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Opinión | Ética empresarial y personal
Jueves, 23 de Enero de 2014
José Pomares

Las cartas de la vida

En ocasiones explico a mis alumnos que la vida es como el juego del póker. Tanto en la vida como en el juego se nos reparten sin elegir previamente, al azar, unas cartas.

Van volando en el destino. En el juego son los naipes. En la vida son las distintas variantes circunstanciales con las que nacemos sin opción de decidir previamente si nos convienen o no.

A nadie le dan a seleccionar a sus padres, condición social, sexo, raza, época,… En segundo lugar, que tanto en el juego como en la vida hay cartas buenas y cartas malas.

Tercer lugar, que es mejor tener cartas buenas que cartas malas. Y cuarto y último pero más importante ¿Gana siempre quien  tiene las mejores cartas?

Estudie la respuesta antes de precipitarse.  No, gana quien sabe jugar mejor con las cartas de la baraja, con las circunstancias de la vida, no a quien en el reparto le tocó lo mejor.

Antes de ponernos a  jugar, tiene que existir previamente el esfuerzo de conocer las reglas, en este caso, de la vida y sacarles el mayor provecho.

Mire, cuanto más claras tengo las cosas, mayor conciencia tengo y a mayor conciencia, mayor conocimiento y eso nos lleva a un mayor compromiso en la vida en la búsqueda de la excelencia, si hablamos en un entorno profesional, o de la  felicidad si nos situamos en el aspecto personal. .

Olvídese de las cartas iniciales de la vida.

Y mi deber, mi obligación es aportar claridad a los demás, es ayudar a la consciencia de los demás a ser felices. Al compromiso no se llega con arengas sino con la claridad interior de la paciencia a través de la palabra.

Dudo que alguna vez logre conocer a una  persona feliz que sea impaciente. Y a nadie se educa con arengas, ni con gritos sino con la claridad de la palabra permanente que abone su corazón.

E intente, ante todo, tener un gran agradecimiento a la vida y todas las circunstancias que nos presente.

Sienta que la gratitud  no es un acto (eso es cortesía).

Es una actitud existencial.

O soy agradecido o no soy agradecido. O se es agradecido o se vive  instalado en la queja.  Dime cuanto agradeces y te diré cuanto aprendiste a vivir. Si vives agradeciendo, las personas se te acercarán. Si vives en la queja, se alejarán. Tenemos que aprender a disfrutar de lo agradable de la vida y a digerir  lo desagradable de la vida (qué tengo que aprender de lo que me ha sucedido).

Porque la FELICIDAD es una decisión interior de llegar a SER, no de TENER.

En la felicidad no encontrará un puerto de llegada.

Porque la felicidad es una manera de viajar. La felicidad no es un lugar al que se llega, es una actitud que se tiene permanentemente.

Es la felicidad  un estado del ser un estado del alma, un estado del espíritu. La felicidad no es un estado emocional. Hágame caso. No haga que su vida dependa de sus emociones. Tendría tantos altibajos como las olas del mar.

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