Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Sábado, 08 de Octubre de 2011

La noche en la que murió Steve Jobs

Estaba yo desvelado y una alerta de EFE en mi pc (Windows, que conste desde ya) me trajo la noticia de la muerte de Steve Jobs. Inmediatamente la twiteé y sin quererlo, me empecé a sentir triste, como si se tratara de alguien al que conociera personalmente, como si fuera una persona querida. No comprendí por qué reaccioné así, pues yo no soy de esos que se partiría la cara por Apple. Durante un buen rato me entretuve leyendo la cada vez más apabullante catarata de tweets que surgían desde todo el mundo. En pocos minutos se convirtió en tema estrella. La palabra más frecuente era thanks.

Fue creciendo en mí la percepción clara de que el género humano acababa de perder un genio, una figura histórica, no de las cambian un siglo, sino de los que provocan un cambio de era, un nuevo modo de entenderlo todo y, además, con influencia planetaria. Tuve la sensación de vivir una noche histórica y triste porque, a pesar de sus errores –Steve Jobs era humano y nadie lo sabe mejor que su hija Lisa– este hombre nos ha dado tanto que el impulso unánime en todo el mundo era el del agradecimiento.
La vida de Steve Jobs es apabullante. Empezar casi de cero en un garaje y entrar en 56 años en la vida de tanta gente para hacérsela mejor es un contundente ejemplo de aprovechamiento del tiempo. Pero las vicisitudes de su vida (hijo adoptado, sin estudios superiores, despedido de su propia empresa…) y el estilo de vida (tenaz, sobrio, discreto, sencillo…) son aún más sorprendentes.

Lo que ha aportado Steve Jobs es mucho más que una revolución tecnológica. Es un ejemplo de creatividad, innovación, perseverancia y humilda. Creía en sus ideas y peleaba por ellas; no se conformó con mejorar sino que se empeñó en crear lo que no existía con una intuición sobre las necesidades de la gente que pocos tienen; fracasó y recomenzó: se levantó varias veces cuando otros se hubieran quedado a disfrutar de los millones conseguidos; supo rodearse de los mejores, les imprimió confianza y optimismo… En fin, hay que leer su biografía pero, por si usted no lo ha visto aún, ponga atención a este conocido e indispensable vídeo.

Steve Jobs vio antes y mejor que muchos otros que, además de hacer ordenadores, ipods, teléfonos o tabletas absolutamente revolucionarios, un emprendedor tiene que saber llegar a la emoción de las personas. Daniel Goleman explicaría pocos años después de que Steve saliera del garaje que «la inteligencia emocional es el ingrediente fundamental de la competitividad en el nuevo paradigma económico». Y eso ¿qué significa?:

1) Que los negocios con éxito se construyen ya no solo sobre productos sino sobre emociones.

2) Que el éxito viene de atraer emocionalmente y no tanto de convencer racionalmente.

3) Que los clientes y los empleados reclaman que los productos, los servicios, las estrategias, los líderes y las organizaciones les emocionen.

4) Y que, por tanto, las emociones han de ser objetivo de las estrategias empresariales.

Apple es un ejemplo de todo ello. Y este cambio de mentalidad es aplicable a cualquier empresa o institución, grande o pequeña, se dedique a lo que se dedique en cualquier sitio donde opere. No tengo espacio para detallar en estas líneas en qué consiste la marca emocional, el liderazgo emocional o la comunicación emocional. Invito al que tenga interés a que se venga a uno de mis cursos. Lo que me importa es subrayar que se necesita por este orden lo que Jobs tenía: ideas innovadoras, virtudes personales y entender el corazón de la gente; se trata de ofrecer productos que incluso ni siquiera la gente sabe que necesita y conseguir, además, que se entusiasme con ellos porque, mejoran la vida, son útiles, hermosos, sencillos de usar y funcionan bien.

Pasó una hora más y twitter echaba humo: todos los trending topics eran  relativos a este personaje y a su obra.

Le di un repaso rápido al querido dial de nuestra radio. Las más grandes cadenas permanecían lejos de la noticia y centradas en los minuciosos detalles de la boda de una anciana duquesa. Me pareció desolador y una triste evidencia: a por uvas.

Recé por él, me dormí y a la mañana siguiente amanecí con la sensación de que alguien que tenía mucho que ver conmigo se había muerto. Y noté la pérdida. Y deseé que, aunque sea con las miserias propias del ser humano, nos vengan a dar ejemplo algunos otros Steve Jobs a los que podamos decir con unanimidad y desde el corazón: “muchas gracias por mostrarnos caminos que valen la pena”.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.