Carta a Maria Antonia Iglesias: “El virus de la derecha”
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Ante todo ruego dispense mi insolencia al atreverme a escribirle estas letras en las que le pido ayuda para una grave enfermedad que afecta a cada día más españoles, entre los que en este momento, me incluyo.
Esta extraña afección está provocada por un extraño virus de dudosa procedencia. Algunos científicos creen que es una nueva mutación genética que se ha producido por la necesidad de adaptación del individuo al medio que lo rodea, otros, por el contrario, defienden la postura, a pesar de que no hay pruebas que los avalen, de que se trata de un antiguo bacilo que dormitaba desde hacía muchos años y que ahora ha despertado.
Como quiera que no me gustaría extender este manifiesto de manera interminable, jugando con las palabras para alargar un mensaje vago y poco riguroso sin entrar en el fondo de la materia, he creído oportuno relatarle, a modo de lista, los síntomas o hechos que delatan la presencia del mencionado microbio:
- Parece ser que los escasos dos meses de mi vida que coexistí con el caudillo debieron de calar muy hondo en el forjado de mi personalidad, impregnando todas las cédulas de mi cuerpo con algún tipo de virus maligno que, como enfermedad contagiosa, se propaga por quienes se declaran votantes, ocasionales o continuos, de un determinado partido político.
- Seguramente que ese virus es el que no me permite discernir las verdades absolutas y la bondad infinita de otras alternativas políticas tan vehementemente defendidas por su persona, haciéndome caer en las garras del fascismo y absolutismo, convirtiéndome, por el mero hecho de expresar una ideología política, en el mayor facha defensor de la dictadura.
- Probablemente sea ese mismo virus el que no me posibilita entender que, la democracia, no consiste en que cada cual podamos defender o expresar unas ideas o ideales sin que nadie tenga porqué ofenderse y/o insultarnos, sin que nadie nos tache con demagógicos insultos y odiosas comparaciones por que, debe ser, que la democracia es asumir que solo un lado de la balanza es la equilibrada, justa y democrática, que solo ellos son los poseedores de la verdad absoluta y por ende, de la propia democracia en sí, y que fuera de esa encauzada corriente, se está en severo riesgo de caer en las turbulentas aguas del fascismo y radicalismo.
- Quizá ese malévolo virus sea el que me impide darme cuenta que, en este país, al contrario que en otros, existe un binomio inseparable, derecha igual Franco. Y debe ser ese virus, unido a mi gran incultura histórica, los que me lleven a no comprender por qué no se asumen comparaciones similares para otros casos. La culpa debe ser de mi analfabetismo histórico porque, por el lado de la izquierda seguro que nunca ha habido ningún dictador en ningún lugar del mundo.
- Maldigo una y mil veces ese fatídico virus, que ha debido colarse en mi organismo, y no me permite defender mis posturas con bramidos, insultos e intransigencia, faltando al respeto y a la evidencia, convencido de estar en posesión de la única y absoluta verdad por que, ¿acaso se puede ser o votar a la derecha y ser demócrata?, menuda falacia. ¿Acaso es coherente inclinar el voto hacia un partido u otro en función de como estén haciendo su trabajo en cada momento, como sugiere mi limitada inteligencia?, tremenda memez me diría usted.
Como quiera que no pretendo aburrirla con mis divagaciones prefiero despedirme cordial y afectuosamente, por el momento, albergando la pequeña esperanza de que quizás, algún día, estas líneas lleguen a sus manos y pueda proporcionarme el antídoto para este mal.
Afectuosamente,
Navarro y Porcel
Navarro y Porcel




















