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Emprendedores

Si realizáramos un ejercicio de reflexión sobre emprendedores conocidos, enseguida nos vendrían a la mente nombres como Bill Gates, Steve Jobs, Amancio Ortega, Mark Zuckerberg, Warren Buffett o Enzo Ferrari, a modo de algunos ejemplos de lo que sin duda se transformaría en una larga lista. Por otro lado, si nos remontáramos a la historia, podríamos enumerar a muchos otros, entre los cuales, Alejandro Magno, Julio César, Marco Polo, Cristóbal Colón, Mozart, Miguel Ángel, Isaac Newton, Nikola Tesla, Abraham Lincoln, John Ford, Walt Disney o Alfred Hicthcock por citar sólo unos pocos. También encontraríamos un sinfín de mujeres emprendedoras como Marie Curie, Indira Gandhi, Coco Chanel, Bárbara McClintock, Teresa Gonzalo, Mika Herrera, Elizabeth Arden, Elena Betés, Oprah Winfrey, Beyonce Knowles, o Zhang Xin, enunciando algunas de ellas.

En realidad, descubriremos intrépidos personajes en prácticamente cualquier disciplina desarrollada por el ser humano. Sin embargo, si dejamos a un lado estos individuos de fama y renombre, y nos centramos en ejemplos más cercanos, no tardaremos en darnos cuenta de que estamos rodeados de emprendedores. Los podemos encontrar en las naves y fábricas situadas en polígonos y carreteras, en los pequeños comercios, establecimientos hosteleros y talleres de pueblos y ciudades, en los puertos mercantes y pesqueros, desplazados en países extranjeros, en los despachos de profesionales de toda índole, trabajando desde casa o alquilando espacios de coworking, en los departamentos de investigación de las universidades y hospitales, en las aulas de bachiller, de formación profesional o de la universidad, en las escuelas de negocios… Algunos aún ni lo saben. Otros ya son consolidados empresarios, que un día empezaron su aventura. Muchos están comenzando su proyecto, o a medio camino del mismo. Los emprendedores también fallan y fracasan. Unos lo pierden todo, otros inician proyectos nuevos en su afán de búsqueda del éxito, retribución, reconocimiento y libertad. También existen los que únicamente intentan demostrar o encontrar algo nuevo –teorías, fórmulas, sistemas, productos, etc.-, destinando a ello grandes esfuerzos con vocación, pasión e ilusión, no siempre recompensados. Y por supuesto, todos deben aprender a adaptarse al cambio, a la incertidumbre, al estancamiento y a superar épocas de crisis.

Los emprendedores siempre han sido una parte muy importante del futuro. Muchas veces impulsan el mundo hacia delante y favorecen la innovación, el desarrollo y el progreso. En ocasiones mantienen antiguas tradiciones evitando que desaparezcan. Algunos provocan importantes cambios económicos, sociales y tecnológicos. Otros simplemente consiguen vivir de su trabajo. Unos pocos terminan dirigiendo grandes empresas o corporaciones. Consolidando sus proyectos generan actividad económica, impuestos para el estado y nuevos puestos de trabajo. A cambio en un primer momento, -e incluso durante largo tiempo después-, de pocos derechos, cotizaciones bajas y caras, prestaciones precarias o inexistentes, complicado acceso a la financiación, interminables horas de trabajo, arriesgarlo todo por un proyecto, pagar elevados impuestos, sortear lentas y complicadas trabas burocráticas y una larga lista de inconvenientes conocidos y desconocidos por llegar, los emprendedores siempre intentan conseguir su objetivo, sea cual sea. Son los superhéroes de la realidad. Como decía Peter Drucker: “allí donde hay una empresa de éxito alguien tomó alguna vez una decisión valiente.”

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