A Murcia no la dejarán ni disolverse
Las comunidades autónomas, cuando amenazan con devolver competencias al Estado, ¿realmente quieren devolver competencias al Estado? No, padre. Las comunidades autónomas, cuando amenazan con extinguirse como comunidades autónomas si el Estado no las financia con más dinero para su sostenimiento, ¿pretenden decir con eso que piensan de verdad dejar de ser comunidades autónomas e implosionar su sistema de poder territorial? No, padre. Se habla por hablar. Hablar de momento no cuesta dinero, y no sólo no cuesta sino que con esas enormidades se pretende obtenerlo.
Por ejemplo, la Comunidad Autónoma de Murcia, cuando decía por boca de algún consejero hace años y ahora exclama por boca de su todavía presidente Valcárcel (quien ya está con un pie en el estribo) que, si no hay financiación justa por parte del Estado, se plantea devolver las competencias de Sanidad o Educación o, incluso, jugándose el todo o nada, se plantea que no haya más Comunidad Autónoma de Murcia, está especulando con algo que en realidad no se ha planteado ni piensa plantearse. Nadie, y el primero el Estado, tiene la más mínima intención de que se devuelvan competencias (las comunidades autónomas se expanden, no se contraen), y reabrir el debate autonómico o incluso geográfico con la autodeflagración controlada de una comunidad autónoma excede en mucho las magras fuerzas de una sola provincia como Murcia. Ni Murcia quiere, ni la dejarían. Sería algo de una enormidad de alcance nacional sólo por debajo de una hipotética segregación periférica de Cataluña. ¡Ahí es nada, reabrir aquél melón -en realidad, fue una melonada más de la defectuosa Transición- del reparto territorial con Murcia absorbida por Andalucía, Castilla La Mancha o la Comunidad Valenciana, o por las tres, y tal y como está ahora el turumaje!
Lo que vendría inmediatamente después de una despedida y cierre de Murcia como comunidad autónoma tendría efectos políticos incalculables: la probabilísima "anschluss" por parte del País Vasco del Condado de Trebiño (así, con b, la escriben los nacionalistas); el resurgimiento de la vieja bandera de un Reino de León independiente y bien lejano de la despreciada Valladolid, o al menos el establecimiento por vía de los hechos de una nueva comunidad más o menos templaria con sede en Ponferrada; la autodisolución también de Almería como provincia andaluza, recordando su voto negativo en la Transición a integrarse en esta Comunidad, etc, etc, etc. Cosas todas que exigirían un proceso constituyente nuevo, completamente improcedente dado el grado de descomposición moral de un país irrecuperable de localismos, si es que no una tutela militar por parte de la Comunidad Europea. Si nadie se puede separar de España así como así, tampoco puede modificar su organización territorial así como así. No está en las manos de Murcia ni siquiera el destruirse a sí misma.
Otra cosa es que ya no se tenga miedo a hablar en público, como ocurría hasta hace poco, de una posible inviabilidad económica de Murcia como comunidad autónoma independiente. Ya se atreve a representárselo hasta un presidente Valcárcel que, para lo que le queda en el convento, no tiene ya ganas de dirigirse a la ciudadanía como si estuviese en el mensaje institucional de Navidad. Si los ingresos de donde quiera que vengan no se recuperan, este de la inviabilidad es en efecto el escenario no ya posible sino irremediable, a muy corto plazo. Pero o llegan los ingresos o se acaba con las prestaciones: el Sistema tratará de hacer cualquier cosa menos sentar el precedente de borrarse del mapa una Autonomía. No nos van a dejar ni tirarnos por el puente.
Otros artículos de José Antonio Martínez-Abarca
Por ejemplo, la Comunidad Autónoma de Murcia, cuando decía por boca de algún consejero hace años y ahora exclama por boca de su todavía presidente Valcárcel (quien ya está con un pie en el estribo) que, si no hay financiación justa por parte del Estado, se plantea devolver las competencias de Sanidad o Educación o, incluso, jugándose el todo o nada, se plantea que no haya más Comunidad Autónoma de Murcia, está especulando con algo que en realidad no se ha planteado ni piensa plantearse. Nadie, y el primero el Estado, tiene la más mínima intención de que se devuelvan competencias (las comunidades autónomas se expanden, no se contraen), y reabrir el debate autonómico o incluso geográfico con la autodeflagración controlada de una comunidad autónoma excede en mucho las magras fuerzas de una sola provincia como Murcia. Ni Murcia quiere, ni la dejarían. Sería algo de una enormidad de alcance nacional sólo por debajo de una hipotética segregación periférica de Cataluña. ¡Ahí es nada, reabrir aquél melón -en realidad, fue una melonada más de la defectuosa Transición- del reparto territorial con Murcia absorbida por Andalucía, Castilla La Mancha o la Comunidad Valenciana, o por las tres, y tal y como está ahora el turumaje!
Lo que vendría inmediatamente después de una despedida y cierre de Murcia como comunidad autónoma tendría efectos políticos incalculables: la probabilísima "anschluss" por parte del País Vasco del Condado de Trebiño (así, con b, la escriben los nacionalistas); el resurgimiento de la vieja bandera de un Reino de León independiente y bien lejano de la despreciada Valladolid, o al menos el establecimiento por vía de los hechos de una nueva comunidad más o menos templaria con sede en Ponferrada; la autodisolución también de Almería como provincia andaluza, recordando su voto negativo en la Transición a integrarse en esta Comunidad, etc, etc, etc. Cosas todas que exigirían un proceso constituyente nuevo, completamente improcedente dado el grado de descomposición moral de un país irrecuperable de localismos, si es que no una tutela militar por parte de la Comunidad Europea. Si nadie se puede separar de España así como así, tampoco puede modificar su organización territorial así como así. No está en las manos de Murcia ni siquiera el destruirse a sí misma.
Otra cosa es que ya no se tenga miedo a hablar en público, como ocurría hasta hace poco, de una posible inviabilidad económica de Murcia como comunidad autónoma independiente. Ya se atreve a representárselo hasta un presidente Valcárcel que, para lo que le queda en el convento, no tiene ya ganas de dirigirse a la ciudadanía como si estuviese en el mensaje institucional de Navidad. Si los ingresos de donde quiera que vengan no se recuperan, este de la inviabilidad es en efecto el escenario no ya posible sino irremediable, a muy corto plazo. Pero o llegan los ingresos o se acaba con las prestaciones: el Sistema tratará de hacer cualquier cosa menos sentar el precedente de borrarse del mapa una Autonomía. No nos van a dejar ni tirarnos por el puente.
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