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Periodistas

Ni nosotros mismos nos pondríamos de acuerdo a propósito de qué es el periodismo. Es un sacerdocio, este oficio, pero además el termómetro del nivel de libertad de un país. Debiera servir para hacer del mundo un lugar mejor. Se trata de empeñarse en buscar la verdad, de perseverar peligrosos para los poderosos, contando todo aquello que es relevante, mayormente si alguien poderoso pretende que no se sepa. Se trata de enterarse de lo que sucede, verificar la veracidad de lo que te cuentan, escribirla y divulgarla por tierra, mar y aire. No publicar la información cuando se tiene, plegándose, incluso, a un poder empeñado en ocultarla, es como no decir la verdad. O como no salvar a un hombre que está al borde del precipicio. Se trata, en fin, de destapar la verdad para descubrir la mentira. Y vivimos ahora un tiempo de mucha propaganda y poco periodismo. Un presente totalizante y totalitario, que diría Sciascia, que se presenta con tal abundancia e inagotables bienes, y males, de consumo, y generando tal abundancia e inagotables concatenaciones de insatisfacciones, que no deja ningún resquicio a la memoria o se esfuerza por corroerla allí donde sobrevive.

Puede serguir leyendo este artículo en el blog de Melchor Miralles
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