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Opinión |
Jueves, 08 de Mayo de 2014

De contenedor de basura a casa de envergadura

La artista norteamericana Christine Finley, opina que el mercado del arte se ha quedado anticuado a más no poder y apuesta porque el arte salga a la calle, para que esté disponible para todo el mundo; si a ello se le suma su preocupación por el medio ambiente, se obtiene como resultado unos contenedores de basura empapelados, elegantes y aristocráticos, bonitos a rabiar.

 

Este proyecto para embellecer el planeta, ya ha cruzado el charco y se encuentra en Europa, donde su última intervención ha tenido lugar en Roma. En la Ciudad Eterna, ha colaborado en la campaña “No al vandalismo” promocionada por la asociación ReTake Roma.

 

ReTake Roma, aclara en su página web www.retakeroma.com que ellos no están en contra de las manifestaciones artísticas callejeras, siempre y cuando éstas sean consentidas, pero están cansados de pegatinas, graffitis y basuras que, de forma indiscriminada, afean la ciudad, por lo que están dedicando todo su esfuerzo a realizar limpiezas vecinales que incluyen el borrado de las pintadas en las paredes. Defienden que “de hecho, promueven la expresión artística legítima alentando a artistas con talento para promover su trabajo en lugares públicos, tales como: persianas de escaparates y otros lugares públicos y privados, previa autorización”. Y como el movimiento se demuestra andando, han llamado a Finley.

 

En cuanto la dejen libre hay que traérsela para España. No sé si es cosa mía, pero transito mucho por mi ciudad y tengo la sensación de que cada vez hay menos pintadas en las paredes, -lo atribuyo a que ya no hay dinero ni para spray-, en su lugar, lo que abundan son personas que, al caer la noche, empiezan a salir y entrar de los contenedores de basura del mismo modo que servidora entra y sale de su casa.

 

Sacas al perro para que haga su último pis de la jornada y allí están ellos, ordenando su contendor, reciclando unas cosas y descartando otras, poniendo al día su casa de noche, una casa sucia y llena de chorretones, ¿no sería mejor llamar a Finley para que parezca que, en España, hasta los pobres viven como ricachones?

 

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