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Opinión |
Martes, 21 de Enero de 2014

Bernal se va y los políticos lo festejan

Que el consejero de Economía y Hacienda murciano Juan Bernal renuncie a su carrera en la política, a expensas de que el sucesor de Valcárcel lo rescate (contando con el sucesor tenga alguna intención de hacerlo) creo que es una doble noticia: una mala para Murcia y una buena, tal vez excelente noticia para los políticos murcianos. El magrísimo dinero público de las arcas regionales, que en los últimos años había estado en manos de un implacable tecnócrata, de un frío experto con las hojas de cálculo, de un tipo de sombrías cejas albinas sobre ojos de acero azul, de alguien que en todos los casos suma dos y dos cuatro, de "mister niet", volverá a manos de los que los políticos consideran que son sus legítimos administradores: ellos mismos. Aquellos que no se preocupan de que cuadren las cuentas sino de ser reelegidos y que siempre que suman dos y dos les sale cinco, si es que no siete u ocho, si quieres ser feliz como dices, no economices, muchacho, no economices. Se habla mucho de la casta de políticos insensibles a las demandas de los ciudadanos, pero probablemente mucho peor es la casta de políticos que atienden las demandas que dicen que les hacen los ciudadanos.
 
Hoy hay fiesta mayor entre todos esos que deberían haberse dedicado, en tiempos de bonanza, a llevar a la práctica un modelo de desarrollo para Murcia que diseñó el propio Bernal (en su etapa anterior), y en cambio lo que hicieron fue olvidarse de cualquier modelo económico y se pusieron a hacer esas cosas por las que aún dicen que los ciudadanos les aplauden: piscina cubierta cada doscientos metros, centros de salud como para echarles de comer a los marranos, polideportivo pedáneo revestido en mármol travertino y auditorio en cada rotonda. Que no falten los colegios para alumnados que caben en un taxi. Hormigoneras pa tos.
 
Hoy hay una procesión de alcaldes y de "gente del partido" a los que se decía que "no" cuando iban a pedirle derramas para gastárselas en piulas y otros cohetes que cantan a coro "Deo gratias" por lo de Bernal, seguidos por todos esos concejales a los que la mera existencia de Bernal ofendía en un plano casi personal. Me lo dijo una concejal (que me extrañaría mucho que no ascendiera meteóricamente) contándome que ir a ver a Bernal era más o menos como aquello que dijo Hitler de que era mejor hacer arrancarse todos los dientes que volver a tener una entrevista con Franco: "Siempre le digo Juan, si no me ofende que me digas que no, es esa forma tan particular que tienes de decir las cosas".En efecto, Juan tenía una forma de decir las cosas que era particularmente ofensiva para los políticos: no les decía que sí a todo. No les llevaba en palabritas. Parecía ser sordo al clamor de los respetables ciudadanos, que siempre piden más obra pública, más rotondas, más piulas y más cohetes. Y más de lo que haya.
 
Bernal evitó que Europa, vía Madrid, interviniese Murcia, pero no lo han dejado poner orden en departamentos inasumibles que, si la Región no empieza a crecer y a buen ritmo, más pronto que tarde -me encanta esa frase del consejero Sevilla en que pronosticaba la fecha de llegada del AVE a la Región- darán como resultado la insolvencia, y esta vez la que puede incluso acabar con nuestra división autonómica, tan mal resuelta en su día. Pero mientras, y si Bernal no vuelve (no se ve en lontananza a otro exigente tecnócrata que quiera ser insultado metiéndose a la política; lo que se ve es muchos políticos para sustituirlo), el dinero volverá a las manos de aquellos que sí escuchan a sus ciudadanos y a sus prioridades. Políticos y dinero.
 
Todavía hay poca crisis y pocas rotondas.


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