Cada vez son más los expertos que critican la inmovilidad del BCE
La inflación o, mejor dicho, la práctica ausencia de inflación en Europa, mantiene en vilo a las autoridades comunitarias, pero no solo a ellas, pues también el Fondo Monetario Internacional y la OCDE han expresado su inquietud por el bajo crecimiento de los precios.
El mandato del Banco Central Europeo es mantener la estabilidad de los precios con una inflación por debajo pero cercana al 2%, pero la tasa en marzo bajó dos décimas, hasta el 0,5%.
El discurso oficial intenta ser tranquilizador y habla de que no hay peligro de deflación, y que la actual evolución de los precios no indica que la Unión vaya a entrar en un proceso deflacionario próximamente.
Sin embargo, el anuncio del Banco Central Europeo de que existe unanimidad en su Consejo de Gobierno sobre la conveniencia de usar medidas no convencionales en caso necesario para evitar el riesgo de deflación ha sido acogido con satisfacción.
El vicepresidente europeo Antonio Tajani ha valorado el pronunciamiento de Mario Draghi, presidente del BCE, si bien ha afirmado que esta institución podría hacer mucho más con unas "reglas más anchas".
En manos del BCE está la posibilidad de comprar deuda en los mercados o de gravar los depósitos que le confían las instituciones financieras, algunas de las llamadas medidas no convencionales.
Cada vez son más los expertos que critican la inmovilidad del BCE, que suele tardar más que otros bancos centrales, como la Reserva Federal o el Banco de Japón, en tomar medidas para afrontar los problemas económicos. Claro que ellos no tienen enfrente al Bundesbank ni al Tribunal Constitucional alemán.
El Banco Central ha efectuado ya simulaciones para calcular el efecto que tendría en la inflación una gran compra de activos de deuda, bien sea pública o privada. Despacio, pero parece que va dando pasos.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, está también entre quienes opinan que el BCE tiene margen para una política monetaria más expansiva para alcanzar la estabilidad de precios en la UE.
Lagarde ha advertido esta semana que una inflación baja es un obstáculo a la consolidación del crecimiento a corto plazo y por tanto a la creación de empleo, porque puede ralentizar la demanda y la producción.
También la OCDE ha alertado de que los riesgos de deflación han crecido y que pueden intensificarse si la actividad económica continúa siendo débil en la eurozona.
La próxima semana se celebra en Washington la Asamblea de Primavera del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial y con ese motivo el FMI presentará sus nuevas perspectivas sobre crecimiento mundial y, por tanto, de Europa.
No sería de extrañar que el nuevo informe de previsiones insista en las palabras de Lagarde y haga hincapié en que la UE podría tener dificultades en dinamizar su crecimiento si el BCE no toma medidas, ya sean las habituales de política monetaria o no convencionales.
El informe mundial de perspectivas también incluirá previsiones de España, sobre la que probablemente eleve sus pronósticos de crecimiento para los próximos ejercicios.
Así lo han hecho al menos en las últimas semanas numerosas instituciones y analistas, que hablan de incrementos del PIB del entorno del 1,2% para este ejercicio. Incluso el propio Gobierno ha dicho que mejorará su previsión en breve.
Habrá que esperar al martes para ver qué opina el FMI.
El mandato del Banco Central Europeo es mantener la estabilidad de los precios con una inflación por debajo pero cercana al 2%, pero la tasa en marzo bajó dos décimas, hasta el 0,5%.
El discurso oficial intenta ser tranquilizador y habla de que no hay peligro de deflación, y que la actual evolución de los precios no indica que la Unión vaya a entrar en un proceso deflacionario próximamente.
Sin embargo, el anuncio del Banco Central Europeo de que existe unanimidad en su Consejo de Gobierno sobre la conveniencia de usar medidas no convencionales en caso necesario para evitar el riesgo de deflación ha sido acogido con satisfacción.
El vicepresidente europeo Antonio Tajani ha valorado el pronunciamiento de Mario Draghi, presidente del BCE, si bien ha afirmado que esta institución podría hacer mucho más con unas "reglas más anchas".
En manos del BCE está la posibilidad de comprar deuda en los mercados o de gravar los depósitos que le confían las instituciones financieras, algunas de las llamadas medidas no convencionales.
Cada vez son más los expertos que critican la inmovilidad del BCE, que suele tardar más que otros bancos centrales, como la Reserva Federal o el Banco de Japón, en tomar medidas para afrontar los problemas económicos. Claro que ellos no tienen enfrente al Bundesbank ni al Tribunal Constitucional alemán.
El Banco Central ha efectuado ya simulaciones para calcular el efecto que tendría en la inflación una gran compra de activos de deuda, bien sea pública o privada. Despacio, pero parece que va dando pasos.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, está también entre quienes opinan que el BCE tiene margen para una política monetaria más expansiva para alcanzar la estabilidad de precios en la UE.
Lagarde ha advertido esta semana que una inflación baja es un obstáculo a la consolidación del crecimiento a corto plazo y por tanto a la creación de empleo, porque puede ralentizar la demanda y la producción.
También la OCDE ha alertado de que los riesgos de deflación han crecido y que pueden intensificarse si la actividad económica continúa siendo débil en la eurozona.
La próxima semana se celebra en Washington la Asamblea de Primavera del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial y con ese motivo el FMI presentará sus nuevas perspectivas sobre crecimiento mundial y, por tanto, de Europa.
No sería de extrañar que el nuevo informe de previsiones insista en las palabras de Lagarde y haga hincapié en que la UE podría tener dificultades en dinamizar su crecimiento si el BCE no toma medidas, ya sean las habituales de política monetaria o no convencionales.
El informe mundial de perspectivas también incluirá previsiones de España, sobre la que probablemente eleve sus pronósticos de crecimiento para los próximos ejercicios.
Así lo han hecho al menos en las últimas semanas numerosas instituciones y analistas, que hablan de incrementos del PIB del entorno del 1,2% para este ejercicio. Incluso el propio Gobierno ha dicho que mejorará su previsión en breve.
Habrá que esperar al martes para ver qué opina el FMI.




