No pongas tus sucias manos sobre Astérix
Querido Alberto Ruiz-Gallardón:
(¿O tal vez debería llamarte Ruiz-Gallardón Alberto, teniendo en cuenta tu afán por volver del revés las cosas?).
Hay algo que quiero contarte, escúchame bien porque es vital: ¿tú sabías que si se declarara un incendio en mi casa, las dos únicas cosas que salvaría serían mi perra Piña y mi colección de Astérix? ¿No te has parado a pensar por qué Piña se parece, en guapo, sospechosamente a Idéfix? ¿Eres conocedor de que junto a mi puerta, cuelgan dos bolsas de buen paño diseñadas a medida para sostener el peso de mi Piña y mis Astérix y así poder cargarlos cómodamente en caso de que servidora tuviera que salir tocando?
Mira, Alberto, ni tú me caes bien a mí ni yo te caigo bien a ti, pero eso que has hecho está muy feo: no se mezcla la política con lo más sagrado. Sí, no voy a hablarte del aborto porque con la Iglesia hemos topado, voy a hablarte de las aventuras de Astérix, de esa aldea poblada por irreductibles galos que resiste todavía y siempre al invasor.
Has usado un mal ejemplo para arremeter contra el enemigo, porque aquí, querido, el que invade eres tú, pero, dime, Alberto, te han escrito el guión, ¿verdad? No puede ser que tú y yo, que somos tan diferentes, tengamos los mismos gustos. Niégame que tú de pequeño, e incluso ahora, cuando estás triste, te refugiabas del mundo leyendo Astérix sin parar. Si realmente reverenciaras los Astérix como yo, no te hubieras equivocado invirtiendo el nombre del sembrador de cizaña; Perfectus Detritus se llamaba, y no al revés, como tú has dicho.
Mira, Alberto, haz lo que consideres que yo haré lo propio, pero no pongas tus sucias manos sobre Astérix o te juro que serás el primero en desear no haber nacido, lo digo en serio. Todos los días iré a darte una serenata al pie de tu ventana. Te lo advierto, no tengo la fórmula de la poción que da una fuerza sobrehumana, pero canto como Asurancetúrix el bardo.
![[Img #22401]](upload/img/periodico/img_22401.jpg)
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(¿O tal vez debería llamarte Ruiz-Gallardón Alberto, teniendo en cuenta tu afán por volver del revés las cosas?).
Hay algo que quiero contarte, escúchame bien porque es vital: ¿tú sabías que si se declarara un incendio en mi casa, las dos únicas cosas que salvaría serían mi perra Piña y mi colección de Astérix? ¿No te has parado a pensar por qué Piña se parece, en guapo, sospechosamente a Idéfix? ¿Eres conocedor de que junto a mi puerta, cuelgan dos bolsas de buen paño diseñadas a medida para sostener el peso de mi Piña y mis Astérix y así poder cargarlos cómodamente en caso de que servidora tuviera que salir tocando?
Mira, Alberto, ni tú me caes bien a mí ni yo te caigo bien a ti, pero eso que has hecho está muy feo: no se mezcla la política con lo más sagrado. Sí, no voy a hablarte del aborto porque con la Iglesia hemos topado, voy a hablarte de las aventuras de Astérix, de esa aldea poblada por irreductibles galos que resiste todavía y siempre al invasor.
Has usado un mal ejemplo para arremeter contra el enemigo, porque aquí, querido, el que invade eres tú, pero, dime, Alberto, te han escrito el guión, ¿verdad? No puede ser que tú y yo, que somos tan diferentes, tengamos los mismos gustos. Niégame que tú de pequeño, e incluso ahora, cuando estás triste, te refugiabas del mundo leyendo Astérix sin parar. Si realmente reverenciaras los Astérix como yo, no te hubieras equivocado invirtiendo el nombre del sembrador de cizaña; Perfectus Detritus se llamaba, y no al revés, como tú has dicho.
Mira, Alberto, haz lo que consideres que yo haré lo propio, pero no pongas tus sucias manos sobre Astérix o te juro que serás el primero en desear no haber nacido, lo digo en serio. Todos los días iré a darte una serenata al pie de tu ventana. Te lo advierto, no tengo la fórmula de la poción que da una fuerza sobrehumana, pero canto como Asurancetúrix el bardo.
![[Img #22401]](upload/img/periodico/img_22401.jpg)
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