CAM… balache, un tango mediterráneo
“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor... generoso o estafador”... El tango del Cam...balache retumba de costa a costa. “Que falta de respeto, qué atropello a la razón. Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón...”. Un tango que suena a tongo, y que tantos bailamos al son de otros.
Lo confieso: desde hace muchos años, quizá demasiados, soy un ingenuo impositor de la CAM, un pequeño e insignificante impositor, perdido en la masa. Cuántos como yo -o usted- confiaron en una institución que decía ser alicantina y murciana a la vez; a la que no ha mucho tiempo se calificaba de ejemplar, y cuya obra social, según se admitía con contumacia, constituía un paradigma para propios y extraños. ¿Qué nos queda ahora? Ya sin base ni banco, sin prestigio ni mucho menos beneficio, con pérdidas escandalosas y decisiones mucho más escandalosas todavía, la CAM afronta el principio de su fin, convertida, “en lo peor de lo peor”, tal y como la describía un autista gobernador del Banco de España, que ni se enteraba de nada, ni dejaba que nadie se enterara.
Dos mil ochocientos millones después, nos encontramos con una entidad sin fondos, y con unos directivos adinerados e innumerables y camaleónicos dilemas, que se resolverán en una subasta al mejor postor. Siete son siete las entidades que pujarán por los despojos de nuestra caja: Caixa Bank, Santander, BBVA, Banco Sabadell. Barclays, Ibercaja y el fondo norteamericano J. C. Flowers. Pero, tras la eurocumbre de Bruselas del pasado miércoles, también este destino se hace harto incierto para una CAM que no sabe dónde reposarán sus restos: la exigencia de mayor capitalización a entidades como el Santander, BBVA o CaixaBank, dejan en entredicho su entrada en la subasta. En cualquier caso, el 24 de noviembre será la fecha clave. A partir de entonces, Frob y Banco de España dispondrán de una semana para decidir quién guiará los destinos de una institución centenaria, que tenía a gala ser la cuarta caja de España y que se deslizaba por el mundo de la ingeniería financiera como artista patinadora sobre el hielo, haciendo piruetas, cabriolas y vistosos saltos mortales. La caída sólo era cuestión de tiempo... o de suerte. Ya no les queda ni lo uno ni lo otro. Se han roto metafóricamente las narices, pero se han llenado los bolsillos ya de no metáforas sino de dinero contante y sonante. Y Modesto Crespo, su ex presidente, dice orgulloso que tiene la conciencia muy tranquila.
Tan tranquila como la de la directora general, Mª Dolores Amorós, que fue despedida a finales de septiembre por los nuevos administradores de la intervenida CAM bajo la acusación de “buscar el beneficio propio, falsear las cuentas y realizar una gestión deficiente”. La pobre recibía un escuálido sueldo anual de 593.040 euros por su pesado cargo, de tantos esfuerzos y denuedos. Ella aún argumenta con británica flema que las retribuciones de su puesto fueron acordadas por los órganos competentes “con años de antelación” a su nombramiento. Por si fuera poco, o las cosas se torcieran -que bien sabían los de la CAM que se podían torcer en cualquier momento- el comité de dirección intentó garantizarse unas jubilaciones de oro, con un seguro de casi 58 millones, póliza que suscribieron en 2007 para percibir hasta 370.000 euros anuales per cápita. Pero sin ahondar más en la herida, sólo las prejubilaciones de cinco de sus más cualificados directivos ya costaron unos 13 millones del ala. Imagínense la cara de estupefacción que se les ha debido quedar a los pequeños inversores, que tienen bloqueados sus ahorros ante la imposibilidad de vender las afamadas participaciones preferentes.
Es de admirar, no obstante, el mágico desfase entre los supuestos beneficios de la entidad en marzo (39,8 millones) y las pérdidas de julio (1.136 millones). Quizá la explicación se halle en la generosa política de retribuciones de la caja alicantino-murciana, que permitía a sus ejecutivos endulzar sus boyantes sueldos con un plus por objetivos... Para mayor escarnio, CAJA MEDITERRANEO cerró el primer semestre con una morosidad del 19%. Esta hemorragia ha precisado de un crédito de 3.000 millones de euros con el fin proporcionarle liquidez a una entidad agonizante. Ya ven 2.800 millones por un lado, tres mil por otro, prejubilaciones millonarias, créditos blandos, conciencias tranquilas y caras pétreas... Más lo que venga...
Empero, he aquí que ante la sucesión de reveses que han amenazado su retiro de lujo, la ex directora general no ha tenido más remedio que apuntarse, como todo hijo de vecino, al paro. Vienen tiempos difíciles para ella; no sabemos muy bien cómo podrá ingeniárselas con 1.400 euros al mes, quien ha estado acostumbrada a vivir entre dorados oropeles, quien ha hecho de la ostentación una necesidad. Su pensión vitalicia de casi 370.000 euros anuales está en peligro; si bien ella no se resigna, de momento, recurrirá su despido y exigirá su reincorporación a la entidad, amén de una indemnización por daños a su imagen.
Mientras tanto, los gestores de la extinta CAM suspenden las cestas de Navidad y los regalos de Reyes; qué gran trauma para nuestra desalmada sociedad. Ya ni nos estremece que la agencia de 'descalificación' Moody's haya situado a Banco CAM como BFSR, inglesas siglas que significan lo peor de lo peor. Miren ustedes por dónde, al final, las apreciaciones de Fernández Ordóñez han dado por una vez en la diana. El ‘bono basura’ de Banco CAM simboliza, con toda crudeza, la descarnada endeblez de una maltrecha entidad, manifiestamente incapaz de cumplir sus compromisos. Como manifiestamente incapaces se muestran nuestros políticos: a buenas horas, señorías de las mangas verdes de las Cortes Valencianas, crean una comisión de investigación sobre los arcanos de la CAM. Qué ironía...
Lo confieso: desde hace muchos años, quizá demasiados, soy un ingenuo impositor de la CAM, un pequeño e insignificante impositor, perdido en la masa. Cuántos como yo -o usted- confiaron en una institución que decía ser alicantina y murciana a la vez; a la que no ha mucho tiempo se calificaba de ejemplar, y cuya obra social, según se admitía con contumacia, constituía un paradigma para propios y extraños. ¿Qué nos queda ahora? Ya sin base ni banco, sin prestigio ni mucho menos beneficio, con pérdidas escandalosas y decisiones mucho más escandalosas todavía, la CAM afronta el principio de su fin, convertida, “en lo peor de lo peor”, tal y como la describía un autista gobernador del Banco de España, que ni se enteraba de nada, ni dejaba que nadie se enterara.
Dos mil ochocientos millones después, nos encontramos con una entidad sin fondos, y con unos directivos adinerados e innumerables y camaleónicos dilemas, que se resolverán en una subasta al mejor postor. Siete son siete las entidades que pujarán por los despojos de nuestra caja: Caixa Bank, Santander, BBVA, Banco Sabadell. Barclays, Ibercaja y el fondo norteamericano J. C. Flowers. Pero, tras la eurocumbre de Bruselas del pasado miércoles, también este destino se hace harto incierto para una CAM que no sabe dónde reposarán sus restos: la exigencia de mayor capitalización a entidades como el Santander, BBVA o CaixaBank, dejan en entredicho su entrada en la subasta. En cualquier caso, el 24 de noviembre será la fecha clave. A partir de entonces, Frob y Banco de España dispondrán de una semana para decidir quién guiará los destinos de una institución centenaria, que tenía a gala ser la cuarta caja de España y que se deslizaba por el mundo de la ingeniería financiera como artista patinadora sobre el hielo, haciendo piruetas, cabriolas y vistosos saltos mortales. La caída sólo era cuestión de tiempo... o de suerte. Ya no les queda ni lo uno ni lo otro. Se han roto metafóricamente las narices, pero se han llenado los bolsillos ya de no metáforas sino de dinero contante y sonante. Y Modesto Crespo, su ex presidente, dice orgulloso que tiene la conciencia muy tranquila.
Tan tranquila como la de la directora general, Mª Dolores Amorós, que fue despedida a finales de septiembre por los nuevos administradores de la intervenida CAM bajo la acusación de “buscar el beneficio propio, falsear las cuentas y realizar una gestión deficiente”. La pobre recibía un escuálido sueldo anual de 593.040 euros por su pesado cargo, de tantos esfuerzos y denuedos. Ella aún argumenta con británica flema que las retribuciones de su puesto fueron acordadas por los órganos competentes “con años de antelación” a su nombramiento. Por si fuera poco, o las cosas se torcieran -que bien sabían los de la CAM que se podían torcer en cualquier momento- el comité de dirección intentó garantizarse unas jubilaciones de oro, con un seguro de casi 58 millones, póliza que suscribieron en 2007 para percibir hasta 370.000 euros anuales per cápita. Pero sin ahondar más en la herida, sólo las prejubilaciones de cinco de sus más cualificados directivos ya costaron unos 13 millones del ala. Imagínense la cara de estupefacción que se les ha debido quedar a los pequeños inversores, que tienen bloqueados sus ahorros ante la imposibilidad de vender las afamadas participaciones preferentes.
Es de admirar, no obstante, el mágico desfase entre los supuestos beneficios de la entidad en marzo (39,8 millones) y las pérdidas de julio (1.136 millones). Quizá la explicación se halle en la generosa política de retribuciones de la caja alicantino-murciana, que permitía a sus ejecutivos endulzar sus boyantes sueldos con un plus por objetivos... Para mayor escarnio, CAJA MEDITERRANEO cerró el primer semestre con una morosidad del 19%. Esta hemorragia ha precisado de un crédito de 3.000 millones de euros con el fin proporcionarle liquidez a una entidad agonizante. Ya ven 2.800 millones por un lado, tres mil por otro, prejubilaciones millonarias, créditos blandos, conciencias tranquilas y caras pétreas... Más lo que venga...
Empero, he aquí que ante la sucesión de reveses que han amenazado su retiro de lujo, la ex directora general no ha tenido más remedio que apuntarse, como todo hijo de vecino, al paro. Vienen tiempos difíciles para ella; no sabemos muy bien cómo podrá ingeniárselas con 1.400 euros al mes, quien ha estado acostumbrada a vivir entre dorados oropeles, quien ha hecho de la ostentación una necesidad. Su pensión vitalicia de casi 370.000 euros anuales está en peligro; si bien ella no se resigna, de momento, recurrirá su despido y exigirá su reincorporación a la entidad, amén de una indemnización por daños a su imagen.
Mientras tanto, los gestores de la extinta CAM suspenden las cestas de Navidad y los regalos de Reyes; qué gran trauma para nuestra desalmada sociedad. Ya ni nos estremece que la agencia de 'descalificación' Moody's haya situado a Banco CAM como BFSR, inglesas siglas que significan lo peor de lo peor. Miren ustedes por dónde, al final, las apreciaciones de Fernández Ordóñez han dado por una vez en la diana. El ‘bono basura’ de Banco CAM simboliza, con toda crudeza, la descarnada endeblez de una maltrecha entidad, manifiestamente incapaz de cumplir sus compromisos. Como manifiestamente incapaces se muestran nuestros políticos: a buenas horas, señorías de las mangas verdes de las Cortes Valencianas, crean una comisión de investigación sobre los arcanos de la CAM. Qué ironía...





















