Soluciones monetarias y soluciones de fondo
Nuestra expectativa de un buen comienzo de octubre se ha confirmado. Pese a que el lunes y martes tuvieron muy mal tono, motivado por la certeza de que Grecia no va a cumplir su compromiso de reducción del déficit publico, al final en la primera semana de octubre hemos visto subidas en el S&P del 2,1%, en el Eurostoxx del 4,1%, en el Dax del 3,1%, y en el Ibex del 3%. La excepción ha sido Asia, cuyas principales Bolsas han cerrado la semana planas o con recortes ligeros.
Sin duda el punto de inflexión se produjo en los cuarenta y cinco últimos minutos de la sesión del martes, en los que el S&P subió un 4% recuperando el nivel de los 1.100 puntos, nivel en cuya cercanía ya ha rebotado varias veces. El motivo aparente fue la filtración de las conversaciones de los ministros de economía europeos tendentes a coordinar un plan de capitalización de los Bancos de la zona. A partir de ahí, la semana ha ido "in crescendo" al calor de la acción de los Bancos Centrales, primero, y de los buenos datos de empleo en septiembre de la economía norteamericana, después. La única sombra la puso, en la tarde del viernes, la rebaja de calificación crediticia por parte de la agencia de rating Fitch a España e Italia, y por parte de Moody´s a doce Bancos británicos. Esta noticia hizo retroceder algo a los Bancos americanos, pero no logró empañar una brillantísima primera semana de octubre.
Los tres grandes ejes sobre los que ha girado la semana son, en primer lugar los datos económicos, en segundo lugar las decisiones y discursos de los Bancos Centrales y en tercer lugar los avances en el tratamiento de los problemas de capital de la banca europea y de forma paralela en la solución de los problemas de la deuda periférica. Vamos a examinar los tres.
Empezando por los datos, tal y como decíamos la semana pasada, hay un claro contraste entre el extremo negativismo que han tenido los mercados en agosto y septiembre, al descontar una severa recesión, y la realidad de los datos que van apareciendo, que no son tan malos. Los ISM publicados, y, sobre todo, el dato de empleo de septiembre en Estados Unidos, con una creación de ciento tres mil nuevos puestos de trabajo, no apuntan a una recesión sino a una etapa de menor crecimiento, pero crecimiento positivo.
En cuanto a los Bancos Centrales esta semana hemos visto una firme voluntad por parte del BCE y del Bank of England de activar de nuevo las soluciones monetarias de urgencia para evitar cualquier sombra de credit crunch. Los mercados han recibido muy bien tanto la nueva quantitative easing del Banco de Inglaterra, por importe de 75.000 millones de libras, como las facilidades de liquidez ofrecidas a los Bancos por el BCE, al anunciar dos subastas a doce y trece meses, una ilimitada financiación en las subastas ordinarias y un programa de compra de bonos hipotecarios. Estas medidas son importantes porque cortan la amenaza, que se había vuelto muy preocupante, de un colapso de liquidez en la banca europea. Sin embargo, son soluciones de urgencia, no de fondo y no podemos volver a engañarnos pensando que con inyectar dinero es suficiente. En otras palabras, la alegría de los mercados está justificada, por el alivio inmediato que suponen las medidas, pero el trabajo pendiente sigue ahí, y hay que seguir haciéndolo.
Esto conecta con el tercer eje de la semana, los avances en la solución simultánea del problema de la deuda periférica y del problema de la capitalización bancaria. Ambos problemas conectan porque al final no se puede reestructurar ni gestionar debidamente esa ingente y en algunos casos (como el griego) impagable deuda acumulada si los Bancos no están preparados para absorber el impacto en sus balances de una reestructuración de la misma. Como la reestructuración es necesaria, de forma inmediata en Grecia y de forma menos perentoria en otras economías y sistemas bancarios, la puesta en marcha de mecanismos de capitalización es urgente. Y ahí es donde se ha avanzado esta pasada semana, con las declaraciones ya muy explícitas de Angela Merkel diciendo que Alemania está preparada para ayudar a sus Bancos, declaraciones reafirmadas en su reunión del domingo 9 con Sarkozy, lo cual marca la pauta a los demás.
Aquí no hablamos ya de suministrar liquidez (eso ya lo hace el BCE) sino de poner sólidos cimientos de capital. Y ahí es donde todo indica que puede haber movimientos en breve. Movimientos que serán por un lado corporativos, como el que vimos el viernes pasado en España con la fusión de Popular y Pastor, y por otro lado de aumento de capital.
Sin embargo, la forma en la que se haga el refuerzo de capital es importante para la evolución de las cotizaciones de los Bancos y todavía no conocemos los detalles. Esta semana hemos visto una lectura positiva por las Bolsas, e incluso la llamada de auxilio de Dexia, que en otro contexto habría sido muy desestabilizadora, se ha tomado bien por los mercados. Hay una sensación de alivio al comprobar que los Gobiernos están decididos a poner dinero, si hiciese falta, para capitalizar a la Banca, y al ver que el BCE va a suministrar cuanta liquidez haga falta. Pero hay que ir viendo como se desarrollan los acontecimientos, si hay o no ampliaciones de capital con descuento, y si hay o no dilución en la entrada de dinero público.
En todo caso, la impresión es buena, y, tras las caídas tan espectaculares del verano, que descontaban la catástrofe total, es lógico que cualquier escenario menos apocalíptico provoque subidas.
Las bases de un nuevo "caso optimista" serían una segunda ronda de saneamiento bancario, una segunda ronda de inyección de liquidez por los Bancos centrales, una continuidad en la política de bajos de tipos de interés, y un proceso abierto de movimientos corporativos, sobre todo en banca pero no sólo en banca. Todo ello en un contexto de crecimiento suave de la economía global, en lugar de recesión. Un crecimiento menor pero de mejor calidad, sin el "doping" fiscal y con menores dosis de ayuda monetaria.
Este escenario, de confirmarse, no estaría exento de turbulencias, tanto a corto como a medio plazo. A corto plazo porque la evolución de la actividad y de los déficits públicos en algunos países europeos, incluido España, puede ser peor de lo previsto de aquí a fin de año. A medio plazo porque cuando lleguen, que llegarán, las subidas de los tipos de interés a largo plazo en el 2012 ó en el 2013 habrá un ajuste del valor de los activos.
Pero de momento estamos en un "rally de alivio", propiciado por los factores antes vistos, y que puede llevar a las Bolsas hacia niveles intermedios como el 1.250 del S&P, el 2.400 del Eurostoxx, el 6.000 del Dax o el 9.500 del Ibex. Son niveles aún muy por debajo de los máximos anuales, pero también alejados de los mínimos de septiembre y acordes con un escenario menos catastrófico que el que han descontado las Bolsas en su pesadilla veraniega.
La calidad del crecimiento importa ahora más que la cantidad del crecimiento. Mejor crecer al 1% sin estímulos artificiales que al 3% con doping, y en la zona euro mejor afrontar los problemas de fondo en lugar de seguir dando la patada hacia delante como se ha hecho hasta julio pasado.
En octubre la verdadera prueba de fuego de las Bolsas va a estar en los resultados empresariales que se empiezan a publicar esta semana, en la que entre otras informarán de sus cifras Alcoa, Pepsico, JP Morgan, Google y, en España, Banesto. Nuestra idea es que por la parte de arriba, es decir, las ventas, no cabe esperar en general muchas alegrías. Hay que fijarse en como las empresas están lidiando con sus costes y sus márgenes, ya que ahí está la clave de las empresas ganadoras en esta dura crisis. Los resultados de este tercer trimestre van a trazar de forma aún más clara la línea entre las compañías que van a salir reforzadas y las que no pasarán el corte de esta crisis que ya empieza a entrar en una fase madura. Por eso las cifras que ahora van a publicar las compañías son interesantes no sólo para fijar la dirección inmediata de las Bolsas a corto plazo sino, además, para elegir bien las empresas que deben formar parte de nuestra cartera y rechazar a aquellas que no acrediten capacidad para adaptarse a los profundos cambios que impone esta crisis darviniana.
Desde un punto de vista técnico lo mas importante de la primera semana de octubre es que se ha confirmado un fuerte soporte en el nivel 1.100 del S&P y a la vez unos soportes relevantes en niveles de 2.100 del Eurostoxx, 5.200 del Dax y 8.300 del Ibex. Ahora el reto es subir esos soportes hacia el 1.150, 8.500, 5.500 y 2.200 respectivamente.
El giro de algunas materias primas como el cobre, que se ha dado espectacularmente la vuelta al alza en las sesiones finales de la semana, y los tipos del bund al 2,01% y del T bond al 2,08%, es decir, de nuevo por encima del 2% nos permiten pensar en una consolidación de las ganancias para esta segunda semana de octubre, sobre todo si las Bolsas asiáticas acompañan.
Sin duda el punto de inflexión se produjo en los cuarenta y cinco últimos minutos de la sesión del martes, en los que el S&P subió un 4% recuperando el nivel de los 1.100 puntos, nivel en cuya cercanía ya ha rebotado varias veces. El motivo aparente fue la filtración de las conversaciones de los ministros de economía europeos tendentes a coordinar un plan de capitalización de los Bancos de la zona. A partir de ahí, la semana ha ido "in crescendo" al calor de la acción de los Bancos Centrales, primero, y de los buenos datos de empleo en septiembre de la economía norteamericana, después. La única sombra la puso, en la tarde del viernes, la rebaja de calificación crediticia por parte de la agencia de rating Fitch a España e Italia, y por parte de Moody´s a doce Bancos británicos. Esta noticia hizo retroceder algo a los Bancos americanos, pero no logró empañar una brillantísima primera semana de octubre.
Los tres grandes ejes sobre los que ha girado la semana son, en primer lugar los datos económicos, en segundo lugar las decisiones y discursos de los Bancos Centrales y en tercer lugar los avances en el tratamiento de los problemas de capital de la banca europea y de forma paralela en la solución de los problemas de la deuda periférica. Vamos a examinar los tres.
Empezando por los datos, tal y como decíamos la semana pasada, hay un claro contraste entre el extremo negativismo que han tenido los mercados en agosto y septiembre, al descontar una severa recesión, y la realidad de los datos que van apareciendo, que no son tan malos. Los ISM publicados, y, sobre todo, el dato de empleo de septiembre en Estados Unidos, con una creación de ciento tres mil nuevos puestos de trabajo, no apuntan a una recesión sino a una etapa de menor crecimiento, pero crecimiento positivo.
En cuanto a los Bancos Centrales esta semana hemos visto una firme voluntad por parte del BCE y del Bank of England de activar de nuevo las soluciones monetarias de urgencia para evitar cualquier sombra de credit crunch. Los mercados han recibido muy bien tanto la nueva quantitative easing del Banco de Inglaterra, por importe de 75.000 millones de libras, como las facilidades de liquidez ofrecidas a los Bancos por el BCE, al anunciar dos subastas a doce y trece meses, una ilimitada financiación en las subastas ordinarias y un programa de compra de bonos hipotecarios. Estas medidas son importantes porque cortan la amenaza, que se había vuelto muy preocupante, de un colapso de liquidez en la banca europea. Sin embargo, son soluciones de urgencia, no de fondo y no podemos volver a engañarnos pensando que con inyectar dinero es suficiente. En otras palabras, la alegría de los mercados está justificada, por el alivio inmediato que suponen las medidas, pero el trabajo pendiente sigue ahí, y hay que seguir haciéndolo.
Esto conecta con el tercer eje de la semana, los avances en la solución simultánea del problema de la deuda periférica y del problema de la capitalización bancaria. Ambos problemas conectan porque al final no se puede reestructurar ni gestionar debidamente esa ingente y en algunos casos (como el griego) impagable deuda acumulada si los Bancos no están preparados para absorber el impacto en sus balances de una reestructuración de la misma. Como la reestructuración es necesaria, de forma inmediata en Grecia y de forma menos perentoria en otras economías y sistemas bancarios, la puesta en marcha de mecanismos de capitalización es urgente. Y ahí es donde se ha avanzado esta pasada semana, con las declaraciones ya muy explícitas de Angela Merkel diciendo que Alemania está preparada para ayudar a sus Bancos, declaraciones reafirmadas en su reunión del domingo 9 con Sarkozy, lo cual marca la pauta a los demás.
Aquí no hablamos ya de suministrar liquidez (eso ya lo hace el BCE) sino de poner sólidos cimientos de capital. Y ahí es donde todo indica que puede haber movimientos en breve. Movimientos que serán por un lado corporativos, como el que vimos el viernes pasado en España con la fusión de Popular y Pastor, y por otro lado de aumento de capital.
Sin embargo, la forma en la que se haga el refuerzo de capital es importante para la evolución de las cotizaciones de los Bancos y todavía no conocemos los detalles. Esta semana hemos visto una lectura positiva por las Bolsas, e incluso la llamada de auxilio de Dexia, que en otro contexto habría sido muy desestabilizadora, se ha tomado bien por los mercados. Hay una sensación de alivio al comprobar que los Gobiernos están decididos a poner dinero, si hiciese falta, para capitalizar a la Banca, y al ver que el BCE va a suministrar cuanta liquidez haga falta. Pero hay que ir viendo como se desarrollan los acontecimientos, si hay o no ampliaciones de capital con descuento, y si hay o no dilución en la entrada de dinero público.
En todo caso, la impresión es buena, y, tras las caídas tan espectaculares del verano, que descontaban la catástrofe total, es lógico que cualquier escenario menos apocalíptico provoque subidas.
Las bases de un nuevo "caso optimista" serían una segunda ronda de saneamiento bancario, una segunda ronda de inyección de liquidez por los Bancos centrales, una continuidad en la política de bajos de tipos de interés, y un proceso abierto de movimientos corporativos, sobre todo en banca pero no sólo en banca. Todo ello en un contexto de crecimiento suave de la economía global, en lugar de recesión. Un crecimiento menor pero de mejor calidad, sin el "doping" fiscal y con menores dosis de ayuda monetaria.
Este escenario, de confirmarse, no estaría exento de turbulencias, tanto a corto como a medio plazo. A corto plazo porque la evolución de la actividad y de los déficits públicos en algunos países europeos, incluido España, puede ser peor de lo previsto de aquí a fin de año. A medio plazo porque cuando lleguen, que llegarán, las subidas de los tipos de interés a largo plazo en el 2012 ó en el 2013 habrá un ajuste del valor de los activos.
Pero de momento estamos en un "rally de alivio", propiciado por los factores antes vistos, y que puede llevar a las Bolsas hacia niveles intermedios como el 1.250 del S&P, el 2.400 del Eurostoxx, el 6.000 del Dax o el 9.500 del Ibex. Son niveles aún muy por debajo de los máximos anuales, pero también alejados de los mínimos de septiembre y acordes con un escenario menos catastrófico que el que han descontado las Bolsas en su pesadilla veraniega.
La calidad del crecimiento importa ahora más que la cantidad del crecimiento. Mejor crecer al 1% sin estímulos artificiales que al 3% con doping, y en la zona euro mejor afrontar los problemas de fondo en lugar de seguir dando la patada hacia delante como se ha hecho hasta julio pasado.
En octubre la verdadera prueba de fuego de las Bolsas va a estar en los resultados empresariales que se empiezan a publicar esta semana, en la que entre otras informarán de sus cifras Alcoa, Pepsico, JP Morgan, Google y, en España, Banesto. Nuestra idea es que por la parte de arriba, es decir, las ventas, no cabe esperar en general muchas alegrías. Hay que fijarse en como las empresas están lidiando con sus costes y sus márgenes, ya que ahí está la clave de las empresas ganadoras en esta dura crisis. Los resultados de este tercer trimestre van a trazar de forma aún más clara la línea entre las compañías que van a salir reforzadas y las que no pasarán el corte de esta crisis que ya empieza a entrar en una fase madura. Por eso las cifras que ahora van a publicar las compañías son interesantes no sólo para fijar la dirección inmediata de las Bolsas a corto plazo sino, además, para elegir bien las empresas que deben formar parte de nuestra cartera y rechazar a aquellas que no acrediten capacidad para adaptarse a los profundos cambios que impone esta crisis darviniana.
Desde un punto de vista técnico lo mas importante de la primera semana de octubre es que se ha confirmado un fuerte soporte en el nivel 1.100 del S&P y a la vez unos soportes relevantes en niveles de 2.100 del Eurostoxx, 5.200 del Dax y 8.300 del Ibex. Ahora el reto es subir esos soportes hacia el 1.150, 8.500, 5.500 y 2.200 respectivamente.
El giro de algunas materias primas como el cobre, que se ha dado espectacularmente la vuelta al alza en las sesiones finales de la semana, y los tipos del bund al 2,01% y del T bond al 2,08%, es decir, de nuevo por encima del 2% nos permiten pensar en una consolidación de las ganancias para esta segunda semana de octubre, sobre todo si las Bolsas asiáticas acompañan.





















