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Opinión | El mirador
Miércoles, 26 de Febrero de 2014
Miguel Galindo

Socialistos

Hace más de un cuarto de siglo empecé mi laaaarga andadura periodística en el diario La Opinión, con el ocaso corrupto de Felipe González. Cuando releo lo que escribí de él entonces, me sonrojo por mi candidez. Ni puto punto de comparación con el nivel de corrupción de hoy en día. Pero él empezó siendo el ejemplo más brillante de aquella nueva e ilusionante izquierda. 'Labiohermoso' lo llamaban, por su turgente morro y por su arrebatada labia. Fue un gran presidente que modernizó una España pacata y timorata, actualizó a un decimonónico Pablo Iglesias, tirando a la basura lo inservible en un renovado socialismo de corte moderno y vital. Lo hizo muy bien… salvo en su final, cuando se enteraba de las corruptelas de sus próximos por los periódicos. Una lástima. Una verdadera pena.

Hoy es un fantasma de su ayer. Pero no de su ayer glorioso, si no de su ayer decadente. Vive como un Luis XV en el cortijo-reino de su poderosa y opípara fundación reservada a su mayor gloria. Aparte sus sabrosas canonjías, como la del grupo Carlos Slim, otra de ellas es el consejo de administración de Gas Natural, donde asiste una vez al mes a una reunión por la que le pagan 127.500 euros netos anuales ( 10.625 € por mes y reunión)… Y aún declara públicamente que se está pensando dejarlo porque se aburre como una ostra – perlada – en ellas. O sea, le pagan por aburrirse. Le pagan por nada. O quizá sí, le paguen por anteriores servicios prestados, no sé… pago en diferido, como diría Cospedal de los suyos.

Pero esto, que venga de un paradigma de la izquierda, de un socialista insigne y punto de referencia, de la más pura gauche divine  históricamente reencarnada, en un país con seis millones de parados, con el 25% de su población en la más cruel pobreza, donde las diferencias entre pobres y ricos son insultantes, es otro insulto añadido a ese desgraciado país… y una indisimulada satisfacción para el capitalismo más reaccionario que él dijo combatir y al que ahora se vende. No se puede servir a dos señores, reza el Evangelio de los necesitados. Y menos aún cuando se es bien pagado por el poderoso. Es cuestión, no ya de coherencia política, si no de coherencia humana.

Y esto es lo que hoy hay. A mí no me perturba que un vicealcalde burgalés diga, por ejemplo, que no se podía esperar que en un barrio obrero (Gamonal) hubiera tantos coches. No. Eso va en la naturaleza de la derecha más arcaica. Es lo suyo. Y es lógico que el topo haga toperas… Pero lo que sí me entristece, y me indigna, es el trasvestismo ideológico. El disfrazarse de lo uno para actuar como lo contrario. O más claro, aprovecharse de unas siglas para arrimarse a los beneficios de las de los rivales. Todo esto es nauseabundo. Pero es lo que está pasando en la actualidad. Que todos son iguales aún con distintos discursos. Y que todos persiguen las prebendas y canonjías del día después. Llámese Europa, llámese delegación en, llámese el puesto que tengo allí…

Así que, por favor, no me hablen más de historias magreadas, no me digan nada. Ya no quiero ser de aquí ni de allá, de nada ni de nadie, porque me dan arcadas. Todo se reduce a la ética y a la estética. Y si estos conceptos son ahora tan altos de alcanzar como imposibles de respetar, al menos que los que presumen de ser lo que son actúen con la coherencia que se espera de ellos. Ya digo, no voy a hablar de los que hacen  lo que se les supone, porque ahí están y son lo que son, pero sí de los Solbes, cobrando de la energética Enel y de la financiera BarclayBank, de las sinecuras trincadas por Zapatero para él y su vicepresidenta, de las Chacones, y las Pajines, de los/las… No hay que buscar el enemigo en las trincheras contrarias, si no en las propias filas. El enemigo somos nosotros mismos. Lo malo, lo peor de todo, es que no nos dé ni asomos de una mínima y elemental vergüenza… A mí, en serio, me da asco.

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