglar la crisis entre todos, y los otros, que son los mismos, ya no van a arreglar nada porque esto de España parece que no tiene remedio, sino a convencerse de que lo importante es que aún nos podamos echar unas risas colectivas. En Noruega eso no pasa, eh.

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