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Opinión |
Martes, 11 de Marzo de 2014

Hubo una vez un sucesor

Las clásicas ironías del Destino, que nunca faltan a su cita, han querido que coincidan, con escaso margen de días, la noticia del sobreseimiento de la imputación del ex político Francisco Marqués en un caso urbanístico que llevaba cinco años en los tribunales y la imputación del político Pedro Antonio Sánchez en otro caso urbanístico, aunque de mucha menor cuantía que el otro. Pedro Antonio Sánchez es, mientras no se diga otra cosa, candidato a la Presidencia de la Región de Murcia, muy apoyado por los cuadros del partido, al menos hasta la última encuesta interna. Francisco Marqués fue en su época lo mismo, candidato a suceder a Valcárcel (bien que "in pectore") y muy querido en el partido, aunque ya nadie se acuerde ni de que lo conoce, empezando por los mismos cuadros de ese partido, que jamás hablan de él. Es la manera que tiene el Destino de recordarnos lo frágil y transitorio de todo, pero particularmente de las lealtades inquebrantables en política. "Sic Transit Marqués mundi".
 
Paco Marqués fue, después de Valcárcel, el hombre al que se creyó de forma bastante mayoritaria en el PP murciano el más dotado para la política, en su tiempo, empezando porque, en efecto, según su coeficiente intelectual entra dentro de la categoría de superdotado. Tenía un carisma arrollador entre la gente sencilla, daba la impresión, entre gente menos sencilla, de estar muy por encima de la gestión diaria y el  "marquesismo" fue una fuerza muy viva hace diez, doce, quince años. Cuando Valcárcel empezó a decir que se iba tras dos legislaturas y aún no se sabía públicamente el efecto que iban a tener sobre él las insistentes peticiones "desde todos los sectores" para que siguiera, Marqués, aunque sin postularse, empezó a moverse en actos del partido. Valcárcel contempló esto con disgusto, aunque no dijo nada. Ni de que se iba, ni de que se quedaba, ni de que se quedaba en medio. Mejor dicho, me dijo a mí una cosa en privado, sin citar a nadie y orientalizando sus ojos más de lo habitual: "he visto a gente pasar con el chándal y las zapatillas puestas, en la carrera por mi sucesión".
 
Valcárcel estimó que las prisas en esa carrera llevaban a salirse de la pista. Así sucedió. Fue una salida ralentizada, por supuesto. El sucesor que ya intuía por entonces que no iba a ser sucesor ascendió a Delegado del Gobierno, justo antes de que el 11-M de 2004 cambiara el signo del Gobierno y acabara con la salida de Marqués a la política nacional. Volvió a una consejería, la que se ocupaba de ordenar medioambientalmente el que entonces se presumía "boom" turístico (es decir, urbanístico). Pero Paco ya se sabía de retirada. En Pekín me confesó, en 2006, que iba a estar mucho mejor fuera de cualquier labor pública y que al llegar a España aceptaría una oferta directiva de una gran empresa farmacéutica. Luego vino la famosa imputación que ahora se ha sobreseído. En la empresa admiraban sinceramente su labor, y lo sostuvieron contra las opiniones de que sus cuitas procesales daban mala imagen a la corporación. Una vez entró a comisaría esposado, bajo pena de telediario, y pasó la noche en el calabozo conteniéndose las ganas de cagar porque debía estar acompañado permanentemente. Con la presión de la opinión pública, en la empresa se creyeron obligados a sugerirle una salida amistosa.
 
Por entonces su teléfono ya no sonaba. Ni siquiera lo llamaban quienes habían sido sus íntimos durante muchos años. Y no creo que mucha gente que decía tenerlo en los altares ya lo reconociera por la calle. El hombre más jaleado del PP regional, después de Valcárcel, el llamado oficiosamente a la sucesión era ahora un desconocido, pero tengo la alarmante impresión de que no era por estar imputado, sino sencillamente porque ya no estaba de moda. Porque ya no era un tipo importante. Sin más. De hecho, él mismo cambió incluso físicamente. El dolor continuado hace otro al hombre, como si él mismo no se hubiese tampoco conocido.
 
Cuando por casualidad me lo encontraba por la calle, me decía con una como timidez que años antes resultaría impensable: "tenemos que quedar pero de verdad, llámame mañana, sin falta". Supongo que ya todo el mundo le decía sin cruzar desde la otra acera lo de a ver si un dia hacemos el ánimo y nos tomamos un café, Paco. La última vez que lo vi dormía en los cajeros automáticos, cuando iba por españa de transeúnte, en bici, y estaba agradecido de que lo dejaran trabajar a las cinco de la mañana en un pequeño cebadero de cerdos por la zona de Cartagena.
 
La peripecia vital de Marqués contiene una moraleja para todos aquellos que, estos días, están recibiendo los parabienes, apoyos y declaraciones "desde el corazón" de los cuadros del partido. Todo cambia en cuestión de horas. Con imputaciones o sin ellas. Parafraseando a Oscar Wilde, la diferencia entre una lealtad política eterna y un capricho momentáneo es que el segundo dura mucho más tiempo. Vamos, lo que ocurre en cualquier partido. Y cualquier grupo humano. Pasa hasta en las mejores familias. Es muy probable que ni siquiera Marqués, en los últimos años, tenga presente quién fue.

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